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D e s - S i n c r o n í a s

Debo confesar que desde hace tiempo atrás he venido reflexionando acerca de las des-sincronías de la vida, y es hasta ahora que me siento a escribir. Seguramente esto se debe a que recién me atreví a sentirlas, y desde esa perspectiva, estoy aprendiendo a vivir su forma, su simple complejidad...

Todo en la vida es una des-sincronía. Podría dar un par de ejemplos o miles para explicar los detalles epidérmicos y profundos que sobre ello acontecen. Citaré algunos que me resuenan, que me significan algo, aunque reitero que no es ni el prólogo de varios volúmenes casi bíblicos donde poder extender ampliamente lo que sostengo.

El simple hecho de existir es una des-sincronía. Nuestros procesos internos se manifiestan des-sincrónicos. El diálogo entre lo racional y lo emocional, junto con lo afectivo, confirman la falta de paralelismo en su desenvolvimiento... De niños somos dependientes y vulnerables, lo que convierte a la infancia en una des-sincronía con la generación que nos precede. Adolescentes y jóvenes estamos sobre dotados de pasión pero nos falta técnica y conocimiento. De adultos conocemos demás técnicas pero nos baja la pasión. Siendo adultos mayores existen hegemonías entre las partes, pero el cansancio vital desequilibra cualquier intento o intención. El resultado, la des-sincronía perfecta.

Si personalmente somos des-sincrónicos, la evidencia de las relaciones humanas resulta tantito peor… jeje. Lo que para uno es una cualidad o un defecto, para el otro es una característica. Los ritmos cognitivos, físicos, emocionales, racionales, sexuales y afectivos entre cada uno de nosotros, se dibujan claramente distintos. He ahí el “lavadero” o el “chisme”. Nos nutre criticar a los demás porque a través de ello reafirmamos nuestras diferencias y a su vez nos burlamos o envidiamos la carencia o la sobra que vemos en los demás... Cuando para uno algo le es importante, el otro ni siquiera lo ve. Cuando nos piden perdón (si es que sucede), hemos elaborado tanto la circunstancia que pasa casi desapercibido y nos da exactamente igual, dejando volando al otro con su quehacer, su inquietud y su sentir. Si somos padres, ya que logramos establecer un lenguaje de contacto con los hijos, nos cambian sus edades y una vez que éstas se estabilizan, resulta que ya se van. La visión de los abuelos apenas roza a la de sus hijos, y con sus nietos, mejor cosquillas les hacen antes de siquiera tratar de entender por dónde entrarle. Nuevamente el resultado, la des-sincronía vital.

Cuando abordamos el tema a través de la comunicación y sus diversos lenguajes y formas de expresión, el asunto se vuelve un clásico… Unos hablan sintéticamente, de forma asertiva y directa, hoscos un poco, cuando otros lo hacemos de forma reflexiva y desdoblada. Unos resultan tan relajados que hasta parecería que la vida ni los toca cuando otros se expresan tan histéricamente que pareciera que tienen chinches en las nalgas. Algunos nos comunicamos con gracia, coquetos, medio Juniors, y quien está siendo receptor lo considera hasta agresivo, ya que su pragmatismo permea su forma de ser... La comunicación es como un acordeón… Se abre, toma aire, se expresa, se comprime, saca el aire y se expresa de nuevo... Nadie sabe dónde quedó la bolita, ni el principio ni el final de la mata… La des-sincronía, nuevamente.

Porqué entonces buscamos la sincronía y etiquetamos erróneamente a ser des-sincrónicos, cuando en realidad éste es el modelo existencial por excelencia ? Será que soy el único en sufrir éste paradigma o más bien obedece a hábitos mal entendidos por generaciones y generaciones ?

Tengo la respuesta – Estamos construidos de dos mundos internos que cohabitan entre sí (des-sincrónicamente por supuesto… jeje), nuestro mundo ideal y nuestra realidad vital. En el mundo ideal todo es sincrónico, armonioso, un rico apapacho… Está pleno de sueños e ilusiones. Los que podemos, lo convertimos en arte, ya que poseemos el oficio; otros lo manifiestan metafísicamente, religiosamente,  es su recurso de expresión. En éste universo caben todas las fantasías, mitos, arquetipos, expectativas propias y ajenas, es el mundo de la imaginación. Un lenguaje meditativo que acaricia el alma, nos centra en el umbral del “supuesto” y como tal lo gozamos y lo manoseamos por su potencial idílico que tiene al contacto espiritual. Parece casi intocable... Le hemos llamado “felicidad”, equivocadamente. Es impredecible, impalpable, inconsistente e inconscientemente colectivo, atemporal.

En contraposición, día a día nos sorprende la realidad vital, des-sincrónica, confrontante, dolorosa, tiene picos, nada parece engranar, todo choca, es potente, poderosa, es posible, con identidades precisas, difícil pero cuando fácil es deliciosa, incómoda aunque a ratos se antoja, todo se enfrenta, se basa en conflictos, en crecimiento y productividad, en responsabilidad, derechos y obligaciones. Las respuestas dejan un algo así como - “no me convence por completo pero que le vamos a hacer”… Nos preguntamos de nuevo. Concluímos inconclusos. Va de nuevo... -- Esto es la “felicidad”, la “realización”, el “ya la hice…” Es un espectro sublime de seguridad. Ésta seguridad insegura, que arroja nitidez comparada con alguna caricia efímera de aquel mundo ideal... Aquí, aquí labramos y dejamos huella, dejamos el alma y el esfuerzo de por medio, y se nos va la vida en tratar de comprender. De pronto volteamos y cuando menos nos damos cuenta lo hecho está y está bien hecho, y mal hecho también. Redefinimos nuevamente, inconformes. Nos sentimos incómodos, pero cómodos también... Eternamente…

Hay que cambiar el “chip”. Las des-sincronías son las sincronías perfectas y el nicho donde enraizar y edificar. Así sentimos, vivimos, convivimos y nos comunicamos... Lo demás… lo demás... es un Romance.

Lo sé. Ahora que lees éste texto, si estás de acuerdo con lo que digo, estarás redefiniendo las des-sincronías a las que éstas palabras te evocan… De lo contrario, si eres de los que no están de acuerdo, iniciaremos un dilema des-sincrónico con lo aquí descrito, por lo que de igual manera… me estarás dando la razón...

Darián Stavans.

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P l a n e s  y  R e c u e r d o s

La vida es un viaje. Nacemos (quien ch… sabe de donde venimos), crecemos, nos reproducimos y nos vamos (quien ch... sabe a donde). Esto de existir es un misterio. Parece que le entendemos a la cosa pero en realidad no entendemos nada. Días y días de figurar ideas, moldear situaciones, redefinir y reescribir, decir lo que ya tantas veces se ha dicho, argumentar lo que no queremos aceptar y lo que nos tiene atados, al miedo, a la incertidumbre, al… que voy a saber a qué. Nos volvemos a sentar a plantearnos las cosas, organizamos ejercicios comerciales, sociales, familiares, culturales. En el fondo, todo el tiempo estamos planeando.

Esto de planear es una lucha constante de identidades, de las múltiples caras que tiene la moneda. Parecería que los planes traslucen una batalla entre el universo de la ficción, las fantasías, la ilusión y la esperanza, contra lo tangible, los hechos contundentes, la cruda realidad tan cruda como es la realidad. Y empezamos de nuevo. De hecho nunca paramos, no nos detenemos porque la inercia misma de planear las cosas no nos lo permite. Es lo que nos tiene vivos, creativos y como dicen por ahí, coleando. El simple hecho de sentir que podemos planear nos da seguridad y sentido de vida.

Así transcurre el viaje existencial. Y cada plan se logra para el propósito que fue planteado. Hay planes mal trazados que acaban mal, planes exitosos que obedecen a su buen origen, planes que destellan de más por azar y planes que iban bien pero que los imponderables del sendero los mermó. Hay también otros planes, los no planeados, que nos agarran por sorpresa y que nos obligan a tomar al toro por los cuernos para librarla, indexar esa contundencia a nuestra bitácora y así sumarla a los tantos planes que van escribiendo la historia, el cuento de nuestra travesía.

Todos los planes terminan en historias y de historias queda hecha nuestra memoria. Nuestro propio método científico está basado en la autocrítica que tenemos al hilar esas experiencias y así poder planear cada vez mejor para que el resultado de éstos desemboque en el mejor escenario posible. El plan entonces se convierte en historia y ésta la aplicamos de nuevo para volver a planear. Si las cosas salen bien dejan huellas gratas, si las cosas salen mal dejan heridas. Si aquellos planes llevan afecto y resultan bien, nos retribuyen amor, si salen mal dejan dolor. Al planear con dinero si resulta para bien, nos deja más dinero y confianza, si sale mal nos deja en la bancarrota y con el autoestima por los suelos.

En éste descorrer los telones que tiene el viaje por la vida nos percatamos que nuestro tono emocional, dependiendo de la edad que tenemos, determina de forma casi absoluta nuestra manera de planear. De niños prácticamente no planeamos, lo hacen por nosotros. De adolescentes el entorno hormonal dispersa mucho nuestra capacidad objetiva de planear. Yo diría que empezamos a planear en nuestra temprana juventud que es cuando comenzamos a tener conciencia de nuestra existencia... De jóvenes estamos llenos de pasión pero nos falta la técnica. De maduros tenemos la técnica pero nos falta la pasión, y de viejos prácticamente ya no planeamos, vivimos de recuerdos…

Parecería que es la mente la que se encarga de hacer éste fino ritual. A veces creemos que las emociones o los amores dibujan el camino de éste diálogo silencioso, pero a decir verdad es nuestro cuerpo quien lo determina. No en vano tantas veces nos dicen por ahí… ya no cargues tanto peso, suelta las cosas, te va a hacer daño tanto stress, ya verás que el cuerpo no aguanta… Es cierto, nuestro cuerpo es quien dicta el estado de ésta balanza entre planear y recordar.

El abuelo está sentado en su jardín viendo a lo lejos un bello atardecer entre las cálidas montañas. Llega su nieto apenas un chamaco de siete años a pedirle que le aviente la pelota. El abuelo lo hace y ve como el niño se incorpora con sus demás primitos a seguir jugando. A su lado derecho está otro de sus nietos ya grandecito besando apasionadamente a su novia, haciendo planes idílicos de cuando se casen, que casa van a tener y cuantos hijos tendrán. Más cerca de él a su lado izquierdo está uno de sus hijos en una mesa con unos amigos, uno de ellos su socio, calculando cautelosamente estrategias de mercado. Este, su hijo, de vez en vez enfrascado con la plática voltea a ver a su padre, el abuelo, y le sube con dudas una ceja, el abuelo le responde con una mirada tierna. De pronto entra a la escena la abuela, sale de dentro de la casa y le trae a su marido una taza de chocolate, caliente. Se sienta, lo besa y disfruta junto a él tan hermoso ocaso. Mira alrededor, a los miembros de su familia, se ve a si misma y le dice al abuelo… como dice el Libro de Eclesiastés… vanidad de vanidades… no hay nada nuevo bajo el sol…

Vivimos de planes y recuerdos. Entre más jóvenes más planeamos, entre más viejos más recordamos. Nunca dejamos de planear ni tampoco de recordar. Es la energía o el cansancio corporal lo que determina la ecuación. No hay edades ni tiempos para esto. Cada quien su historia… La sabiduría, la sabiduría de éste romance… está en aquella mirada tierna, y sabia del abuelo…

Darián Stavans.

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C u a n t a  P a s i ó n

La pasión nos aplasta si se cumple y nos aplasta si no se cumple también... Este concepto determina el destino y el camino, está ligado a cada acción, permea nuestros actos y forma a las personas, a nosotros y a las otras,  quienes nos acompañan de la mano... por el sendero de la vida.

La pasión es la gasolina que echa a andar la maquinaria. Esta a su vez está construida por varias partes y hay que verla con lupa para entenderla mejor. Solemos decir a manera imprecisa, que la pasión habita sólo en las emociones y en los afectos. A decir verdad no es así. La pasión es el estímulo que enciende al movimiento y forma una mancuerna perfecta con la jerarquía de necesidades que mueven los intereses que tenemos por las cosas. Estos, junto con los gustos y las inclinaciones dejan entrever nuestro temperamento y traslucen la personalidad, narrando apasionadamente el dibujo del carácter y nuestro perfil vital.

Es importante medir la dosis de pasión que le vertimos a las cosas, ya que de eso depende el éxito o el fracaso de las mismas. En el aspecto intelectual tiene gran reverberación ya que si saturas el desdoblamiento de las ideas, da igual que quedarse al margen de ellas, siquiera ni tocarlas. Es como el ejemplo del parlanchín o del pseudo intelectual, difícilmente lo soportas, como al igual hablar con alguien que parece una roca, ya sea por ignorancia, necedad u otro factor, la retroalimentación carece de pasión y como tal, asfixia.

En el mundo emocional sucede algo similar. Hay que cuidar la pasión con la que lo miramos, o seremos anzuelos de nuestra propia condición. Al miedo, a la alegría, al rencor, al dolor, a todos los motivos de la vida emocional, hay que cuidar el ángulo visual y el dosificador con el que vertimos de pasión cada paso que les damos. Si no es así, precipitamos las historias, y un ostensible equívoco manejo pasional. Aquello terminará en crisis y sentencia, que clamará auxilio urgente al escenario pasional, para asistir con precaución cada aspecto ahí vivido.

En el amor, cuan difícil la pasión. Cual será la cantidad exacta que necesitamos para poder amar con cautela, con certeza ? . La pasión se confunde con el amor dando la impresión que son valores uniformes, casi uno es el otro cuando en realidad no lo son. Una cosa es amar y otra cosa es hacerlo con prudencia. Si apostamos todas las cartas al amor, lo dotamos de exceso de pasión y de paso nos fregamos. Si amamos sin pasión es peor, es como acariciar una rodilla y sentir nada, o casi nada…

Hacer el amor es un acto de pasión, contiene la cantidad exacta y da como resultado un evento de placer. El sexo como tal es un acto de violencia, instintivo y animal, pero en nosotros los humanos contiene una sobredosis de pasión, desvirtúa el encuentro amoroso y acaba aquello en un desastre.

Cuanta pasión se necesita para que la vida esté llena de pasión ? . Cual es la medida exacta que las cosas merecen para ser dignas y creativas ? . Es complicado y el estado de movimiento lo complica peor. Lo que si es un hecho es que vida sin pasión es la parálisis total, y vida con derroche de pasión es obscura, incongruente, torpe y confusa. Es tarea difícil esto de revisar la pasión que a diario le ponemos a las cosas, un escaneo que estamos obligados a cumplir. De lo contrario la vida termina ahogada y sofocada, falla, por falta o por exceso de pasión.

La pasión nos aplasta si se cumple y nos aplasta si no se cumple también... El concepto es tan apasionado que solo un texto frío y calculado como éste lo equilibra. Seguro estoy de ésto que afirmo, que si no fuese así... ya ni letras aquí, existirían...

Darián Stavans.

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Y a  L o  S u p e r é

Al convivir y conversar, a menudo salen a relucir en las pláticas, frases que son comunes de escuchar… Ya lo superé… Le está costando mucho trabajo pero alguna vez lo va a superar… Es difícil que lo supere porque no se quiere dar cuenta… De alguna manera lo niega, lo que pasa es que inconscientemente le da miedo superarlo, etc...

El “superar” las cosas tiene mucho de confusión. Seguramente alguien puso de moda la palabrita y pulula por ahí ya desde hace rato y no deja de escucharse. Es frecuente oírla por todos lados, entre los miembros de la familia, la conversación entre los “chavos” y bueno en los restaurantes, a kilómetros de distancia, nunca deja de sonar la famosa frase… “ya lo superé…”.

Insisto en que tiene mucho de confusión porque la palabra en si no dice nada. Superar… Que es eso ?  . Super ni palabra es en el castellano auténtico, es mas bien un cacho de palabra que con imaginación pudiera significar algo así como poner algo encima de otra cosa, es también como sinónimo de fuerza derivado de un “spanglish” como super-man. Se acostumbra usarla para ir a la tienda de autoservicio ya que muchas de éstas llevan de nombre alguna combinación de letras extrañas que colocan por ahí en medio de ellas la palabra “super”, y alguna otra explicación excéntrica que algunos que la utilizan le quieren dar, inclusive el decir que algo está increíble, es decir que está “super”.

En cualquiera que sea su uso o su aplicación, superar me da una sensación vertical, como ascendente, algo así como ir escalando pedestales o peldaños y avanzar de forma constante e infinita en una historia sin fin. Sin embargo su uso frecuente es cuando la gente la utiliza como reflejo de abordar alguna situación, o en su defecto no haber podido hacerlo. En charlas de cafecitos, el chisme entre novios, parejas maduras o en entrevistas con el psicoanalista es casi inevitable escucharla, con esa determinación, reflejando alguna circunstancia dificultosa ya librada, o la frustración de ver que el otro no logra “zafarse” de alguna de ellas.  

