P s i c o m u s i c o t e r a p i a

F u n d a m e n t o s

L a   S e n s i b i l i d a d   E d u c a d a

U n   A c e r c a m i e n t o   a l   A l m a   H u m a n a

Nuestra conducta es la evidencia de la relación entre nuestra vida interior y nuestra vida exterior. En cuanto a nuestra vida interior, es el reflejo de la arquitectura individual, que está conformada por la geografía innata, nuestro aprendizaje, así como nuestra herencia ideológica, familiar, social y cultural. Al hacer evidente la vida interior, la conducta se vuelve movimiento y como tal se manifiesta instintiva, perceptiva, verbal, visual, auditiva, y además de táctil y gustativa, reflexiva. Conoce el ritmo de nuestro cuerpo, acaricia nuestros afectos, nuestros amores profundos y también los epidérmicos, sabe de nuestros miedos, mueve nuestra voluntad e impulsa nuestra sexualidad. Así se conforma la vida interior, la cual conocemos como nuestro mundo emocional y afectivo.

El medio ambiente que nos rodea es nuestro entorno. Es el mundo exterior, producto de su propia geometría, conformado de rituales, arquetipos y estructuras creadas por individuos y sociedades que lo fundamentan y lo sustentan. Antes de interactuar con nosotros, posee vida propia basada en quehaceres cotidianos y modelos de sobrevivencia, a los cuales tenemos la decisión de inscribirnos a ellos o no. Este mundo exterior se encuentra de igual manera en estado de movimiento continuo, y por lo tanto nuestra participación en él puede ser casual o permanente, ya que evoluciona y se transforma al lado de nosotros.

¿Qué es la sensibilidad?. Es nuestra capacidad de sentir. Es por una parte la suma de conexiones tangibles pertenecientes a nuestro sistema nervioso central por las cuales reacciona nuestro ser sensible y motor, parte fundamental de nuestro cuerpo. Por otro lado, es el conjunto de fibras intangibles que entrelazan los pensamientos con las emociones y los afectos, por las cuales dialogan nuestras estructuras informáticas con nuestra riqueza emocional y afectiva. Esta geografía individual  se complementa  con nuestro mundo espiritual, energía relevante de nuestra anatomía sensible. 

Paralelamente, la sensibilidad emprende día a día su búsqueda y vínculo con el mundo exterior, el cual se presenta en permanente sinergia. Es ahí donde en algunas ocasiones la sensibilidad peligra o se manifiesta en riesgo.

¿Conocemos nuestra sensibilidad?. Algunos la conocemos bien, trabajamos con ella, es nuestro insumo cotidiano. Para otros la sensibilidad es tema intocable porque consideran que no es parte de su estirpe. Hay algunos que nunca han oído hablar de ella y otros la conocen pero no saben que hacer con ella. En muchos casos la sensibilidad está herida o dañada por vivencias circunstanciales que se han ido adquiriendo y acumulando a lo largo de la vida, o en ocasiones, éste daño puede ser desde el origen, es decir, ocurrir en los primeros instantes de la vida. 

Si hablamos de psicología, arte, filosofía o humanidades entre muchas otras cosas, estamos hablando de sensibilidad. ¿Porqué educarla?. Porque es la retórica constante de la búsqueda del ser interior y la convivencia con su entorno exterior. Es el recurso que nos proporciona la posibilidad de separar nuestros afectos de los conocimientos adquiridos, conducir los miedos e inseguridades con mayor exactitud y limpieza emocional, y así individualizar al ser interior desarrollando aptitudes conocidas y otras por conocer. Hay que enaltecer la sensibilidad, trabajar con ella, descubrirla, labrarla, desenmascararla, desmitificarla, repararla y también blindarla. Así tenemos un mejor ejercicio de la integridad del ser en todo su conjunto y a su vez en la diferenciación de cada una de sus partes. A mayor blindaje de la sensibilidad mejor conducción en nuestros actos y quehaceres cotidianos.

Por otro lado, la musicoterapia es una técnica de apoyo en el tratamiento del psicoanálisis muy antigua y probada. Junto con otros estudios sobre el tema apuntan a reafirmar el poder curativo de la música. El uso de la música como vía terapéutica es tan antiguo como el hombre mismo. Ya en los papiros médicos egipcios del año 1500 A.C., hay evidencias de su valor para resolver asuntos relacionados con la fertilidad femenina. Pero fueron los griegos quienes consideraron la música con criterio científico, al utilizarla como agente terapéutico. De hecho Pitágoras, filósofo griego, recomendaba cantar y tocar algún instrumento musical a diario para extraer del organismo emociones nocivas como el miedo, las ansiedad y la rabia.

La Psicomusicoterapia a través del método "La Sensibilidad Educada" en conjunto con musicoterapia, nos permite descubrir cuales son las causas, razones y explicaciones originales de los modelos individuales; fortalece al molde sistémico sensible, que es el que en la mayoría de los casos desvía, traduce o reprime las situaciones vividas más complejas. Sentimos de muchas maneras; cuando es placentero el sentir tendemos a no tener problema, pero cuando sentir duele, se sufre, y es entonces donde se impone la veracidad de los hechos, dando paso a nutrir o en su defecto, a enviciar nuestros recursos personales. Si aprendemos a sentir, si educamos nuestra sensibilidad, nos ayudamos en el camino de la tolerancia al dolor sensible, y es en ese espacio donde tenemos la oportunidad de desarrollar nuestra capacidad a no endosar, sino encausar creativamente nuestros más complejos sentimientos y así enaltecer nuestras almas.

Expresar nuestra sensibilidad es abrir nuestra conciencia, cuidar nuestro cuerpo, aprender a observar, desarrollar nuestras capacidades, descubrir y recuperar el amor propio y desde esa perspectiva construir una jerarquía adecuada de como amar a los demás. Es habilitar mecanismos que nos pertenecen, que nos hacen únicos; es el acto en sí mismo que manifiesta indeleble a nuestro ser que es irrepetible y autónomo, y más aún, si los lazos sensibles entre las áreas emocionales y racionales conviven de manera adecuada y a su vez con el entorno exterior. He ahí la fuerza del alma humana, que es la que nos mueve y nos conmueve, la que hace de nosotros una especie única, distinta y ejemplar, por la cual tenemos que cuidarnos como individuos, como familias, como sociedad, entre culturas y civilizaciones. Educar la sensibilidad es cuidar ese fino detalle entre lo efímero y lo terrenal, que hace de nuestras almas el eje conductual, nutrido de cada detalle de nuestra propia existencia.

Darián Stavans.

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