Las cosas no se “superan”… se “resuelven”… Superar pertenece a un lenguaje especulativo, impreciso e intangible, argumenta. Resolver es un recurso terrenal, técnico, tangible y comprobable. Resolver es vivir, poner inventiva e imaginación para solucionar determinada circunstancia. Superar es sobrevivir, es irla llevando…

Cada vocablo no nada más refleja la esencia precisa de su concepto, sino también trasluce la escuadra misma de quien la usa.

Parece más clara ahora la aplicación de las palabras. Los que resolvemos, utilizamos las ideas, acercándonos al miedo y al cambio que ello significa y como resultado de la búsqueda a manera de remuneración está el “resolver”... Somos los líderes del grupo… Los que superan, obedecen a sus conductas aprendidas, repiten esquemas sin acercarse ni al miedo ni a las ideas ni al cambio, y su remuneración al final es vivir de ladito, argumentar y lavarse el coco diciéndose a si mismos que “superaron” las cosas... Son sardinas escurridizas…

Si sigues superando vas a llegar muy alto, al cielo, y de dónde te vas a agarrar ?... Si resuelves vas a llegar muy bajo, al piso, pero en realidad habrás trascendido la historia, perteneces ya de manera automática al mundo de los cielos...

Superaste o Resolviste ?... Tienes dudas ?...  Valdría la pena echarle una nueva y detenida leidita al texto…

Darián Stavans.

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D e j a  q u e  T e  C o n o z c a

 

Eso de conocerse a si mismo es otra frase banal. Una más que se suma a las tantas otras que decoran pósters con diseños románticos y que suelen enmarcar paredes de retiros espirituales, correos electrónicos que recorren el ciberespacio, o charlas que a menudo escuchamos entre varias participantes del comité de madres durante el recreo de alguna entrevista escolar. Llevo años dándole vueltas a la matraca y apenas y veo luces de lo que significa conocerse a si mismo.

Nada existe en uno sin los demás. Por lo menos eso sabemos. El simple hecho de pararnos frente al otro da un contraste y como resultado del encuentro, una diferencia. Vemos al otro y nos vemos a nosotros, somos distintos y eso nos distingue. Así caminamos y nos encontramos con otros y de nuevo nos distingue la diferencia. Atamos cabos, la diferenciación define y a manera de confirmación nos va dando identidad.

Este ejercicio lo realizamos de manera constante y en la mayoría de los casos sin darnos cuenta. Cuando criticamos o chismeamos (el lavadero pues), lo que en realidad buscamos es el punto de comparación y como consecuencia la diferencia. ¡ Ya oíste… el otro es así… ¡ Qué crees… le sucedió esto o aquello… Buscamos protección en la respuesta. El que al otro le pase algo es o porque queremos que nunca nos pase o porque envidiamos a montones que nos suceda. De paso nos define y también da identidad.

Imaginar la tarea de conocernos en su totalidad es algo que aterraría a cualquiera. Es imposible hacerlo. Conocer qué ? .  Nuestra psique, nuestras emociones, nuestros afectos ? . Pero como hacerle si están siempre en estado de movimiento. Conocer qué ? . Lo innato o lo aprendido. Lo innato es inconsciente e intuitivo y si queremos domarlo con la mente, nos falla, las acciones son automáticas, pisan la logística de las ideas. Lo aprendido… que horror…! , luchamos todo el tiempo por despegarnos lo que nos adhirieron y que no nos gusta, quedarnos con lo que si nos significa y una vez logrado…, cambiamos de edad y ya se movió la cosa de nuevo y de paso la identidad.

Todos tenemos una parte despersonalizada, la que diplomáticamente discursa. Gracias a Dios que existe, sería de locos echar la carga completa en cada saludo social que paso a paso hacemos en el deambular cotidiano. Entonces el otro ve a uno y nosotros sabemos del otro, me refiero a la verdad real y a la percibida cuando suceden los encuentros. Quien nos conoce más ?. El otro que recibió el digerido colado de nuestro impacto vital o nosotros que habitamos en el laberinto de la identidad ? .

No hay forma de conocerse a si mismo al ciento por ciento. Es un error plantearlo y envolverse en la tarea de realizarlo. Somos lo que somos y no hay forma de cambiarlo. Tenemos solo el chance de depurar nuestra condición o de enviciar el proyecto. Conocerse a si mismo es algo tan complejo como cargar la historia de la humanidad completa. Cuando defines, algo ya se movió. Cuando atas cabos siempre dejas algo suelto. La identidad es multifacética porque somos hijos de alguien, amigos de éstos y aquellos, padres o madres de los hijos, nietos de aquel… A quien conoces o pretendes dominar, si es tan versátil lo cosa.

La huella digital es lo único nuestro, indeleble. Ahí nada se filtra, ni los “yos”, ni los “otros”, ni el tiempos con sus inclemencias. Te sirve de algo saberlo o mas bien a los demás conocerlo ? .

Hay que creer en algo y defenderlo. Si después cambias tendrás que defenderlo otra vez . Haz lo que te gusta. Siéntate a contemplar un bello paisaje y date a ti mismo un rato de goce. De conocerte a ti mismo, olvídalo, no pierdas tu tiempo… Haz bien tu trabajo. Los demás se encargarán de juzgarlo y al hacerlo, te darán tu identidad…     

Darián Stavans.

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M i  C i e l o

 

Cuando pedimos por nosotros a manera personal o en rituales religiosos en cualquiera de sus versiones que son en las que creemos, estamos acostumbrados a mirar hacia arriba. Lo aprendimos por imitación, viendo a nuestros padres, tíos o abuelos rezar o realizar actos de fe, y lo que se nos grabó es la idea de la súplica expresada en una línea vertical ascendente. Ya sea juntando las manos a la altura del pecho y mirando hacia arriba, ya sea hincados suplicando y mirando hacia arriba o diciendo palabras y mirando hacia arriba…

Los recintos religiosos y sus congregaciones realizan rituales pidiendo clamor a símbolos que se encuentran en un pedestal más elevado de donde nos encontramos. Los símbolos tienden a ser más grandes que uno y en ocasiones hasta se multiplican. En algunas religiones los símbolos no existen y la súplica se da a manera de introspección pidiendo sosiego a la superioridad que de forma automática imaginamos infinita, creadora del universo, etc…

Aparece El Cielo... Ante ésta petición cualquier cielo es perfecto. Hay cielos serenos y transparentes, obscuros y terroríficos. Existen inspiradores y meditativos, abiertos o cerrados, lluviosos y nublados, azules, blancos y de tantos colores, como un prisma. No nos importa, cualquier cielo es bueno. Entre más recorremos el mundo más cielos descubrimos y más peticiones le hacemos, lo miramos, oramos en silencio, y pedimos hacia arriba… por nuestro bien…

Pero de donde ch… sacamos esto de ver al cielo para realizar actos de fe ? Porqué no miramos de frente, o a lado ?. Porqué no miramos hacia abajo que sería como bastante más lógico ya que es la tierra que pisamos y por simple sentido de gravedad nos da seguridad ? . A nadie se le ha ocurrido rezarle a la tierra, casi pedirle a las hormigas que salven nuestras almas y calmen nuestro dolor ?. Porqué, porqué hacia arriba ?. Qué tiene el cielo de atractivo que se convierte en fuerza magnética, cuando simplemente es un espacio infinito, es caer al vacío, a la eternidad. Porqué ahí encontramos la seguridad buscada, el oasis que calma ésta carga interior ? .

La respuesta es Freudiana. Es pura aritmética y un asunto de instinto, supervivencia y protección. De niños buscamos a un ser mayor en edad y en tamaño para que calme nuestras necesidades. Ya sea la madre con su alimento, el padre tomándonos una foto cotidiana o el abuelo que nos enseña los monumentos urbanos. En la escuela es la maestra o la directora, (la que nos cae bien, no el ogro) la que nos salva de la manada, acaricia nuestra espalda y con un dulce pañuelo borra las lágrimas que se deslizan tiernamente por las mejillas. El hermano mayor ayuda al menor. El primogénito de los primos resuelve con un buen discurso y organiza al equipo que se encuentra en caos… Hay miles de ejemplos pero siempre es un ser mayor, en tamaño y edad.

Al volvernos adultos se homogeneiza la cosa y ya no hay a quien buscar para satisfacer aquella propuesta aprendida. De jóvenes la pasión descalifica la cátedra que dan los padres maduros, y los adultos mayores están débiles y distan de poder representar algún ícono lo suficientemente sólido como para venerarlo y como tal santificarlo. El juicio adulto además nos impide objetividad ya que sabemos lo imperfectos que somos y conocemos “los trapitos” escondidos que los demás esconden.

Que nos queda entonces como reminiscencia de aquel aprendizaje infantil de buscar calma en alguien mayor ?... Mirar al cielo… y crear de éste al ser supremo que posee la fuerza de ser poderoso y que es infinito, en cualquier parte que estemos, cualquier color o forma que lo distinga, será infinito, siendo garantía palpable, la prueba fehaciente que nunca nada ni nadie será tan grandioso como él…

La realidad es que no nos quedó de otra. No nos queda más que el cielo como elemento protector el cual podemos dimensionar a la medida de las necesidades. Como es abstracto se controla solo y al hacerlo, lo hacemos nuestro… El cielo es hermoso... Posee inducción y evocación para adentrarnos en los pensamientos… Resolverá algo ?. Quien sabe… Creo que más bien somos nosotros quienes resolvemos a través de él, pero su imagen sublime, pura y transparente, ayuda.

A mí en lo personal me gusta el piso. La ley de gravedad me da seguridad y me resuelve el sentido vital… Pero debo admitir que alguna vez mirando un atardecer en la playa, concentrando mis pensamientos en el trazo del horizonte mirando como el sol desaparecía del cielo… un cangrejo salió debajo de la arena, se subió a mi pie izquierdo y salí en pánico corriendo de ahí.

Creo que por deducción y por definición me sigo quedando con El Cielo… como todos los demás…

Darián Stavans.

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S e g u n d a  O p i n i ó n

 

La cultura occidental promueve la idea de una segunda opinión. Casi de cajón y a manera institucional, ya viene de tiempo atrás el que esto se aplique a circunstancias que tienen que ver con la salud. Está tan desarrollado éste concepto, que hasta los seguros de gastos médicos tienen coberturas adicionales para segundas opiniones en caso que sea necesario. También se ha puesto de moda segundas opiniones (el famoso counseling) con expertos económicos, abogados, financieros y también entre otras cosas, orientación educativa y vocacional.

A decir verdad esto de las segundas opiniones por más que se ponga de moda, es un marketing para un tipo de personas, con temperamentos específicos y maneras de pensar con un perfil determinado. Hay otras que prefieren ser inmediatistas, no son “clientes” para ese “mercado”, y prefieren quedarse con el primer conocimiento que les nace y por impulso cerrar el tema en cuestión.

El concepto de la segunda opinión puede ser un laberinto espantoso, ya que si la primera es insatisfactoria, la segunda será igual, ya que no complementa las carencias que tiene la primera, sino que es planteada desde otro ángulo que ve la misma circunstancia. Entonces se va por otra opinión al sentir insuficientes las dos primeras. Esta se convierte de nuevo en segunda, porque las dos primeras están ya unidas en un conflicto in-saciado, y ésta tercera (en realidad segunda) trae otra óptica distinta la cual dista en aportar riqueza al dilema, más bien alimenta el hambre de respuesta.

Las cosas en la vida tienen muchos ángulos de cómo verlas, abordarlas y ponderarlas. Son tantos que me atrevería a decir que llegan a ser infinitos, además que al combinarlos dan opciones adicionales. Una circunstancia de entrada puede verse racional, emocional o afectivamente, pero una vez adentro, se abren puertas indomables. Aparece la económica, la del confort, la estructural, si dañas involuntariamente a terceros, si por el contrario beneficias y no es tu voluntad hacerlo, etc…

Añadamos a lo anterior el hecho que somos seres sociales. Este escenario complica aún más la circunstancia. Muchas veces en las relaciones, se opta por la segunda opinión ya que se torna difícil el ponerse de acuerdo, dados los temperamentos distintos de las personales involucradas, provocando cortos circuitos, al ver uno por su lado y el otro por el otro. Cada quien cree tener la mejor respuesta y presume que su experiencia se lo ha demostrado. Comienza así la guerra de poder. Quien tiene la mejor opinión ? . Se dan los empujones, se arrastran las palabras, entran en conflicto los lenguajes, las peleas por lo acertivo asustan… y al final... se enfrían las cosas, baja el calor y de vuelta al principio.

Como describo al comienzo del texto, hay dos tipos de personas, las que se quedan con la primera opinión, y las que le entran al laberinto de la segunda... No es mi intención defender ni rechazar ninguna. Conciente estoy que ambas conductas existen y sacian el carácter de las personas que las circunscriben... Lo importante es resolver… De manera radical aunque por falta de prudencia generemos problemas… En contraposición, desdoblando el conocimiento, ponderando las cosas de mil formas diferentes, corriendo el riesgo de caer en el laberinto que nos está atrapando…

Tomar decisiones, con primeras, segundas o mil opiniones, es complicado. No he conocido a nadie que las tome sin sentirse así como que están al sesenta o al setenta por ciento. Incómodos estamos al tomarlas, teniendo fe que serán las mejores. Hay que hacerlo, es importante, porque si no lo hacemos, alguien más lo hará por nosotros…

Cualquiera de los planteamientos aquí citados son certeros y a la vez limitantes. Pero… hazlo, actúa... Si no pones orden…, Te lo ponen…  

Darián Stavans.

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L a  P a l a b r a

 

Hace poco comprendí el verdadero poder que tiene la palabra. Desde años atrás he pensado en ello pero nunca como ahora vencí el lograr quitar el antifaz que no me permitía darle su justa medida y sus tiempos exactos, comprender como es que la palabra canta, ríe, llora, expresa poder, presencia, inseguridad y también alivia las penas más profundas. Así como la música es el alimento de mi alma, la palabra es su multifacética radiografía y su más sublime locución.

Tanto se ha dicho de la palabra que saldría casi sobrando éste texto. Sin embargo tanto para mí como para la palabra misma es necesario que lo escriba, ya que casi puedo decir que tengo pactado con ella algo más de lo que el común denominador de las personas tiene. Para los demás la palabra es casi automática en todas y cada una de las secuencias. Para mí es distinto, hay que cuidarla, bendecirla y protegerla, estar vigilando cada una de sus sílabas y su fraseo, darle sus tiempos exactos, darle aire, cuidar bien los silencios que la abrigan, para que no entorpezca y relate entonces mi verdadero sentir.

Tengo con la palabra un largo romance. En ocasiones me ha hecho sufrir, y es que lo ha hecho porque la he descuidado. En otras latitudes me ha ayudado a traducir lo que dicen mis entrañas. Es honesta, mucho más honesta que yo, y deja entrever al hombre que existe dentro y que a ratos proyecta torpeza y dolor. En sus mejores momentos es cuando se convierte en mi aliada y me describe tal cual soy, fuerte y valiente, reflexivo, defiende a toda costa sus fronteras, su moral.

Ay… la palabra, vuela en el aire como palomas al viento y dice lo que dice, dice lo que siempre dice…

Apenas hoy domino la palabra, cincuenta años de haberla utilizado. Parecería hasta incomprensible, casi injusto con ella que haya tardado tanto tiempo en comprenderla y venerarla, en respetarla. Perdón, soy sincero, no supe como. Hasta ahora descubro que tal vez se trataba de tiempo, el mismo tiempo que ahora le doy a cada palabra para que ésta se exprese mejor, para que a sus anchas diga lo que sienta sin tenerme de enemigo entorpeciendo cada paso a sus andares, sus pausas, su aliento…

Ya iré entendiendo poco a poco lo que es darle su justa dimensión, algo que para otros parecería casi un paisaje rutinario, el atardecer del día. Digo parecería porque no he conversado del tema con muchos para los cuales creo que la palabra les es un amigo leal. Tal vez lo sea, tal vez no. Para mi reitero es un acto de amor, darle a la palabra su justa medida, honrar su presencia y proporcionarle la nítida expresión que necesita para reflejar lo que a gritos clama, lo que me está pidiendo. Perdón… nuevamente perdón… juro ser fiel de ahora en adelante, respetar los tiempos y las formas que necesitas, ya que agradezco tanto lo que me has dado, lo que has hecho por mí y lo torpe, lo sé, que involuntariamente he sido.

Nací cantando... Primero canté y después usé la palabra. Es por ello que se creó éste triángulo amoroso. Te dejé al final y aunque a ratos sentí que me la cobrabas, ahora entiendo más bien que fué un reclamo, una petición para darte un lugar en mi vida, el que mereces, para comunicar lo que con otros recursos por “default” me sale. Gracias mil, gracias mil por esperar… Créeme, nunca te descuidaré, no temas, te daré siempre tu lugar, velaré por ti… Como un padre lo hace por su hijo…

Honraré, honraré siempre Tu Palabra… Gracias, gracias mil… 

Darián Stavans.

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C u a n d o  T e  E n a m o r a s

 

Cuando eras chiquito(a) te dijeron que eras lo máximo !... y te lo creíste… Qué tragedia… Cuando eras chiquito(a) te dijeron que eras débil, tonto(a), un(a) pendejo(a)… y te la creíste… Qué desgracia. Te dijeron que eras diferente, o que si no hacías esto o lo otro te iban a dejar de querer… y te la creíste… Que triste… Te ha salido carísimo pagar la cuenta a través de los años para tratar de demostrar o pelear contra aquello que creíste… Si sigues así nunca vas a acabar por pagarlo, a ver quien te para… Donde está tu autoestima ?. Cual es tu identidad ?. Es la que tú quieres creer que sea o la que los demás quieren que tú creas que sea…

He escuchado historias como estas toda mi vida. La humanidad entera está hecha de esto, de lo que nos quisieron hacer creer cuando éramos pequeños y nos lo creímos. Y después… a rendir cuentas y cargar en la espalda la penitencia de la voluntad ajena, del deseo oculto del otro, su frustración convertida en anhelo, éste, puesto en nosotros… Aquí estamos de mensos duro y dale toda la vida tratando de saciar esa flecha que nos clavaron, esa tarea que nos insertaron, y siempre nos enfrascamos. La verdad es que nos movieron la identidad, no nos preguntaron, nos obligaron a cumplir sin pedirnos permiso. Vaya… hasta el nombre nos pusieron, nos guste o no.

Decidí nombrar éste texto “Cuando Te Enamoras” porque se vuelve un idilio amoroso. Una vez que emprendemos el camino por la vida después de habernos creído lo que nos dijeron, caemos profundamente enamorados de aquello que creemos y tenemos que cumplir. Entonces inicia el romance, el romance entre el yo, el super yo, con el mundo y contra de él. Somos capaces de vender el alma al diablo, hacer absurdos, vivir en condiciones extremas con tal de pisar los escenarios que dan luz y color a las demostraciones dramáticas y audaces de nuestra conquista. Aún así seguimos insatisfechos para darle de nuevo al romance… Qué necios…

Eso de habernos creído lo que nos dijeron le pasa a todo mundo, se convierte en la parte flaca de nosotros, el talón de Aquiles, tu parte vulnerable, en donde constantemente crees estar en círculos virtuosos pero en realidad estas en viciosos. Lo que sucede es que es un espejismo, y por más ficticio que parezca, está adherido a tu sangre, a la identidad que te inventaron y además, amarraron el ancla al fondo del mar para que no te muevas de ahí y cumplas, porque ese es el deseo del otro, de quien te lo dijo, no el tuyo. Y si sufres… pues muy tu asunto, hay que cumplir…

Es la tragedia de la humanidad !... Algunos nos damos cuenta y le paramos, otros se dan cuenta pero le siguen… eternamente, porque pararlo sería el acto de mayor traición, ya deja a quien te sembró el problema, sería la peor traición a la identidad que te crearon, y si la sueltas…, uuuy… crees que caes al vacío. La mayoría nunca lo hace, prefieren vivir así toda la vida aunque implique el peor de los sufrimientos.

Para los que si la libramos, se abre el sendero de la libertad, complicado claro, reescribir la historia y la identidad, pero al caminar y caminar dentro de ese andar de aparentes vacíos, vértigos y nuevas identidades voluntarias, hay una meta que nos echa su luz , nos jala desde lejos, nos está esperando. Ven, ven para acá, es un imán, corremos, tropezamos, iniciamos de nuevo, retomamos, redefinimos, volvemos a correr… y por fin llegamos. Nos reciben ahí, es un espejo para vernos a nosotros mismos, a quien realmente queremos ver, por quien hemos trabajado tanto, vemos al yo que forjamos y definimos. El otro ni se ve, se quedó a la mitad del camino. Ganamos la batalla…

Este espejo que nos da la bienvenida lleva grabado un par de frases representativas del ser que logramos ser. Dice… Solo con dignidad existo… Quien desee compartir conmigo la vida tendrá que acatar mi código de ética y mi voluntad… Ese es el único universo que existe para mí… Si no estás de acuerdo, puedes retirarte libremente…

Gente de excelencia como el Dr. Sigmund Freud lo dice… “Infancia es destino”. Gente sencilla y cotidiana con intuición y conocimiento de las cosas lo traduce en dichos populares… “Si es para ti aunque te quites y si no aunque te pongas”… No cabe duda que el destino es un gran romance. Puede estar lleno de drama, luces y escenografía. Igual puede no… Si te dicen que eres lo máximo, si te dicen que eres un(a) pendejo(a), que eres diferente o si te dicen que si desobedeces te van a dejar de querer… jeje, no te la creas. Si te la crees lucharás hasta el cansancio y no llegarás a nada créeme… Si no te la crees es mucho mejor, aunque no seas ni lo máximo ni lo mínimo, y seas del montón…

Psss… aquí en secreto… Tu bien sabes que eso de ser del montón, no es cierto… no te la creas...

Darián Stavans.

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C r e e  e n  T í

 

Esto de creer en ti mismo me parece un concepto trivial que puedes encontrar en pósters con un bonito diseño pegados en los pizarrones de universidades, en la entrada de un gimnasio o bien de manera recurrente escucharlo en la mesa de al lado en restaurantes y charlas de cafecito social. Es como el padrecito que nos dice… Ayúdate a ti mismo que Dios te Ayudará. Creer en uno mismo, al igual que tener fe, es algo mucho más complejo que un simple consejo de este tipo. Tan es así, que generalmente cuando nos lo dicen, levantamos la ceja y nos vamos con el mismo rostro con el que llegamos.

Si nos va bien ni siquiera pasa por nuestra mente el plantearnos éste acto de esperanza. Estamos ocupados con el virtuosismo que nos acontece que a ratos si nos descuidamos, hasta la humildad se esconde y la prepotencia impone. Qué vamos a acordarnos en esos momentos de cosas tan absurdas como creer en nosotros, si los demás se están encargando de hacerlo al dejar girar los engranes de la viabilidad de las cosas. Ni tiempo nos damos de rezarle al santito, hasta se nos olvida que esos rituales existen a la par de vivir el grato momento.

Creer en nosotros mismos es complicado ya que desde que llegamos al mundo pertenecemos a sistemas en donde más allá de nuestra voluntad estamos indexados. Son familiares, sociales, culturales, económicos, geográficos y de toda índole, trabajan a la par en nuestro andar. Imagina entonces estar en éste escenario y creer en ti, pedir por uno en esos momentos de desesperación, es tan absurdo como pedir por cien mil personas a la vez, además de sumarle a éstas, los azares e imponderables que de por si tiene la vida.

Hablando de fe sucede algo similar o peor. Es como tratar de controlar y comprobar a través de métodos tangibles, lo intangible. El acto de fe se convierte más bien en una escena de desesperanza ante la impotencia de poder creer que podemos dominar el resultado, de verdad nunca sale como lo pedimos. A veces es mejor, a veces peor… jeje, generalmente es peor. Entonces viene el debate de nuevo entre el laberinto del deseo y el abrigo de la fe, que vuelve a decepcionarnos y de paso devaluarnos.

Como resolver éste dilema ?. Habrá una forma de satisfacer ese sentimiento de ruptura y de desesperación cuando uno se encuentra clamando justicia en momentos delicados ?. A decir verdad creo que no es posible, no por lo menos dentro de un lenguaje ecuacional, en donde la causa y el efecto puedan verse como agua cristalina y comprobar científicamente que el problema se resuelve. No es así, nunca sucede así. Tendremos la pasión y la voluntad de hacer las cosas pero el acto de fe no termina por completar el círculo deseado.

No hay que creer en un mismo para creer en uno mismo. Es una paradoja que asusta. Debemos plantear las cosas y dejar que los otros “yos” en los demás sistemas accionen sus palancas. En pocas palabras, si hacemos bien nuestro trabajo y nos publicitamos adecuadamente, las oportunidades vienen cuando los otros nos necesitan. Esto está muy lejos de nuestra circunstancia. Está en la decisión del otro creer en uno mismo más que uno mismo crea en uno mismo.

Y el dolor qué, no importa ?. El sentimiento de injusticia que provoca ver desde un ángulo y desde el otro las cosas y su correspondiente agotamiento no importa ?. A decir verdad no, no importa. Puedes rezarle a todos los Dioses de la tierra, o tratar de calmar la angustia de mil formas distintas, las cosas suceden cuando los “yos” que están en los sistemas te necesitan y peor aún, para su propio Interés.

La esperanza es que se activan las cosas, ya que estructuralmente pertenecemos a dichos sistemas y lo hemos olvidado. Es para saciar como lo he dicho la necesidad del otro, pero en fin, es luz el saber que somos útiles y seremos remunerados. No en vano dicen por ahí que de donde menos te esperas te aparecen las cosas, y es cierto, a lo que más le apuestas menos sucede, de donde menos te imaginas, te buscan. Lo curioso de esto es que no siempre sucede así, tampoco tienes garantía de cómo suceden los hechos, solo la intuición, y ésta, tampoco es clara, pertenece de igual modo al mundo de lo intangible. Quizás solo queda el aprendizaje y la experiencia, y a veces hasta éstas también salen sobrando.

No creas en ti mismo es la mejor recomendación que puedo darte para creer en ti mismo. Ten claros tus objetivos y promuévete de forma permanente y adecuada. No trates de resolver de forma inmediata ni buscar resultados, menos aún en la logística que te planteaste, siempre saldrá diferente y variada.

Para creer en ti, el trabajo y la disposición. Ni rezarle al santito ni tener fe ayuda en nada. Déjate flotar, genera un miedo espantoso, pero no sabes en cuantos lugares existes a la vez. Las oportunidades llegan de donde menos esperas y de las maneras más extrañas. Si te abres a ellas se abrirá un abanico con nuevas propuestas. Eso si, no lo olvides, estarán inmersas en éste absurdo e impreciso debate, una discusión que a un laberinto, le queda corto...

No os desesperéis… No eres el único…    

Darián Stavans.

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A r m o n í a s

 

Cuenta una leyenda que un hijo y su padre estaban caminando en las montañas. De pronto el hijo se lastima y grita: Aaaahhh!. Para su sorpresa oye una voz repitiendo en algún lugar de la montaña: Aaaahhh!. Con curiosidad el niño grita: Quien está ahí ?. Recibe una respuesta: Quien está ahí ?. Enojado con la respuesta, el niño grita: Cobarde. Recibe de respuesta: Cobarde. El niño, confundido mira a su padre y le pregunta: Qué sucede ?. El padre sonríe, lo acaricia y comienza a explicar. Hijo mío, presta atención… Entonces el padre grita a la montaña: Te admiro. La voz le responde: Te admiro. De nuevo el hombre grita: Eres fuerte. La voz le responde: Eres fuerte…

El niño estaba asombrado, no entendía. Luego, el padre continúa: La gente lo llama Eco pero en realidad es la vida. Te devuelve todo lo que dices o haces. Nuestra vida es el reflejo de nuestras acciones. Si deseas amor, crea amor a tu alrededor. Si deseas felicidad, da felicidad a los que te rodean. Si quieres una sonrisa, da una sonrisa a los que conoces. Esta relación aplica a todos los aspectos de la vida. La vida te dará de regreso exactamente aquello que tú le has dado. Tu vida no es una coincidencia, es el reflejo de ti… Alguien alguna vez dijo: Si no te gusta lo que recibes, revisa bien lo que estás dando, y si te gusta, sabrás que estás haciendo lo correcto…

El niño siguió caminando al lado de su padre en la montaña probando a cada paso su voz. Necesitaba confirmar lo que su padre le había explicado. Atónito comprobó la realidad de su voz y también la de sus acciones. Después de andar un rato, tomaron un descanso a la orilla de un lago y entonces sucedió lo mismo. El niño aventó una piedra con fuerza y lejos, quedando sorprendido de cuan desagradable y violento fue el sonido que recibió. El padre le dijo: Ahora deja caer esa otra piedrita, tírala suavemente en el agua. El niño después de realizar la acción recibió de regreso un sonido terso, y vio también como en el agua se creaban unas olas en forma de hondas que llegaban hasta él… Comprendió entonces de que se trataba, estaba listo para emprender su andar por la vida…

Ambos permanecieron en silencio por un rato, meditando las ideas que el padre había comunicado a su hijo. Entonces éste le preguntó: La música papá, la música está hecha de sonidos, de sonidos como los que salen de mi voz o de la tuya, de sonidos como los que nos devuelve la montaña... De la música papá, también recibe uno respuestas ?. El padre sonrió de nuevo, abrazó cálidamente a su hijo y comenzó a explicar. La gente la llama música hijo, pero en realidad es el alimento del alma. Te devuelve todo lo que le das. Nuestras almas son el reflejo de nuestra vida interior. Si le das amor, darás y recibirás amor de tu alrededor. Si le das felicidad, darás y recibirás felicidad de quien te rodea. Si le das una sonrisa, darás y recibirás sonrisas de los seres que conoces. Esta relación aplica a todos los aspectos de la vida. La vida te dará de regreso todo aquello con lo que has nutrido tu alma. Tu vida no es una coincidencia, es el reflejo de tu mundo interior. Alguien dijo alguna vez: Si no te gusta lo que recibes, revisa bien como estás alimentando a tu alma, y si te gusta lo que recibes entonces sabrás que tu mundo interior está completo, sano y pleno.

Qué función tan importante cumple el sonido en nuestra existencia… Hacia afuera se convierte en la metáfora perfecta describiendo con ecos cada paso que damos, cada camino que labramos. Hacia adentro se armoniza en música creando meticulosos contrapuntos de melodías articuladas, precisas, dando paso a nutrir las emociones, cobijar los afectos y alimentar al alma… Es un bálsamo, sublime y mágico que decora al tiempo y a su vez protege al espíritu y al corazón…

El niño miró a su padre y le dijo… Cuantas cosas sabes papá, cuando sea grande seré como tú… Entonces el padre miró profundamente a su hijo y le dijo: Cuando seas grande como yo, sabrás que llevamos dentro y de la mano, a un niño, a un niño tan hermoso y bello como tú…

Darián Stavans.

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P e r d ó n a m e

 

Perdonar es el acto de quitar peso emocional a determinada responsabilidad, obligación, acción, conducta o valor. El perdonar se abre como un abanico, es decir se da en escala de porcentajes. Se puede perdonar de manera absoluta, tal vez solo tantito, un poco más o un poco menos o ser tan pequeño que casi pasa desapercibido. En el trayecto de la vida estamos inmersos en el debate del perdón y es la radiografía inequívoca de nuestra silueta humana; pensamientos, emociones y amores. Refleja nuestro balance.

Hablando de otras cosas o más bien pareciendo hablar de otras cosas, platicamos a menudo acerca de ganar y perder. En el trayecto de la vida también de forma paralela estamos inmersos en este debate. Solemos decir que “ganar es perder” o “perder es ganar”. Participo en diálogos continuamente al respecto, y noto que la idea de la lucha del ganar o perder tiene tal poder que permea cada responsabilidad, obligación, acción, conducta o valor determinado.

Es fácil complicar el tema argumentando que “ganar es perder” o “perder es ganar”. Decimos o pensamos que cuando perdemos algo, ganamos por otro lado y viceversa. Se aplica a todas las tendencias, desde cuestiones personales, relaciones sociales, hasta gráficas ecuacionales. Se encuentra en situaciones familiares y culturales así como en teorías de marketing, ventas y que se yo… nunca acabaría de dar ejemplos porque la realidad es que no existe nada de nosotros los humanos que no esté visto desde la óptica de este planteamiento.

Pero cual es la diferencia de verlo como un planteamiento o como un debate ?. La diferencia está en sufrir y el sufrir es no aceptar lo que nos está pasando. Al decir “ganar es perder” o “perder es ganar” estamos sufriendo, no asumiendo la responsabilidad de lo sucedido y justificamos con el opuesto echando a andar el escapismo de la situación en cuestión. Cuando ganamos hay que aprender a hacerlo sin vergüenza y con orgullo y cuando perdemos hay que aprender a reconocerlo sin sufrimiento. Así no escapamos del legado que éstas oportunidades nos dejan, preparándonos para andar por el camino de la verdad sin justificar ni disfrazar lo que no es; “ganar es ganar” y ”perder es perder”… Así siempre ganamos ¡

Que sucede con el perdón entonces ?. Qué tendría que ver con todo esto de ganar y perder ?. Parecería que nada pero a decir verdad lo es todo y además está detrás. Fácilmente también tendemos a complicar las cosas con esto del “perdón”. Planteamos el acto y la ejecución del mismo entre uno y los demás, entre terceros si estamos criticando o históricamente si estamos analizando. Si seguimos tercos en querer verlo de esta manera vamos a perder, es decir no llegaremos al perdón absoluto. Donde ganamos entonces ?. Cuando entendemos que el perdón está en perdonarnos a nosotros mismos. Parecería una conjetura ligera, banal, como de cafecito social o para escribirla en pósters que lleven ésta frase escrita en alguna tipografía elegante y unas palomas volando. Sin embargo es mucho más profundo de lo que parece y de paso tortuoso.

Perdonarse a si mismo es el acto de quitar peso emocional a nuestra geografía interior. Es entender y asumir cómo somos, cuales son nuestras capacidades y limitaciones, a que venimos a éste mundo y a que no, cual es nuestra función y cual no, aceptar donde nos tocó nacer, cómo sucedió, quienes son nuestros padres y hermanos, quienes y como son nuestros hijos. También el cómo somos físicamente y cual es el temperamento que ostentamos… No terminaría nunca de describir tampoco todos los aspectos de los que intento decir ya que al igual que el ganar y perder, nada está exento del poder curativo del perdón.

Perdonarse a si mismo es la llave del éxito y el porqué de la existencia. Perdonamos a los demás porque en el fondo lo hacemos con nosotros mismos. Las relaciones humanas no son más que el reflejo de todo lo que nos sucede dentro, satisfechos o no lo ponemos de iguales afuera. En este sentido pedir perdón o ser el que otorga el perdón se vuelve una ilusión óptica, una manifestación perceptual del absurdo ya que ese otro con quien debatimos es con nosotros, discursa el yo exterior con el interior, consumándose así el acto perfecto del perdón y el arte de ganar.

Planteadas las cosas de ésta manera hasta éste texto sale sobrando porque nada tendríamos más que perdonar, habremos hecho bien el trabajo siendo libres dejando serlo de igual manera en los demás. Asumimos entonces nuestras responsabilidades, obligaciones, acciones, conductas y valores, abriendo así aquel abanico para que los demás meticulosamente, abran a la vez el suyo.

Perdóname… Please… Porfa… Perdóname… Con quien estamos hablando ?...

Darián Stavans.

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A d r e n a l i n a

 

George Carlin (Nueva York, 12 de mayo de 1937, 22 de junio de 2008) fue un cómico del Stand-Up Comedy, actor y figura de la contracultura. Los temas elegidos por Carlin siempre causaron controversia y todos ellos se resumen bajo la siguiente filosofía: “La Humanidad es Basura”. “Yo lo veo así (dice Carlin): Durante siglos el hombre ha hecho todo lo posible por destruir, profanar e interferir con la naturaleza: Cortar bosques, agujerear montañas, envenenar la atmósfera, despoblar océanos, contaminar ríos y lagos, destruir pantanos… Así que cuando la naturaleza contraataca y golpea al hombre yo lo disfruto. No tengo ninguna simpatía por el ser humano. Ninguna. Y no importa el problema al que se enfrenten los humanos, ya sea natural o causado por ellos mismos, yo siempre espero que empeore.” – Life is Worth Losing (2005).

En contraposición al planteamiento anterior Carlin tiene fama por frases elocuentes que reflejan su visión acerca de la civilización occidental en la que vivimos. Algunas de éstas son: La paradoja de nuestro tiempo es que tenemos edificios más altos y temperamentos más reducidos. Gastamos más pero tenemos menos. Compramos más pero disfrutamos menos. Tenemos casas más grandes pero familias más chicas. Mayores comodidades y menos tiempo. Tenemos más grados académicos pero menos sentido común. Mayor conocimiento pero menor capacidad de juicio. Más expertos pero más problemas. Mejor medicina pero menor bienestar. Conducimos más rápido, nos enojamos demasiado. Nos desvelamos y amanecemos cansados. Hemos multiplicado nuestras posesiones pero reducido nuestros valores. Hablamos demasiado, amamos poco y odiamos muy frecuentemente. Hemos logrado ir a la luna pero se nos dificulta cruzar la calle para conocer a nuestro vecino. Conquistamos el espacio exterior pero no el interior. Producimos computadoras que pueden procesar mayor información y difundirla pero nos comunicamos cada vez menos. Estos son tiempos de hombres de gran talla pero de cortedad de carácter. Hombres de enormes ganancias económicas y relaciones humanas superficiales. Hay casas más lujosas pero hogares rotos. Son tiempos de morales descartables, acostones de una noche y cuerpos obesos. Píldoras que lo hacen todo, desde alegrar, apaciguar y hasta matar…

Carlin tiene razón en lo que dice, describe a las personas que viven así, superhombes que el sistema está forjando pero que son emocionalmente infantiles. George ha pasado a la historia como un actor errático y reaccionario pero a través de su pensamiento nos empapa de su conflicto del cual parte y quiere entender. Qué es lo que a algunos les hace vivir de ésta manera ? A que se refiere cuando habla de éstas paradojas que gran parte de la sociedad está inmersa en ellas ? . Son “Adictos a la Adrenalina”. Viajes, celulares y computadoras, tarjetas de crédito de "gran" prestigio. Poseer bienes y más bienes, bienes muebles e inmuebles. Disfraces de lo que no somos, maquillaje de lo que tampoco somos, máscaras de lo que nos contagian… Y todo esto se carga en los hombros, en la espalda, aunque se doblen las rodillas. Esta adicción a la adrenalina no aparece sola en las personas que la padecen; la aprendieron en casa y socialmente se tientan de ella, y así van dibujado el hábito de rellenar el vacío y la soledad existencial…

Nadie aguanta éstas historias. Son sofocantes, arrasan con todo. Es por ello que están de moda tantas opciones de tipo alternativo para tratar de equilibrar éste atentado contra el ser que las padece. Ofertas  hay por todos lados; arte terapias, meditación y relajación, psicohipnosis, masajes que van desde los más austeros hasta los innombrables en cruzeros con rutas desconocidas, acceso a tendencias filosóficas y espirituales de toda índole, un abanico de propuestas nunca antes vistas, todas éstas públicas pero también privadas, terapias ocupacionales lo más personales posibles. A éstas conductas “equilibrantes” se les conoce como compensaciones. Se han vuelto necesarias para sobrevivir y están en relación directa al grado de adicción a la adrenalina que se tenga. Estas compensaciones tratan de curar o dar respuesta a las personas que las practican pero a decir verdad casi siempre engranan en éste truculento círculo vicioso en vez de convertirlo en uno virtuoso. Las compensaciones son maravillosas siempre y cuando no traten de curar la adicción a la adrenalina, lo son porque ahí se encuentra el potencial creativo. Sin embargo hay que quitar primero la adicción a la adrenalina. Se puede ?. Claro que si. Como buen vicio se decide y después se trata. Una vez saneado, las compensaciones dejan de cumplir su función para conviertirse en la evidencia misma. Se vive tranquilo y funcionando…

Cuánto daño hace la adicción a la adrenalina. Lástima que no esté tipificada dentro de las adicciones prohibidas más bien pasa lo contrario, es la más permisible ya que deja enormes ganancias a quienes la promueven. Hay que observar a las personas que la padecen, sufren tanto y sin darse cuenta, es una bola de nieve, una cosa les lleva a la otra y a la otra y de pronto es inaguantable. De igual forma es importante observar a quienes no la padecen; que dicha ¡ , son dueños de su propio juicio, proponen su moral y ejercen sus valores.

Carlin vivió criticando al sistema norteamericano que hoy se ha globalizado y permeado identidades que se habían mantenido hasta cierto punto inmaculadas. Que pena y que peligroso… En cada uno de nosotros está el hacer labor; los que padecen ésta adicción hacer un esfuerzo por irse de ahí y los que no la padecemos ayudar con nuestro ejemplo, donde las compensaciones desaparecen e instalan el bienestar personal. George sufrió porque se quedó atrapado en la crítica. Es una lástima pero nos dejó una gran lección… Leer cada una de sus reflexiones y al hacerlo saber si somos adictos a la adrenalina y ya ni modo, si lo somos y decimos que no lo somos, o si no lo somos y claramente sabemos que no lo somos…

Hay un indicador que nunca falla… La Felicidad …

Darián Stavans.

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E l  P o d e r  d e l  S i l e n c i o

 

Cuando el silencio llega o cuando lo llamamos, llena la vida de otra cosa, de todo lo opuesto a lo que comúnmente sucede. De pronto todo calla, y entonces la silueta dibuja su esencia misteriosa, frente a frente, dejando entrever su hilo, su tejido filoso, tierno también, refrescante pero agotador. Qué Poderoso es el Silencio¡ , multifacético, versátil, inteligente…

El Silencio es Inspiración: induce a las ideas y nos concentra en ellas. Estando ahí no hay fronteras entre lo que se hace y lo que se piensa, al fin que todo está en silencio, nadie sabe mas que uno, es un blindaje que otorga a la creación y mantiene secreto el orden, casi divino e inmaculado, dueños ambos, uno del otro, y siempre junto a vos, está el silencio…

El Silencio es Poesía: a los lados de las letras forma palabras y de éstas salen frases, el silencio las separa de nuevo para volverlas textos y éstos se vuelven cuentos, rimas que lo dicen todo y que no dicen nada, mas se sienten en la piel como caricias al viento, uno al leerlas disfruta goce pleno, y siempre junto a vos, está el silencio…

El Silencio es Sueño: es el paso hacia el estado inconciente, cuando dormimos y reparamos nuestro ser. En el sueño impera el silencio y dentro del sueño, los sueños se acompañan gracias a su ritmo y su cadencia. Bondad le sobra para otorgar imagenes, es el origen, ya que cuando soñamos no pensamos, lo hace la mente por nosotros, dice siempre la verdad,  ya después en la vigilia repasamos las ideas sagradas mas algo nos alivia, es que siempre junto a vos, está el silencio…

El Silencio es Reflexión: fuerza indescriptible que absorbe nuestros pensamientos, callado lo hacemos pero enrarecido lo sentimos. Los pensamientos no hablan, son secretos que el silencio encubre, traslucen todo y nada porque son efímeros, dejando huellas en la memoria al saber el significado sin delatar lo que han revelado, aunque vuelen de aquí y lleguen allá, nadie se entera de la sabiduría de los mismos ya que siempre junto a vos, está el silencio…

El Silencio es Meditación: introduce el estado de relajación precisa para otorgarle a nuestro ser lo superior, revisando la conducta para ser mejores, amar la vida y a los semejantes, saber que el alma lo es todo y atravesar lo superlativo que es luz de la privacidad. Partimos y llegamos, y partimos de nuevo, gozando alegrías y redefiniendo tristezas que aunque punzantes, las acariciamos, ya que siempre junto a vos, está el silencio…

El Silencio es Fuerza: es estrategia de vida, táctica perfecta para defender la integridad. Mientras callamos nadie sabe lo que pensamos, somos más libres que libres, y aunque representamos lo que sea fingimos lo que sea, silenciosamente nos movemos. Los demás también son libres, si callan y guardan. Jugamos las fichas, interlocución, el otro intuye más no sabe. El que piensa y calla gana, ya que siempre junto a vos, está el silencio…

El Silencio es Miedo: cuando no lo llamamos nos encuentra y asusta, está en su naturaleza hacerlo y sabe espantar, crea vacíos de dolor y angustia, logra su objetivo al descorrer los velos de nuestra ansiedad. Cuan doloroso es cuando sucede mas es casi inevitable escapar a su voracidad, vulnerables, nos atrapa. Será que hace daño o el daño se intensifica, lo que sucede es que no sucede, sucede al lado de la voluntad, no lo pedimos, aunque bien a bien por más agudo que cale, siempre junto o a vos, está el silencio…

El Silencio es Equilibrio: cuanta falta hace entre tanto sonar, ensordecedor es el mundo cuando acciona, enloquecedor es el quehacer que tanto asfixia al alma, fascinante entonces cuando el silencio abriga y otorga paz, diáfana cualidad de amor supremo, excelso en su poética, da balance frente al corazón y en su expresión sincera ofrece su pasión expandiendo su virtud, siempre junto a vos, está el silencio…

El silencio está lleno de silencio, suena a silencio, de otra latitud, de otra dimensión, suena y se revela, sonidos de silencio, se dibuja a ratos para mostrar el otro rostro, la cara invisible de la moneda, cuida el andar de lo terrenal y nos abriga. Es irrenunciable, su poder es infinito y mas aquel que a todo tiempo, le permite existir…

Darián Stavans.

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Z o n a  d e  C o n f o r t

 

“Si quieres hacer algo nuevo, tienes que hacer algo nuevo”. La frase en si es de tal sencillez que me evoca a un pensamiento de Albert Einstein que dice “Las cosas deben ser lo más simples posibles, pero no más simples”. Estos conceptos aunque diferentes entre si tienen en común el que parecerían muy sencillos. Diáfanos son, sin embargo requieren de un fino ejercicio vital para comprender su trasfondo, el sentido intrínseco de sus respectivas intenciones.

Hacer algo nuevo invita al cambio y todo cambio invita al planteamiento del mismo. Todo esto sigue pareciendo pertenecer al mundo de la sencillez , pero lo más sencillo es "sencillamente" de lo más complejo. John Cage, compositor, pintor y filósofo, ícono representativo del Siglo XX alguna vez dijo “No se porque la gente le tiene miedo a las nuevas ideas, le debería de tener miedo a las viejas ideas”. Todos éstos pensadores parecen plantear sus conceptos con algo de frivolidad, dejan entrever una sensación como de “burla” para aquellos que no “comprenden” el concepto del "cambio" sin ponerse a pensar en la complicada red emocional, intelectual y afectiva que implica este esfuerzo, a ratos insostenible para entender que “si quieres hacer algo nuevo, tienes que hacer algo nuevo”.

Es imposible entender el querer hacer algo nuevo si no has hecho algo viejo, y más aún, si no te has acostumbrado a ello, a hacer aquello que aprendiste tan bien y que ahora parecería que hasta “por default” te sale. La realidad es que has comprobado una y otra vez que algo te funciona y estás más que acostumbrado a ello y cuando te planteas la idea de migrar hacia algo nuevo, el primer impulso hasta instintivo, es tratar de hacerlo desde lo conocido, desde lo reconocido, desde donde existe tu “zona de confort”. Todos tenemos una, o varias, en donde nos explayamos, en donde la inteligencia nos fluye sin dificultad, no hay titubeos ni tartamudez. En la zona de confort todo es entrelazar ideas con emociones que hacen una mancuerna perfecta, se traducen en semántica veloz, nítida, no hay conflicto entre las partes, todos los actos están paralelos y alineados, expresan su armonía, a veces hasta artísticamente, espiritualmente, técnicamente ni decirlo y el resultado, siempre productivo.

La zona de confort no llega sola, no se establece por arte de magia. Hay una conquista atrás de ella que alguna vez partió de lograr algo nuevo y como tal se hizo algo nuevo. Lo incómodo de la zona de confort es quedarse ahí, es que (como dicen por ahí) te la creas… Hay que sentirse incómodo en la zona de confort. Ese es el impulso maestro que descubre nuevos paisajes. Nadie duda que dicha aventura implique estar intranquilo, tener cosquilleo, miedo. No hay alguien que haya llegado al otro lado del océano sin sentir esas incomodidades, esa incertidumbre, y el que lo niegue estará mintiendo dotando de máscaras y maquillaje dichos sentimientos.

Hay que pujar (push… push… push…) hacia nuevos espacios, especialmente los que provocan mayor inquietud. Entre mayor sea ésta inquietud mayor es la conquista al definir diferencias. Y que logramos cuando llegamos ahí?. Que nuestra zona de confort abarque nuevos horizontes, que historias que habíamos creado como imposibles se vuelvan posibles y después de un rato hasta cómodos nos veamos en situaciones que jamás hubiéramos imaginado que podríamos lograr, ya que tal vez estaban inmersas bajo paños o velos y brincábamos apenas con la simple idea de pensarlas.

Es entonces cuando hay que volver a sentirse incómodo en la nueva zona de confort, y así la eterna búsqueda no se paralice y sus nutrientes dejen un “no se que” que impulse a la dinámica cotidiana. Lo mejor es que se vuelva un hábito, el mejor de todos, el hábito del cambio.

Parecería fácil?. Es fácil. Parecería complicado?. Es fácil… jeje, entender que es bien complicado. Pero es más complicado no hacer un último esfuerzo para entender que es “bien” fácil, aunque ahora me parezco frívolamente a nuestro amigo Albert Einstein o al citado Cage. Todo esto podrá parecer fácil o difícil, dependiendo quien lo mire y desde que ángulo lo haga. Lo único valioso de todo esto es entender que si no es así como se plantea, entonces hay un engaño, es decir, “no se pueden hacer cosas nuevas partiendo de cosas viejas”. El impulso inconsciente va a decir que si, pero el emocional o  peor aún el afectivo, lo va a trabar.

Push… push… push… Empujarse hacia fuera de la zona de confort para entrar a una nueva zona de confort y volverse a empujar fuera de esa zona de confort para volver a entrar a una nueva zona de confort… “Si quieres hacer algo nuevo, tienes que hacer algo nuevo”. Que frío se oye esto. Que frívolo y hasta cierto punto sarcástico lo dice John Cage y tan simple lo plantea Albert Einstein. Pero Einstein dice que por más simples que sean las cosas no deben ser más simples, y tiene razón ya que para lograr algo nuevo tienes que hacer algo nuevo. El planteamiento es simple pero no puede ser más simple que eso, porque si lo fuera… uy, que miedo, perdería consistencia.

Como entender entonces la “zona de confort”. Existe?. Por supuesto que si. La creatividad de una persona se mide en base a su capacidad de adaptabilidad al cambio, en pocas palabras, no “creerte mucho” porque has alcanzado alguna zona de confort. Créeme, si lo haces te sentirás bien un rato, pero el mundo se va a encargar en movértelo de nuevo… "Si quieres hacer algo nuevo, tienes que hacer algo nuevo”, y si no lo haces, alguien más lo hará por ti…

Darián Stavans.

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D o n d e  E s t á  l a  L i b e r t a d

 

Después de reflexionar a través de los años me he dado cuenta que por lo que peleamos en la vida es por amor y por dinero. Se sincroniza con el mundo de diversas maneras, sin embargo el pleito es por estos dos factores. Si a uno le quieren de más suele uno estar insatisfecho, si le quieren de menos también. Si a uno le dan de más está uno en desacuerdo, si nos dan de menos, también. El pleito amoroso representa la seguridad afectiva, el sentirnos queridos y deseados. El pleito por la plata representa la materia, el atarnos a ella nos explica éste sentirnos frágiles por estar limitados ante la incomprensión del origen de la vida, el infinito cósmico y demás tópicos que muchas veces preferimos no pensar en ellos y solo avocarnos a contar las monedas suficientes para pagar un techo, comprar ropa para abrigarnos y si la vida lo permite, tomarnos de vez en cuando un buen café.

Pero que está detrás de esto?. Sin lugar a dudas la libertad, abordada por grandes filósofos, psicoanalistas y pesadores a lo largo de la historia. Ejemplos como Erich Fromm a través de su libro “El Miedo a la Libertad”, Aldous Huxley en su “Mundo Feliz” con sus paradigmas acerca del marketing moderno y la posibilidad del llegar a amar la esclavitud víctimas del manejo conductual masivo del poder, “La Libertad según Schopenhauer” por nombrar solamente a algunos.

Retomando el planteamiento original, el que nos quieran de más es porque algo quieren de nosotros y nos quitan libertad de maniobra a la vez . Si nos quieren de menos sentimos mayor libertad pero nos quejamos de algún sentimiento de orfandad ya que nos dan todo el terreno abierto así como también la responsabilidad de la toma de decisiones. Igualmente sucede con la materia. Si nos dan de más es porque estamos supeditados a valores ajenos y perdemos libertad individual, si nos dan de menos, somos dueños de un paisaje libre casi perfecto sin embargo la queja por el desamparo nos aborda y nos hace sufrir.

Donde está el pleito entonces?. El amor propio es la respuesta, rompe la barrera con el contexto exterior y otorga el juicio para valorar el escenario interior dando como resultado nuestra libertad. Entendiendo que el amor propio es la respuesta, dejamos de lado la insaciabilidad y nos proveeremos de las carencias, insatisfacciones y soltamos los grilletes que los otros nos ofrecen. La dignidad que trae consigo el amor propio también nos da las herramientas para solucionar la sobrevivencia al volvernos capaces de resolver lo que necesitamos, lo que nos satisface, soltando la hipnosis a la cual podemos estar sometidos por contagio social, por diferentes tipos de marketing subliminales, mitos, arquetipos o expectativas ajenas. Resultado de esto es dar a nuestra existencia el sentido adecuado de la libertad individual.

La libertad parecería ser un valor mas no lo es, es un “estado” y como tal no lo podemos controlar ni crear gráficas matemáticas para medirla porque su sinergía no nos lo permite. Lo que si podemos hacer es revisarla constantemente, entendiendo que entre mayor sea la comprensión del amor propio, mejor calidad tiene el mundo afectivo que nos procuramos y por lo tanto mayor es la capacidad creativa dando como resultado una vida más rentable y productiva. En ese sentido el pleito con “los otros” tiende a disminuir en el entendido que entre mejor autocrítica, menor vulnerabilidad a pescar anzuelos ajenos.

Al saber que el ejercicio de las libertades y su manufactura se encuentra en cada uno de nosotros, hay que tener cuidado. Si nos queremos de más nos vamos a confundir, si nos queremos de menos nos vamos a entregar. Si nos proveemos de más nos vamos a indigestar, si nos proveemos de menos acabaremos embarrados a la historia de cualquier ajeno. El pleito no está afuera, esta adentro, y también afuera... jeje, estando bajo condiciones normales claro, ya que de lo contrario se complica la dinámica descrita. Existen ejemplos extraordinarios de condiciones externas extremas en donde a pesar de ellas se logra la plenitud del ejercicio de la libertad. Es precisamente de esos ejemplos en donde debemos refrendar nuestro compromiso al respecto, ya que siempre será más sencillo plantear este debate en una hoja de papel rodeado de un entorno agradable, o tomando un buen café en alguna esquina que nos ofrezca un paisaje bondadoso invitándonos tiernamente al fascinante mundo de la introspección…

Darián Stavans.

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L a s  R e l a c i o n e s  H u m a n a s

 

Hace un par de meses un buen amigo me regaló un libro que terminé de leer en unos cuantos días. Confieso que me cautivó. El libro lleva por nombre “El Dinero es mi Amigo / Money is my Friend” del autor de origen norteamericano Phil Laut. Lleva como sub-nombre “Las Cuatro Leyes de la Riqueza y el Éxito Económico”. Cuando éste amigo de quien hablo me regaló el libro me dijo: déjalo por ahí en alguna mesa, en un buró, no te forces a leerlo si no quieres, llegará el tiempo justo cuando el libro te tome de la mano para adentrarte en su lectura.

Así sucedió. Un par de semanas el libro estuvo intacto, estoico. Yo lo miraba y el me devolvía su energía, sin embargo seguía ahí, en el mismo lugar. Un día inicié su lectura, lo hice de manera casual pensando que era un libro más de tantos que venden y comercializan de cómo hacer dinero, de cómo convertirse en millonario en una semana, con fórmulas superfluas y artificiales como manuales hechos a la medida de éste tipo que circulan por las calles.

Cual fue mi sorpresa al ver, al sentir y al palpar página tras página que éste manuscrito es todo lo contrario. Es un estudio psicológico acerca de cuales son las trabas principales a las cuales se enfrentan algunas personas; mitos, traumas, desviaciones y visiones equivocadas que les impide tener bienestar y éxito económico. El texto es fantástico. Inicia citando el mundo interior, la relación de éste con su propio eje, con su propio cosmos, con el universo infinito individual e intransferible. Una vez planteado éste bagaje de ideas abstractas y substanciosas, reflejo del mundo creativo, Phil Laut se da a la tarea de concretizar éstos pensamientos en técnicas practicas de desdoblamiento, siempre enfocado al bienestar y a la generación de riqueza y plenitud, dividiendo su teoría en cuatro partes principales: las leyes de ganar, de ahorrar, de invertir y de gastar. El libro es impactante, ya que toca todo el mundo material y tangible, pero a la par lo que menos importa en él es el dinero, sino todas las paradojas que plantea alrededor del mundo de la riqueza partiendo siempre del infinito universo individual, acertando al respeto profundo y al sentido cauteloso y preventivo de la imaginación y la creatividad propia.

Un capítulo en especial sacudió parte de mi atención. Lleva por nombre “El Arte de las Ventas” y entre tantas cosas maravillosas, Phil nos dice lo siguiente “Toda transacción es un intercambio de bienes y/o servicios entre un comprador y un vendedor. En cada caso, tanto el comprador como el vendedor creen que están obteniendo más de lo que están dando; de lo contrario, no ocurriría ninguna transacción. El proceso de convencer a un comprador de que los bienes y/o servicios que se ofrecen valen más del precio que se pide se conoce como venta. Ninguna transacción ocurre sin venta”.

En las relaciones humanas sucede exactamente lo mismo. De vez en vez resulta difícil creer que algo tan metódico, técnico y hasta aparentemente metálico trabaje en sitios humanizados de nuestra existencia, áreas dotadas de afecto, de emociones diversas, de recuerdos, de pensamientos, de espacios de fe esperanzadores y vivencias recurrentes. Sin embargo si somos capaces de entender las relaciones humanas como juegos estratégicos con cálculos exactos, numéricos, hechos con ecuaciones sustentadas en visiones sintéticas y tácticas tangibles y dinámicas, entonces no perdemos la versión correcta de las cosas sino todo lo contario, ganamos, todos los involucrados ganan.

Tal vez algún día escriba un libro y uno de los capítulos llevará por nombre “El Arte de las Relaciones Humanas”, y entre tantas cosas dirá “Toda relación humana es un intercambio de afectos, pensamientos y emociones entre seres humanos involucrados e interesados en dicha relación. En cada caso todos los involucrados creen que están obteniendo más de lo que están dando; de lo contrario no ocurriría el encuentro entre las partes. Al proceso de convivencia se le denomina - Encuentro - Ninguna Relación Humana ocurre sin dichos encuentros”.

El viaje por la vida está pleno de - encuentros - y como consecuencia de - relaciones humanas - La percepción de lo que obtenemos de ellas siempre debe ser mayor que lo que estamos dispuestos a dar. De lo contrario dicha relación se extingue y se substituye por una nueva con oportunidades y horizontes claramente palpables. Debe ser así para que la magia suceda y el recorrido por los senderos de la vida abra dichas oportunidades y horizontes como abanicos fluídos de color y llenos de luz …

Darián Stavans.

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A m o r ,  M ú s i c a  y  N e w  Y o r k

 

A decir verdad nunca he tenido grandes romances ni eventos musicales significativos en New York. Sin embargo a través de mi vida, importantes acontecimientos relacionados con el amor y con la música han sucedido alrededor de ésta famosa urbe, en mancuerna con Boston, ciudad al norte de New York en el estado de Massachusetts en los Estados Unidos.

La urbe de hierro ha sido de gran impacto para mí desde que era pequeño. Mi padre que es actor y director de teatro siempre ha estado vinculado con New York ya que para él representa el referente del mundo de la farándula, los grandes “Musicals” en los teatros de Broadway, las noticias que leía en un periódico llamado “Variety” que llegaba a casa desde allá cada mes y que reportaba los últimos acontecimientos de las alfombras rojas; cine, teatro, actores, obras recientes, comedia, drama, etc… Yo crecí muy cerca de mi padre, fue mi primer amor, viví y aún ahora comparto muy de cerca con él su aventura artística, sus quehaceres y conflictos en el deambular cotidiano con el mundo de las “estrellas”. Nunca falta ni sobra algún comentario sobre New York como es de suponer, y a decir vedad es “su” mundo pero de alguna forma, es también el mío.

Así crecí y llegué a mi temprana juventud. Todavía era un adolescente cuando el amor tocó de manera tempestiva a mis tempranos y vulnerables rincones de pasión. Caí profundamente enamorado de una mujer; éramos chiquillos, creo haber tenido diecisiete años y ella trece o catorce pero el romance pegó con todo. Como buen amor adolescente, vertí todas mis emociones en ésta mujer y así se convirtió ella en mi primer romance. La conocí en México, en el colegio, ella en la secundaria y yo en la preparatoria. Durante más de un año el amor rompió todas las barreras posibles. Mi vida giraba alrededor de ella. Nada más importaba, solo ella… Me la arrancaron del alma. Debo confesar que así lo viví. Sus padres emigraron, se fueron de México y se establecieron en Boston y por la edad que ella tenía, se la llevaron… Luché con todo, contra todo, mas nada pude hacer, se la llevaron y la desprendieron de mi corazón.

Tal fue mi amor hacia ella que no me resigné. En las siguientes vacaciones de invierno fui a buscarla. Mi padre tenía en aquel entonces parientes en New York por lo que el viaje lo dividí en dos partes; viajaría primeramente a la citada urbe, encontrando estancia con mis parientes, de ahí saldría a Boston a buscar a mi amada, regresaría a New York y de vuelta a México. Así lo planeé y así lo hice. El viaje fue hermoso y crudo a la vez. Hermoso ya que conocí las dos ciudades en pleno invierno que aunque padecí fríos intensos, para un joven como lo era en esos años, resultaba fascinante el paisaje, la pasión, la inspiración y la aspiración al encuentro con mi amada. Lo crudo del viaje fue precisamente esto, el intento al reencuentro con ella. Ya todo había terminado en realidad, era mi ficción, mi fantasía la que alimentaba tal mítico romance que posteriormente al viaje, por resignación acabé por terminar. Regresé a New York, estuve algunos días más con mis parientes y volví a México para seguir adelante con nuevos proyectos así como cargar en mi morral aquel dolor y su respectiva pérdida...

Después de varios años, siete más o menos, al terminar mis estudios de licenciatura en Piano y en Composición Musical apliqué a varias escuelas en los Estados Unidos para realizar mis estudios de postgrado. Será el destino, casualidad o tal vez sincronías, el New England Conservatory of Music en Boston aceptó darme una beca completa para la maestría en Composición Musical, y a volver entonces a planear los caminos que la vida nuevamente me trazaba por aquellos rumbos de Norteamérica. Mis padres me acompañaron para dejarme instalado. Hicimos primeramente un viaje a New York para de ahí salir a Boston de donde ellos partirían de vuelta hacia la urbe de hierro y de ahí a México. Así sucedió y así estudié mi postgrado en Boston.

Antes de partir a mis estudios de maestría impartía clases de solfeo y de armonía en la Escuela Nacional de Música de la UNAM en donde terminé mis estudios de licenciatura. Tenía dos grupos, estudiantes que iniciaban, hombres y mujeres a los que tomé gran aprecio y a quienes anuncié que estaría fuera de México un par de años para la realización de mis estudios de postgrado. Tiempo después estando en Boston, recibí una carta de una alumna de la Escuela Nacional de Música de la UNAM. A decir verdad difícilmente la recordaba en ese momento ya que como dicen por ahí, estaba yo en otra frecuencia. Era una carta romántica. Me declaraba su amor y me pedía que regresara a México. Me juraba amor eterno y convertirse en mi fiel compañera si regresaba y me encontraba con ella… Terminé mis estudios, tomé unos días de vacaciones en New York y volví a México.

Un día por azares de la vida y sin haber planeado nada me encontré a ésta mujer, y el contenido de aquella carta donde juraba amor eterno y fidelidad absoluta se convirtió en realidad. Esa mujer es Lorena mi esposa con quien llevo mas de veinticinco años felizmente casado y que con el paso del tiempo hemos construído juntos un gran amor. Es mi compañera que nutre día a día mis caminos y senderos forjando mi carrera musical. Es humana y amorosa y está siempre a mi lado, acariciando al hombre que ama y al músico con quien vibra su alma.

Debo confesar que nada interesante me ha sucedido en New York, de hecho no me gusta la urbe de hierro, es un sitio más a la medida de mi padre, a la medida de los grandes espectáculos, es el mundo del “Show Business” entre tantas otras cosas. Yo poseo una sensibilidad íntima, refinada y privada que la tan mencionada ciudad rompe constantemente mi voluntad y mi estilo... Pero a decir verdad debo aceptar y de hecho lo hago, que después de tantos años y tantas experiencias vividas, no podría comprender ni mi vida afectiva ni el desarrollo de mi actividad musical sin mis paseos y andares por las tan concurridas, ajetreadas y apasionantes calles de New York…

Darián Stavans.

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E n  e l  S a b e r  E s t á  e l  A n d a r

 

Eran los años setentas del siglo pasado (Siglo XX) y existía un grupo de cantantes de música popular que eran famosos mundialmente. Eran españoles, se llamaban “Mocedades”. Llegaron a tener gran éxito internacional ya que sus melodías eran bonitas, accesibles, y las letras correspondientes eran interesantes, tenían mensaje, algunas otras eran claramente románticas y una que otra traía escondido algún principio político o social. Debo admitir que me gustaba el grupo, y las melodías así como las letras con las que más me identificaba eran las que tenían un contenido poético y vivencial. Otros cantantes estaban de moda también como era el caso de Joan Manuel Serrat entre tantos otros, todos ellos excelentes músicos, sumamente inspirados.

Una de éstas canciones llegó a ser muy conocida, se llamaba “Cantares” sobre un poema de Antonio Machado y la frase principal que estaba en boca de todos era “Caminante no hay camino… Se hace camino al andar …”. Charlaba uno con cualquier amigo, cualquier conocido y salía a relucir la canción. Era todo un fenómeno. Era la época del “Boom” del disco de vinyl. Todos éstos grupos y cantantes han de haber vendido millones de copias y seguro dieron y otros siguen dando miles de conciertos alrededor del mundo.

Con el paso de los años mucho me acuerdo del grupo, de todos éstos cantantes y en especial de ésta canción. La cantaba Joan Manuel Serrat. Me llama la atención la frase principal la cual analizo y analizo (lo cual es clásico en mi… jeje) cada vez que pienso en ella. ¿Cómo no enamorarse profundamente de la frase, si además de tener algo de verdad es fresca, romántica, apasionada ?. Digo que tiene algo de verdad porque así lo creo.

Cuando a uno le toca vivir la vida de manera creativa, es decir, ser uno el que aporta las ideas que otros van a imitar, efectivamente no hay camino trazado, se hace camino al andar... Las fórmulas establecidas quedan cortas o largas, o simplemente no se adecuan a nuestros objetivos porque uno está innovando el patrón propio, las ideas, y como consecuencia su concretización.

Entonces pienso, llegará un momento en donde el conocimiento personal comience a regir nuestras conductas ?. Existe un punto en donde el caminante encuentra su propio camino y ya no abre más brecha sino que mas bien empieza a automatizar la propia para convertirla en su verdad auténtica ?. Yo pienso que si, y es cuando la experiencia adquirida ya pasó por un sinfín de obstáculos en base a la teoría elemental del método científico “prueba y error.. prueba y error…”, se establece la estética propia, el idilio personal y es precisamente en ese momento, en ese efímero instante cuando “En el saber…. está el Andar…* ” comienza a expresarse por si mismo. * Concepto de mi autoría y dedicado al Dr. Jorge Pérez Alarcón, psicoterapeuta y psicoanalista.

La intersección de ambos planteamientos nunca es único ni es temporal, es decir, se da muchas veces en la vida y en tantos y tantos aspectos de nuestra existencia. ¿Cuándo se habrá agotado el “Caminante” por descubrir nuevos horizontes para dar entrada al conocimiento de la más profunda sabiduría personal en donde en el propio “Saber… se de el Andar…” ?. No hay un momento exacto ya que uno está determinado a observar y a aprender de experiencias ajenas mas no soltar nunca la construcción personal. La mezcla permanente de ésta ecuación da como resultado la química imperfecta que se declara humana y profundamente individual.

Es delicado éste planteamiento en la medida que necesita cuidado. Desde que llegamos al mundo aprendemos en base a patrones de imitación. Posteriormente tratamos de romperlos para crear los propios, y la experiencia a través de los años nos detiene antes de hacer algo nuevo y mejor lo pensamos dos veces. Todo esto es la mezcla del “Caminante” quien lucha día con día para labrar su camino sobre el debate de lo desconocido y lo ciertamente comprobado.

Mas el camino de uno no es el camino del otro, de nadie más. Mas los caminos de uno no son ni la suma ni la multiplicación de ningún otro ni individuo, ni cultura, ni mucho menos civilización. Cada quien debe (y aunque no quiera sucede) emprender su viaje cotidiano e ir labrando y trabajando la construcción vital, resultado de la ingeniería de su mundo y a la vez resultado de su propia ecuación.

Es tan personal todo esto que ya lo decía el gran Presidente de México Don Benito Juárez “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno, es la Paz…”. Entre más cauteloso uno decida vivir éste proceso, más coherente uno será con su propia verdad.

En mi caso opto por vivirlo casi siempre en silencio, por lo menos busco mis espacios de privacía e intimidad para nivelar mi propia experiencia, colar la información adquirida por los filtros de las tantas veces comprobada. Cuando escribí la música para mi producción discográfica titulada “In Silence”, le añadí una frase que dice “Después del conocimiento, manteniendo la búsqueda en silencio, la evidencia será genuina y personal. Siempre después del conocimiento...".

Creo que la pasión juvenil está plena de “Caminantes sin camino, haciendo camino al andar…”. Ahora en la temprana madurez pienso que habemos más que pensamos que “En el Saber… está el Andar…”. Sin embargo es mucho más sensato acariciar el silencio al respeto ajeno ya que como he mencionado cada quien hace su camino al andar…, al saber…, o también al saber que sigue andando… Yo, como todos los demás, sigo andado… Pero siempre me gusta saber ...

Darián Stavans.

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P a r í s

 

Después de concluir mis estudios escolares básicos, es decir la preparatoria, realicé un viaje a Europa que estaba planeado para ser un viaje de un año y terminó siendo un paseo de escasos doce días, creo que ni doce. En aquellos tiempos (hablo de 1980) se acostumbraba entre los miembros de la comunidad en donde crecí, tomarse un año sabático antes de iniciar los estudios superiores de licenciatura y postgrado. La verdad es que yo nunca quise realizar ese viaje pero el contagio social y los arquetipos familiares ayudaron mucho para que tomara la decisión de partir y como era de esperarse, el recorrido por Europa terminó resultando más en una resolución existencial mas allá de mi conciencia, que en un placentero o aventurero crucero por el viejo mundo.

El pretexto inicial era tomar un curso de inglés en la pequeña ciudad de Cambridge hacia el norte de Londres. Tenía supuestamente una duración de quince días y posteriormente viajaría a París donde se encontraba viviendo una prima de mi madre con quien me alojaría por otras cuantas semanas para después emprender el citado viaje conquistador por Europa.

El curso de inglés en Cambridge (el cual ahora que lo pienso no se porque lo tomé si domino desde entonces el idioma bastante bien) incluía alojamiento en casa de una familia de éstas que rentan cuartos para la temporada estudiantil de verano y así ganarse un par de libras adicionales. Llegué al mencionado sitio, hermoso y horrendo a la vez. Hermoso ya que todos esos sitios son hermosos pero horrendo porque me tocó un “room mate” de origen sueco, que medía más de dos metros y que roncaba peor que un caballo. Yo tenía escasos dieciocho años y a decir verdad soy muy quisquilloso y privado para compartir mi intimidad. Odié al sueco, a toda la situación, pedí mi rembolso del curso al día siguiente y huí a París con la prima de mi madre a clamar auxilio.

Desvelado y desmañanado y desvelado nuevamente llegue al departamento de la prima de mi madre en París. Ella tenía dos hijos que eran como de diez y doce años respectivamente y a decir verdad me la pasé bastante bien con ellos porque estaban de vacaciones, llevaban varios años viviendo allá y me pasearon por toda la Ciudad Luz . La prima de mi madre, una mujer de tendencia liberal, rebelde, también compartió conmigo algunos ratos, conversábamos mucho, ella me llevó a las primeras Sex Shops que conocí, que no sabía lo que eran y que a la fecha no he vuelto a ninguna de ellas, ni allá ni acá. Tomábamos cafecito en frente de la Opera de París platicando de infinidad de cosas, para ella cosas que resultaban interesantes, para mi, todo resultaba absurdo, temeroso, agotador y sin sentido porque nunca quise estar ahí, desde el principio como he dicho nunca por voluntad propia quise realizar tal aventura ya que soy un excelente viajero interior y un muy malo aventurero exterior.

Uno de esos días estando en París estuve solo toda una mañana. Compré para desayunar un "Pain au Chocolat" en un puesto en una esquina de la avenida Champs Elysées, ya había recorrido todo el Louvre diez veces, La Torre Eiffel, El Pompidou, El Arco del Triunfo, La Iglesia del Sagrado Corazón, etc … Me sabía París de memoria. La Ciudad Luz y su maravilloso Río Sena por más hermoso que fuera no iluminaba ni calmaba la impaciencia que sofocaba a mi corazón. Era muy fácil saberlo. La música me llamaba por dentro. La tarea ideológica para la cual vine a éste mundo tocaba desesperadamente a mi puerta para saciar el hambre de pasión que dominaba y controlaba mis fuerzas.

Encontré un lindo parque esa mañana en París, casi frente a la Torre Eiffel. Tirado en el pasto viendo hacia el cielo con la mirada perdida, profundamente perdida, sabía que tenía que regresar a México de inmediato y comenzar mis estudios musicales, a los cuales me inscribí y posteriormente concluí las licenciaturas en Piano y en Composición Musical en la Escuela Nacional de Música de la UNAM para después cursar mi postgrado en Composición Musical en el New England Conservatory of Music en la ciudad de Boston en los Estados Unidos.

Ese día en aquel parque en París parecía que estaba decidiendo mi camino. Pero en realidad no decidí nada, solo tomé la decisión correcta para aquel momento. Rompí los arquetipos sociales y familiares y al día siguiente estaba en México con todo el impulso del fuego interior emprendiendo mi auténtica aventura. Yo soy uno de esos ejemplos en los que el debate de la vocación cae siempre en el absurdo. Nací músico y como tal cualquier otra tentación cae siempre en el abismo. A veces envidio a la gente que no está predeterminada para algún oficio en particular y puede ser libre en la toma de sus decisiones. Sin embargo en varias ocasiones he platicado con personas de ese tipo y argumentan que hubieran deseado ser como yo, tener un oficio innato y defenderlo a capa y espada.

Que absurda puede ser la vida no?. Otros hubieran dado gran parte de su vida por haber estado en París y recibir el resto del rembolso de aquel curso de inglés para concluir tal travesía mundana. Pero mi destino era otro, tenía compromisos con Dios, con el mas allá, con aquellas fuerzas divinas que definieron en mi su conducto musical y yo ser su instrumento creativo.

Años después, día con día refrendo mi identidad. Soy compositor, pianista, productor musical y psicoterapeuta utilizando métodos de arte terapia enfocados al refinamiento de la sensibilidad y al estudio del alma humana. Muchos conocen mi trayectoria, hablan del poder curativo de mi trabajo, del éxito y la fama que la música me ha dejado a lo largo de los años. Unos platican de mi capacidad creativa y otros de lo aparentemente atípico de mis conductas. Hay quienes entienden mi manera de ser sin embargo para otros seré siempre blanco de etiquetas ya que rompo de forma estridente los lineamientos y arquetipos míticos. Esto siempre, para saciar y alimentar el hambre musical que se impone día a día dentro de mi ser.

Siempre se habla de toma de decisiones, un camino u otro, un oficio u otro, una vocación u otra, cual de ellas dejará más plata, cual de ellas dejará mayor satisfacción. En mi caso no había, no hay, ni habrá elección, solamente hago mi trabajo… Ya habrá alguien que juzgará mi sendero teniendo una rica charla tomando un rico y calientito café en alguna de las hermosas y brillantes calles de nuestro tan amado y querido París …

Darián Stavans.

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E l  D i n e r o  e s  d e l  D i a b l o

 

Hace poco tiempo un amigo me dijo “El Dinero es del Diablo…”. Tardé días en entender lo que me decía o lo que me trataba de decir con ésta frase. Confieso que tomó bastante esfuerzo el entender el trasfondo de ésta y tratar de darle un sentido común, por lo menos el sentido más diáfano que creo poder darle a tan poderoso concepto.

A través de mi vida mucho he pensado y reflexionado acerca del dinero. Y cuando digo pensado y reflexionado es porque a la par de vivir la experiencia cotidiana involucrado con tan fino instrumento, le doy vueltas en mi mente al concepto del mismo, leo libros acerca de él, de cómo generarlo, de cómo tratar de no perderlo, de cuando uno lo gana, de cuando uno lo pierde, de lo que significa o lo que no significa tanto para uno mismo así como para los demás, y finalmente tratar de entender la carga emocional que contiene en si el concepto del dinero, tanto para el que lo tiene como para el que no lo tiene, tanto para el que lo genera como para el que no lo hace, para el que lo guarda así como para el que lo gasta… Finalmente llego a la conclusión que el dinero trae consigo una intensa carga de angustia y de ansiedad.

Suele uno decir que no tener dinero genera angustia y ansiedad y tenerlo no la genera, pero a decir verdad, tanto el tenerlo como el no tenerlo representa el mismo tipo de sensación. Cuando no se tiene dinero, se le arruga a uno el estómago por sentir la desesperación de no saber como le va uno a hacer hoy y mañana, si podrá uno mantener el mismo techo, traer comida a casa, darse un buen baño, mantenerse en el mismo “status” al que está uno acostumbrado. En éstas situaciones, siempre se envidia al que si lo tiene, sin mirar más a fondo, simplemente porque uno cree que al tenerlo, el apretón de estómago desaparecerá. Por el otro lado, en el otro contexto, cuando se tiene dinero, se le arruga a uno también el mismo estómago por la angustia que significa tenerlo. No sabe uno bien a bien donde ponerlo, donde invertirlo, se declaran los debates y se siente uno atrapado y a veces hasta impotente por el simple hecho de que en cualquier momento lo puede uno perder. Cuando está uno en ésta situación, salimos huyendo de los que no lo tienen, porque sabemos que tenemos precisamente lo que ellos quieren.

Phil Laut, el autor de origen norteamericano del libro “El Dinero es mi Amigo” explica entre tantas otras maravillas contenidas en su texto, que el dinero es un invento del hombre para poder dar valor a las transacciones que hace con los demás y así tener o generar dinero. Lo que nos lleva a la conclusión que efectivamente la materia no tiene precio, los valores agregados van pasando de mano en mano en la medida de la generación y la distribución del dinero.

Luego entonces el dinero es el vínculo entre nosotros y la materia. Somos tan efímeros, nuestras almas y nuestra vida emocional son tan frágiles y abstractas, y nuestra existencia tan inexplicable, que nos atamos a la materia porque creemos que nos da sentido, ya que sentimos un alivio casi desbordado al comprobar la “Ley de la Gravedad” que nos hace sentir (como dicen por ahí) el piso, la tierra, la materia en cuestión.

Sin embargo sucede algo extraño; la angustia y la ansiedad nunca se van, aunque de vez en vez lo parezca, se tenga o no el dinero. Si se tiene porque se tiene y si no se tiene porque no se tiene. Cuanto es el dinero que se necesita para quitarse de encima tal angustia? Cuanto es el dinero que no se necesita para quitarse semejante ansiedad?

Ya decía el gran William Shakespeare “Ser o No Ser”. Parece ser igual a “Tener o No Tener”, esa es la cuestión. Y me quedo con la duda que convierto en tesis acerca de la angustia que trae consigo el dinero… La angustia permanece, se tenga o no dinero. Peor aún, se intensifica si uno a lo largo de la vida ha experimentado tener y no tener dinero, ya que entonces conocemos la trampa de la calma imposible, del tropiezo palpable, del estado ideal inalcanzable.

Ahora entiendo bien la frase de aquel amigo mío que me dijo “El Dinero es del Diablo …”. Ni el Diablo existe, ni el Dinero permanece inmóvil ni se esfuma por completo, y lo único que debemos aprender es a valorar la angustia y la ansiedad que trae consigo todo éste debate, ya que genera el miedo suficiente e insuficiente para echar a andar día con día la citada maquinaria …

Darián Stavans.

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 M a y a

 

Tuve una perra labrador por doce años, se llamaba Maya. Mi esposa la trajo a la casa cuando tenía dos meses, se la dio un amigo. Debo admitir que no quería involucrarme en situaciones de esa naturaleza en esos momentos porque nos acabábamos de cambiar de casa, y la remodelación de la misma había costado dinero, esfuerzo y energía, por lo que mi esposa la trajo a escondidas (me imagino que suponen porqué…jeje). Recién se la dio éste amigo, la tuvimos que dejar encargada con mi suegra por unos días ya que hicimos un viaje al sureste mexicano atendiendo una gira de conciertos de piano. Es por eso que la perra llevaba el nombre de Maya. Se lo escogimos manejando de un lugar a otro, en ese paradisiaco lugar de las costas mexicanas, la Riviera Maya, cuna de la cultura Maya.

La perra empezó a crecer. Ya se pueden imaginar el primer año y medio la sobrevivencia y el ritual cotidiano mientras tan noble criatura alcanzaba la edad suficiente para dejar de destrozar la casa. Creo que la destrozó tres o cuatro veces casi por completo; remodelaciones tras remodelaciones, cambios de alfombras y demás adornos que rompió, se comió y volvió a romper.

Así la perra alcanzó su edad adulta. Al año y medio casi dos años era ya una perra labrador hermosa, alta, noble, inteligente, fuerte, leal y muy cariñosa. Los perros labradores tienen muchas cualidades. De hecho son los favoritos de muchos entrenadores porque tienen habilidades únicas que los distinguen, como muchas que acabo de mencionar, entre otras.

Maya era una perra muy popular por su alto grado de belleza. Todos la identificaban de inmediato. Reaccionaba rápidamente al cariño y más de uno decía que tenía comportamientos casi humanos porque era muy viva, de rápido aprendizaje, obediente, y además, de mirada dulce y tierna.

En una ocasión, mi esposa realizó un viaje de trabajo lejos de la Ciudad de México. Aproveché esos días para componer la música que contiene mi producción discográfica Poética, conformada por ocho temas musicales. Comenzaba a componer sentado frente al piano temprano por la mañana y terminaba por la noche; se me iban las horas volando, pero a la vez, tuve la oportunidad de concentrarme y el avance musical fue veloz. Era la primera vez que vivía algo así; Maya, todo el tiempo estaba conmigo junto al piano, escuchando y compartiendo el proceso de la creación musical, que no es el mismo que escuchar la producción terminada. Como si ella estuviera componiendo la música junto conmigo, como si estuviera entendiendo cada frase y cada fraseo musical, Maya participó en cada compás escrito que conforma la música de Poética. En ocho días de concentración casi absoluta terminé de escribir el manuscrito musical, la partitura.

Maya llegó a su madurez. Compartía con nosotros la vida entera, era una gran compañera. Salíamos con ella a pasear, en ocasiones hasta dos veces al día. Mi esposa le compraba su helado que gozosamente comía al lado de los nuestros. Veía películas en la televisión junto a nosotros, y su mirada reflejaba un algo como si entendiera la trama. De vez en vez pedía respetuosamente de comer junto a la mesa del comedor para compartir algún alimento que le podíamos ofrecer. Pero lo que más disfrutaba Maya, lo que la hacía distinta a todos sus demás comportamientos, era cuando yo ponía a tocar el disco de Poética. Se recostaba inmediatamente junto a mí, estiraba sus manos y patas, y se dejaba adentrar en la conducción musical de principio a fin. Nada la interrumpía, nada permitía ella que la interrumpiera.

Suelo escuchar mucho éste disco Poética porque es uno de mis favoritos. Uno se identifica más o menos con ciertos trabajos que uno realiza, y éste, es uno de ellos; es por ésto que Maya tuvo muchas oportunidades de escuchar Poética. Siempre, recostada junto a mí.

La música de Poética y Maya fueron, son y serán una mancuerna universal; en mi mente y en mis emociones como estoy seguro que en las de ella también. Se creó un vínculo único, expresivo, bondadoso, como una historia de amor.

Un día Maya enfermó. Sabíamos que estaba mal de salud, pero no pensamos, ni queríamos imaginar, el vertiginoso desenlace de su final, que para ser honesto, fue muy triste. Le dimos lo mejor de nosotros a través de esos doce años y bueno, ella, no dio mucho más de lo que uno puede esperar de una perra. Todo aquello ha quedado grabado en nuestros recuerdos y en nuestros corazones para toda la vida.

Yo tomé la decisión de llevar a Maya a su final; mi esposa no podía, es muy difícil, lo reconozco, pero Maya ya no podía dar ni un paso más, nos pedía a gritos (con su silencio) que le diéramos paz, otorgándole el desenlace de su existencia. El 6 de septiembre de 2009 murió. Me comuniqué con su veterinario y programé su partida para las seis de la tarde. Había sido un año que inusualmente no había llovido en México y durante meses clamábamos por agua. Ese día a las seis de la tarde en punto cayó el primer y casi último diluvio del año, lleno de relámpagos y truenos, como si el Cielo llamara con justicia a su alma, puntualmente, cuando Maya vivía su último suspiro. Todo el día, un domingo recuerdo, estuve al lado de ella, acariciándole su rostro y de fondo escuchando el disco de Poética que nos acompañaba compás por compás a los dos. No es fácil dejar ir a un perro así. Sin embargo el hecho de haber escuchado junto con ella Poética durante más de seis horas aquel día, me dejó a su alma impregnada en mi cuerpo, y a su cuerpo, Dios se lo llevó…

Cada 6 de septiembre escucharé Poética. Es prácticamente reciente su partida; solamente una vez lo he experimentado, pero ahora que recién lo hice, me sentí tan bien, tan cerca de ella, que me inspira nuevamente.

Cada nota musical de Poética es de Maya, y de Maya será para siempre…

Darián Stavans.

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D e f i n i c i ó n  d e  A r t e

 

Desde hace tiempo atrás me atreví a dar una definición personal de arte: “El arte es todo aquello que prácticamente no sirve para nada”. Esta definición mas que platicarla o compartirla con colegas, la pensaba, mientras cursaba mis Licenciaturas en Piano y en Composición Musical así como también después, durante la Maestría en mis paseos por la ciudad de Boston en Estados Unidos.

Históricamente es bien conocido que las Bellas Artes se dividen en seis: arquitectura, escultura, pintura, literatura, danza y música. Por otro lado, los griegos antiguos dividían las artes en superiores y menores, siendo las artes superiores aquellas que permitían gozar las obras por medio de los sentidos superiores, (vista y oído), con las que no hacía falta entrar en contacto físico con el objeto observado; las Bellas Artes eran seis: arquitectura, escultura, pintura, música, declamación y danza; la declamación incluía a la poesía, y con la música se incluía al teatro; esa es la razón por la que el cine es llamado a menudo hoy por hoy, el séptimo arte.

Retomando mi definición que “el arte es todo aquello que prácticamente no sirve para nada”, entro a menudo en conflicto al plantearlo de ésta manera, con la arquitectura, porque de todas las artes (históricamente seleccionadas), es la única que sí sirve prácticamente para algo. Mucho se debate sobre el tema, y en la medida en que el tiempo pasa, la forma de seleccionar el arte, forzosamente tendrá que ir variando al incluirse nuevas tendencias y/o formas de expresión.

Yo sigo fiel a la idea de que “el arte es todo aquello que prácticamente no sirve para nada”, y cuando me refiero prácticamente quiero ser muy claro en el entendido de que antes de que el arte tenga cualquier aplicación y/o negociación de mercado, no cumple ninguna función práctica en su concepción original.

Imaginemos entonces la inmensidad de posibilidades y funciones que el arte cumple al no ser concebido bajo ningún fin práctico. Somos la única especie animal en el planeta capaz de hacer arte. Es cierto que algunas especies animales son creativas en decorar sus nidos elaboradamente o atraer a sus parejas a través de estéticas elevadas, pero en tal caso, cumplen una función práctica.

Entonces ¿Qué es el arte?, ¿Para qué nos sirve?, ¿Cuál es su objetivo y/o su finalidad si no es práctica?. Ahí se encuentra la respuesta: nos nutre para todo lo demás. Gracias a que el arte sacia nuestras necesidades emocionales y espirituales, gracias a que acaricia nuestras almas y alimenta nuestra espíritu, estamos listos para resolver todos los dilemas prácticos que la vida nos presenta.

¿Qué haríamos como seres humanos sin arte?; estoy seguro que lo crearíamos de inmediato porque tenemos la capacidad como especie de hacerlo, y además, es nuestro balance interior, son las respuestas existenciales que prácticamente no encontramos por más que resolvamos y concretemos dilemas, materialicemos eventos y nos desarrollemos personalmente. Si no fuera por el arte, en cualquiera de sus formas de expresión, nuestra brújula estaría perdida, nuestras almas desorientadas y nuestra vida emocional casi rota.

Es cierto, “el arte es todo aquello que prácticamente no sirve para nada”, pero gracias a él somos la especie que somos, la que nos distingue de las demás y la que aunque hambrientos siempre por entender nuestro origen y desenlace en éste cosmos, en éste tránsito por la vida incomprensible por nuestra razón, nos cae como un bálsamo que acaricia nuestra piel, que penetra nuestros poros, se cuela por nuestros ojos y oídos hasta llegar al alma, ese rincón escondido tan sensible, preciado y delicado que todos tenemos, que todos cuidamos y debemos enaltecer, ya que día a día dicta nuestra dirección por el deambular de nuestra productividad y así dibuja "prácticamente" las rutas cotidianas de nuestra insaciable existencia…

Darián Stavans.

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E s t é t i c a  d e  l a s  C r e e n c i a s

 

He viajado relativamente poco a lo largo de mi vida. Soy más un viajero interior que un viajero exterior. Sin embargo cuando lo hago, procuro que los viajes sean además de placenteros y/o productivos, introspectivos y reflexivos.

En los últimos años he tenido la oportunidad de viajar con frecuencia a tres lugares; uno es la ciudad de Houston Texas, el otro es el tesoro urbano de Oaxaca y por último en la Riviera Maya, Tulum.

En la ciudad de Houston existe un circuito cultural que ha sido patrocinado a lo largo de los años por la familia De Menil, iniciado por la coleccionista franco-americana Dominique De Menil. Este circuito consta principalmente de un museo en donde se exhibe de manera permanente la colección privada de arte de la familia De Menil. A un costado del museo, además de la galería del pintor norteamericano Cy Twombly (también de la familia De Menil) se encuentra The Rodko Chapel, una edificación por mas moderna, comisionada por John y Dominique De Menil al artista norteamericano Mark Rodko; es un recinto sagrado, conceptual y contemporáneo. Del lado izquierdo de ésta capilla, se encuentra The Byzantine Fresco Chapel, una arquitectura también financiada y patrocinada por la familia De Menil para enaltecer un fresco bizantino; de hecho ésta edificación fue el último proyecto construido por Dominique de Menil en el año de 1997.

La ciudad de Oaxaca, patrimonio de la humanidad, posee como centro religioso al coloquial Templo de Santo Domingo, ubicado en las calles de Macedonio Alcalá, a unas cuadras de la alameda central.

Tulum, al día de hoy, son las únicas pirámides descubiertas que además de ser un centro ceremonial de la cultura Maya, se encuentran a la orilla del mar.

¿Que tienen éstos sitios en común?; son profundamente hermosos, bellos y estéticos. “The Rodko Chapel” y “The Byzantine Chapel” son dos de los recintos artístico-religiosos más plenos que haya conocido. Ambos, cada uno con su carácter bien definido; el primero un reto conceptual y el segundo un reto arquitectónico, ofrecen al público una invitación a la paz, a la espiritualidad y a la reflexión. Por otro lado, el Templo de Santo Domingo en Oaxaca, es un recinto exquisito, los dorados brillan por doquier, se escuchan cantos y voces de cada ángel que adorna aquel lugar. Y finalmente Tulum, basta con pararse a lo alto de la pirámide mayor y mirar hacia ese mar azul que solamente la Riviera Maya puede ofrecer, para sentir su gesto de bondad, su mágica intersección entre la espiritualidad y la espontaneidad.

Me pregunto: ¿Se necesitan las diferencias de credo para elevarse tan alto? o ¿Uno es capaz de elevarse y compenetrarse en los rincones más sublimes del alma, en la espiritualidad más subjetiva en cualquiera de éstos sitios maravillosos?; yo pienso que sí; trasciende uno su propio credo, su propia religión; uno adopta y adapta éstos paisajes al mundo místico de cada uno de nosotros, en donde nuestras propias formas y tiempos logran un novedoso ritmo de creación y abstracción.

Claro está que para tal propósito tenemos que creer que Dios es un invento del hombre; de lo contrario sería impensable adaptar éstos sitios a nuestras propias creencias (salvo algunas emergencias). Si uno es de esos que creen que Dios es un invento del hombre, encuentra la exquisitez y el placer de los sentidos elevado a la máxima estatura en cada uno de éstos sitios.

¿Qué es lo que nos dicen éstos lugares?; ¿A qué y/o a dónde nos invitan?; en mi opinión, nos conducen a la “Estética de las Creencias”, en donde no existen las barreras y/o las diferencias religiosas. Son tan hermosos los recintos y los íconos ahí representados a través de la belleza, de la estética misma y de la búsqueda artística y espiritual de esa estética, que encontramos las respuestas… nos regalamos un rato de paz…

Darián Stavans.

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L o s  S i l e n c i o s


El reconocido psiquiatra y psicoanalista francés Jacques Lacan, conocido por los aportes teóricos que hiciera al psicoanálisis, basándose en una nueva lectura de Sigmund Freud que incorpora elementos del estructuralismo y de la lingüística estructural, formuló entre muchas otras cosas una tesis por la cual se le identifica: “el inconsciente está estructurado como un lenguaje”. Con este concepto, Lacan pone al inconsciente en la imposibilidad de representar los objetos reales de manera absoluta en el lenguaje, por tanto entonces, el inconsciente se remite a lo “no-dicho” en el lenguaje.

Mucho pienso en ésta tesis cuando comparo el lenguaje (del que habla Lacan) con el lenguaje artístico, especialmente cuando me refiero y evoco la idea de lo “no-dicho” en la creación artística.

Lo viví desde chico con mi padre. Él es actor y director de teatro; compartí de cerca sus producciones teatrales; especialmente disfrutaba el proceso de ensayar la obra teatral hasta que tuviera la calidad suficiente para llegar al estreno. Mi padre siempre me decía: ¡Las pausas… los silencios antes de empezar un diálogo, un discurso, una escena, es lo que le da toda la fuerza dramática a ésta, todo el esplendor… los silencios son tan o más importantes que los diálogos entre los personajes…, hay que darles su dimensión exacta!.

En la danza, en la poesía, en la narrativa, etc., sucede prácticamente lo mismo, lo “no-dicho” cuenta tanto como lo dicho. Es una mezcla de realidades e irrealidades, de conceptos tangibles e imaginables, de reposo y movimiento, que en su conjunto plasman la lingüística propia del arte en cuestión.

De la misma manera el pintor hace lo suyo. Inicia por su parte más creativa, dibujando, trazando, y al hacerlo, marca el contorno de lo que va a representar y deja en blanco, en lo “no-dicho”, la expresión y el contenido.

Como músico siempre lo he tenido muy claro. Los silencios son la fuerza de las notas. El fraseo musical penetra de forma sensible y ahonda, cuando las cadencias musicales están bien logradas, y éstas se logran adecuadamente, cuando al inicio y al final de una frase musical, proporciona uno el tiempo determinado y suficiente para que el silencio promueva “su” discurso musical. Y es entonces, cuando el tejido armónico melódico vierte sus sonidos sutilmente, y el escucha los define y los reposa a través del silencio que los circunscribe. He ahí la ciencia de la comunicación musical y/o más allá, artística en lo general; lo “no-dicho” es el perímetro de lo dicho.

Desde el punto de vista psicoanalítico, lo “dicho” es lo primero, es la presencia, es la contundencia, es lo que platican las personas y con ello aportan su geografía interior, su mundo estructural, sus experiencias vivenciales y su camino existencial. Todo comienza (entre muchas otras cosas), continúa y concluye en descubrir, en ir palpando, sintiendo, empapelando lo “no-dicho”, ya que ahí se encuentra la riqueza oculta. Lo no narrado es la práctica del inconsciente, y por lo tanto, lo difícil de expresar. Lo “no-dicho” contiene las fórmulas, secretos, miedos, y demás material necesario para completar el rompecabezas de “la” forma, “del” lenguaje individual. Los silencios entonces equivalen a lo “no-dicho” es cierto, y como tal, contienen la magia y la virtud que nos hace falta, para cautelosamente dibujar la radiografía completa de nosotros mismos.

Como lo he planteado, los silencios remiten a lo “no-dicho”, y como tal, Jacques Lacan nos muestra un perfil majestuoso de nuestro mundo interior, de nuestro universo personal, tan individual como nuestro lenguaje culto y oculto.

Un silencio es más poderoso que mil palabras lo sabemos; entonces a que equivalen “Los Silencios …"?; es infinito, siempre y cuando transluzcan el sentir y el sentido de quien los manifieste. Lo “no-dicho” y sus silencios irán siempre de la mano dictándonos la pauta de las expresiones de cada paso que damos dentro de nuestra existencia.

Pongamos mucha atención en lo que no decimos, porque ahí está la clave, el secreto y la magia de todo lo que decimos…

Darián Stavans.

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L a  V e n t a n a

 

Un buen amigo mío, el reconocido pintor mexicano Leonardo Nierman, me invita a menudo a charlar a su casa. Es un gran artista y además un gran ser humano. Tiende a contar historias, anécdotas, cosas que le vienen a la mente según avanzamos en la charla, y siempre son inteligentes y simpáticas. Posee un gran sentido del humor, lo que hace que las pláticas sean muy agradables.

En una de las visitas, no recuerdo bien, creo que estábamos platicando acerca de las bondades que tiene la vida y las dificultades que a veces presenta; entonces entre frase y frase me dijo: ¡Hay que abrirle una ventana a la suerte!, se refería a comprar de vez en cuando (como suelen decir) un cachito de billete de lotería: ¡Si no lo compras, no abres la posibilidad a que suceda!.

Por otro lado, a mi esposa le gusta mucho mirar por la ventana. Suele sentarse (o también de pie) largo rato frente a ella y reflexionar, especialmente cuando necesita resolver algún dilema. Le gustan las ventanas grandes, y no precisamente las que evoquen un paisaje inspirador, sino más bien, si tiene la oportunidad de encontrar una ventana que deje ver el deambular urbano, el movimiento, gente que va y viene, mucho mejor.

Suelo reflexionar acerca del paralelismo que existe entre ambas experiencias, entre la frase de mi amigo Leonardo Nierman y las reflexiones de mi esposa frente a las ventanas, y llego a la conclusión que ambas hablan de lo mismo, es interesante observarlo. Las dos plantean la interacción personal con el mundo desconocido; la primera, dando la oportunidad que el azar enriquezca nuestras vidas personales y la segunda, a través de la reflexión sobre el quehacer ajeno, empapándose un poco de él y enriqueciéndo así nuestras experiencias propias.

Lo más interesante de ésta analogía, es atreverse a vivirla, romper nuestro cascarón y abrirnos al mundo ajeno, al mundo del otro. El ensimismarse de manera continua en nosotros mismos promueve la claustrofobia existencial, y me refiero con esto a repetir lo básicamente aprendido y no permitir la inclusión, sino la exclusión. Somos sí, lo que somos, pero somos también un “cachito” de los demás, y es ese cachito el que, como dice Leonardo Nierman, con suerte y pega, es decir, que pueda modificar aspectos (tal vez hasta hoy desconocidos) de nuestros quehaceres cotidianos. Mi esposa también plantea en su reflexión la inclusión de los demás en nuestras motivaciones propias, y de esa manera resolver dilemas personales a través de la observancia de los quehaceres ajenos y/o mundanos.

Es cierto que lo que nos mueve y lo que no nos mueve son las necesidades. Las que para uno son prioridades para el otro tal vez no tengan ninguna relevancia lo sabemos. Sin embargo, nunca nos dejan de atraer las necesidades y/o las no necesidades ajenas ya sea para criticarlas o para imitarlas, porque esto nos define. De cualquier forma creo que lo que va más allá es (como dicen por ahí… chicle y pega) darnos la oportunidad de encarnar de vez en vez las necesidades de los demás en las nuestras, ya sea por azar y/o por reflexión, y tal vez bajo esa óptica, nuestro espectro se abra, y al hacerlo, descubramos un abanico de posibilidades que estaban escondidas, enterradas, debajo, más por debajo… de lo que creíamos eran nuestras únicas verdades…

Darián Stavans.

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L a  P r o p i e d a d  P r e s t a d a

 

Un amigo que conozco hace tiempo viene a menudo a visitarme. Suele dejarlo por largas temporadas y después retoma las visitas de forma tempestiva, así se siente a gusto. Es una persona temperamental, impulsiva e inquieta. No es un amigo de grandes palabras, es retraído pero a la vez abrupto, irrumpe de repente con comentarios que le nacen del alma, se ve, se siente, comentarios que difícilmente pasan por la razón.

Este individuo es un hombre adinerado. Su fortuna no proviene de ninguna actividad industrial importante, no es tampoco un profesionista destacado ni tiene comercios que le produzcan dinero. Su riqueza que es grande proviene de bienes, de propiedades que él administra; las renta de mil maneras según las necesidades del inmueble y las de sus clientes. Este dinero que gana le ha dejado lo suficiente para vivir cómodamente, mantener a su familia y no preocuparse por el aspecto económico.

Dichos bienes que posee y administra, son producto de varias herencias que por casualidad se  destinaron hacia él. Una tía sin descendencia le dejó algunos cuantos, otro tío abandonó a sus hijos y le dejó las propiedades y finalmente como hijo único, heredó los bienes de sus padres.

Tiene una historia peculiar el hombre. Es viudo desde muy joven, desde los 45 años, no se volvió a casar, tiene dos hijos y dos hijas, de las cuales la mayor de las dos es adoptada; en muchas ocasiones deja entrever su preferencia por ésta hija que mucho tiene que ver con sus orígenes.

Una de sus principales preocupaciones es la herencia de sus bienes, es un tormento que ha cargado en sus hombros durante años, prácticamente desde que los tiene. Suele decir: ¡Qué van a hacer mis hijos con ellos cuando los tengan en sus manos, seguramente errores y errores hasta perderlos; como yo no sé nada más que hacer en la vida mas que administrar mis bienes, no les he enseñado nada importante, por lo cual seguramente no sabrán que hacer con ellos¡. Esta ha sido la retórica de su vida. De esos bienes ha vivido pero a la vez ha sufrido pesares propios y ajenos; han sido como estatuas impuestas en su historia casi estóica, que no le permite mirar alrededor ni darse cuenta de tantas cosas más que la vida tiene para ofrecerle.

Un día le dije: ¡Las cosas las tiene uno prestadas, aunque uno sea dueño legalmente de ellas, las tiene uno prestadas... tan las tiene uno prestadas, que sabiéndose uno dueño de ellas, está uno todo el tiempo preocupado de a quien y cómo se las va uno a dejar, porque sabe uno que las tiene prestadas…!. De inmediato le cambió el rostro al hombre. Mis palabras le dibujaron una silueta de mundos cotidianos de los que no se había percatado, mundos que han estado a su alrededor y que tanta falta le ha hecho mirarlos. Le terminé diciendo: ¡Mientras los bienes estén es tus manos, los administraras a tu gusto pero siguen siendo prestados; ve pensando en cómo heredarlos, a quien dejarle qué y cómo; lo que no puedes hacer es pedirle prestada la administración futura de esas propiedades a tus herederos, porque ellos hoy, tampoco saben que harán con lo que les dejes mañana, ya que cuando los tengan en sus manos, también para ellos serán prestados, y lo que hagan con ellos, resultará de la ecuación que en ese momento dicte su existencia…

Darián Stavans.

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V e c i n o s  D i s t a n t e s

 

En el año de 1985 se publicó el libro “Vecinos Distantes” del escritor Alan Riding. Es un estudio sobre la relación y distancia que existe, ha existido y existirá entre México y Estados Unidos. Es un escrito muy interesante, ya que habla de cómo dos países que comparten una frontera de casi 3000 kilómetros, que geográficamente están tan cerca, son en esencia tan distintos. Lo que tiene uno de organizado, lo tiene el otro de desorganizado. Lo que tiene uno de civilizado y sistemático, lo tiene el otro de espontáneo. Uno lucha para que su cultura culinaria se enriquezca un poco, mientras que al otro le sobran sabores, tiene platillos e ingredientes demás. En fin, podría escribir infinidad de ejemplos, pero vale más la pena la lectura del libro ya que habla de lo que propone, de cómo dos culturas están tan cerca, y tan lejos a la vez.

Me vienen de inmediato a la mente tantos ejemplos de personas que conviven, que son parte de esquemas y/o núcleos familiares y/o sociales, y que son tan distintos, distantes. Me refiero a  estructuras que funcionan, o que durante un lapso de tiempo lo hacen, y que si individualizaramos y/o aislaramos a los elementos que la componen sería casi impensable imaginar que convivan, que armen entre sí una estructura, de lo distintos que son. Pero sucede, por lo que son “distantemente cercanos”.

Cuando uno se adentra en esos universos estructurales es fascinante. Me refiero a casos que existen, familias y/o sociedades sólidas; abuelos, padres, hijos y nietos por poner un ejemplo, funcionando (casi) a la perfección (porque somos humanos) y que a su vez individualmente, son profunda (por no decir disparatadamente) distintos.

¿Cómo es que esto funciona (como he dicho, casi) a la perfección?. Lo que hace funcionar la maquinaria tan bien es que son vecinos, la estructura en sí es la que los sostiene: Individualmente fallarían estoy seguro, pero mientras la estructura exista, ellos existen. Su geografía interna estructural es la garantía de su estado y su porvenir.

No cabe duda que es la evidencia contundente de los “Vecinos Distantes”, en su plena y depurada expresión…

Darián Stavans.

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L o  M á s  S i m p l e

 

Percibo la vida lo más simple posible. La sencillez en las cosas hace de éstas que sean diáfanas, transparentes, translúcidas. Aunque aparentemente parezca lo contrario, las hace virtuosas (pero sin efectos especiales). Creo férreamente que tendemos a complicar las cosas para entretenernos con ellas, para darles vuelta y media, cuando son realmente sencillas.

Mi trabajo musical también es minimalista; la economía de medios facilita mi entrada al universo artístico. Ya me decía algún profesor de la maestría en Composición Musical en el New England Conservatory of Music: ¡Pocas notas pero bien colocadas!, y cuando algún trabajo musical no le gustaba, su comentario era: ¡Too many notes¡ / ¡Muchas notas!.

Más allá de lo que el extraordinario libro de Milán Kundera exhibe y propone, el título de éste “La Insoportable Levedad del Ser”, nos confirma el planteamiento que aquí describo. Es una tarea difícil entender nuestro paso por la vida porque es tan leve, tan liviano, insoportablemente ligero, que es por ello que tendemos a complicarlo y así tratar de sustentar nuestra existencia, nuestras creencias y nuestros principios. Sin embargo si se nos va la mano y la cargamos demás, peligramos en regresar al principio de las cosas, al planteamiento original de lo absurdo; es decir, se vuelve insoportable lo que era soportable, lo convertimos en insoportable de nuevo y de esa manera caemos en círculos viciosos en vez de virtuosos.

El miedo contribuye en el deambular de todo esto. Nos aferramos a las cosas y no las soltamos; a veces, porque estamos acostumbrados a ellas; en otras ocasiones porque no conocemos algo distinto, y en la mayoría de las situaciones es la mezcla de las dos. Y así complicamos lo que es sencillo, lo que es simple. Cuantas veces después de alguna introspección decimos: ¡Si yo hubiera sabido la respuesta o conocido más sobre … que se yo… lo que sea…, tantas cosas me hubiera evitado!. Muchas veces pienso que (no siempre, pero sí seguido) sabemos las respuestas y es fácil resolverlas, pero nos da miedo hacerlo, y/o lo argumentamos; ¿Porqué?, porque es lo que nos enseñaron, lo que aprendimos, a aferrarnos a lo conocido y complicarlo, en vez de soltarlo simplemente y tomar lo siguiente, lo nuevo, lo desconocido y simple por conocer.

Hay que aislar, separar y blindar cada parte de nuestra vida. De esa manera creo, la entendemos mejor, “más simple”. Un viejo amigo alguna vez me comentó una frase que ilustra bien ésto que digo: ¡Una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa…!. Una cosa es nuestra vida interior, otra cosa es nuestra vida exterior y otra más nuestro discurso que une a ambas. Con pocas palabras se puede decir todo.

Ahora bien, ¿Qué tan simples deben ser las cosas?. ¿Hay un límite en ésto?. Desde mi punto de vista sí lo hay. Los planteamientos nunca deben perder cohesión por más simples que sean. Los quehaceres estéticos se deben a lo mismo, deben ser fieles a su verdad intrínseca, ya que si no es así, pierden gravedad y ganan levedad, cuando lo difícil es el balance entre éstos valores. La insoportable levedad se debe compensar con algo de gravedad, debe ser poca, como digo, pero con poca nos unimos a la tierra, nos da sentido de territorialidad, nos atamos los unos a los otros; de lo contrario, saldríamos disparados al cosmos y nos perderíamos por ahí, lo que no nos permitiría materializar nuestros propósitos ni nuestros actos, nuestro legado ni nuestra historia.

Me viene a la mente otra de las frases célebres del profesor Albert Einstein: ¡Las cosas deben ser lo más simples posible, pero no más simples…!

Darián Stavans.

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D e p e n d e

 

Lorena Zozaya - Mi Esposa

Mi esposa y yo acostumbramos tener conversaciones. Son sobre tópicos diferentes, temas diversos. Muy a menudo son solamente intercambio de ideas aunque de vez en cuando nos fundimos en diálogos profundos. Lo bueno es que siempre terminan bien porque ambos tenemos buen sentido del humor.

Los juicios de ella tienden a ser tajantes. Como buena descendiente de españoles, la precisión de sus respuestas están en función de sus actos, materia y práctica del asunto a discutir. Habla más de veinte veces por teléfono celular e interrumpe las conversaciones porque es parte de su estilo, está materializando siempre su universo. No pierde ni un segundo, lo que representa el piso y la logística que está representando.

En el otro extremo del panorama están mis respuestas; de entrada, son opuestas en estilo a las de ella; tiendo a desdoblar los temas, a argumentarlos y a volverlos a desdoblar, siempre estableciendo las mil y un facetas que puede tener el abordar una situación. Después de ser interrumpido por sus veinte llamadas, trato de poner el orden en las ideas de nuevo, y los estilos opuestos emergen otra vez, y aunque se enfrascan, debo reconocer que nos complementamos bien, que de base hablamos el mismo idioma y estamos de acuerdo, solamente la diferencia está en los estilos. Claro, las formas de los planteamientos difiere (salvo algunas ocasiones) casi desde el saludo…jeje.

Si hay algo que la puede desesperar a lo largo de las conversaciones es cuando le contesto “depende”. Suelo utilizar de manera frecuente ésta palabra para multiplicar facetas y proporcionar la mayor cantidad de ángulos posibles desde los cuales se pueden ver una situación. Con el “depende”, insisto en la jerarquía de prioridades con las que uno aborda las ideas o cómo los aspectos de la vida nos afectan y están contendiendo permanentemente, y “depende” de cómo los vea uno, establecemos la disciplina cotidiana hacia ellos.

Mi “depende” es su peor enemigo… jeje; la desespera al grado de las carcajadas; logro entender el porqué. Es una persona terrenal y material, y cuando digo material no quiero dar a entender que es banal o superficial sino todo lo contrario; es (casi) absoluta en sus juicios y en sus determinaciones; así es su carácter, así se siente bien, es altamente productiva y además es muy simpática.

Me viene a la mente la teoría del profesor Albert Einstein a quien con frecuencia recurro para explicarme cosas, por su capacidad superdotada de síntesis: “Nada es absoluto, todo es relativo..”. Lo que plantea el profesor Einstein es aplicable desde las complejas teorías de la relatividad hasta pláticas casuales de un buen café; lo confirmo día a día con mi esposa con quien la mancuerna entre lo absoluto y lo relativo juegan un papel preponderante, se necesitan mutuamente para coexistir.

Me pregunto, ¿Cómo llegaría el profesor Einstein a entender que todo es relativo, que nada es absoluto?; creo llegar a la conclusión al plantearme la idea que partió de lo absoluto y de su necesidad de desdoblarlo, de darle su justa medida, que bien a bien, es lo relativo.

Algo similar siento al platicar con mi esposa. Su contundencia es el absoluto, tan valioso para materializar y concretizar acciones, y mi “depende” es lo relativo, el abordar las ideas desde el ángulo de las jerarquías, de las prioridades, de las mil y un facetas, partiendo referencialmente de lo absoluto. No habría relativo sin absoluto…ni viceversa…

Me pregunto si Albert Einstein hubiera podido tomarse un café con nosotros; hubiera sido una experiencia maravillosa. A ella seguramente la hubiera etiquetado de radical, casi “etarra” (por su ascendencia española… jeje), y a mí me hubiera llamado “el rey del rollo…" jeje). Sin embargo creo en lo que digo, y estoy seguro que él se hubiera divertido mucho y nutrido de nuestras conversaciones. Tal vez le hubieran parecido graciosas y hasta en una de esas… nos hubiera dado crédito en sus postulaciones…; claro está… todo “depende”, desde que ángulo lo hubiera visto…

Darián Stavans.

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S e r ,  H a c e r  y  T e n e r  . . . 

 

Me gusta hablar sobre el “ser”. Hablo de ello por varias razones; porque el “ser” es el inicio de todas las cosas; así llegamos al mundo, transitamos por él, lo enriquecemos y a la vez nos nutrimos con el diálogo cotidiano; producimos desde ese ángulo, y de esa manera conocemos y evolucionamos con los demás.

Los orígenes del “ser” son complejos; abarcan el mundo interior que a su vez está constituido por estados innatos y valores y/o costumbres aprendidas, también de experiencias personales, que al ir desarrollándose a lo largo de la vida convierten al “ser” en el “quehacer”. La cotidianidad se encarga de esto; dependiendo de nuestra edad y necesidades, el “ser” paulatinamente evoluciona hacia el “quehacer”, y va marcando sus pautas.

A lo largo de la vida realizamos muchas cosas; unas son exclusivamente gustos personales y otras, tareas o legados ideológicos que hacemos y/o deshacemos de forma conciente e/o inconciente y que sacian nuestro compromiso de grupo. Pero el “quehacer” es el entretenimiento y la preocupación preponderante durante el más extenso lapso de la vida.

Como consecuencia del “ser” hacia el “quehacer”, logramos el “tener”. De igual manera el “tener” tiene muchas facetas, ópticas, ángulos distintos, jerarquía de valores. Lo que para unos el “tener” significa algo, para otros significará otra cosa, pero en ambos casos, o mas bien, en todos los casos, es el resultado de la migración del “ser” hacia el “quehacer”.

La cultura occidental en la que vivimos confunde muy a menudo éstos valores, desordena el orden. Civilizaciones completas se han visto enfrascadas, algunas hasta enfrentar su perdición. Nuestros líderes político-económicos nos han utilizado como instrumentos para lograr sus metas individuales, que distan mucho de ser legados legendarios, o peor aún, verdaderas trasformaciones sociales, de reparto de la riqueza, de la educación y de la cultura, de la enseñanza, de los principios éticos y morales. Nos han convertido en sus títeres; éste teatro disfrazado de aparentes bondades (o como dicen los norteamericanos “el establishment”) no es mas que un rotundo negocio de unos cuantos y una compleja confusión de toda una civilización.

¿Cómo le han hecho?, invirtiendo el orden, y haciéndonos creer que es el correcto. La gente quiere primero “tener”, después “hacer”, y posteriormente luchan en base a ese conflicto para “ser”. Muchos viven inmersos dentro de éste sistema sin darse cuenta, mientras otros sufren y lo cuestionan.

Después de analizar ésta retórica constante, la traba la encuentro en el orden. Primeramente hay que “ser”, posteriormente “hacer” y finalmente “tener”. Estoy seguro que de ésta manera se es más feliz. Lo contrario va en contra de nuestra naturaleza…

Darián Stavans.

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M u s i c o t e r a p i a  y  E n d o r f i n a s

 

Agradezco día a día los comentarios positivos y alentadores que me escriben en el libro de visitas de mi sitio web que expone mi producción musical. Me siento retroalimentado al recibir tales comentarios, ya que confirman el poder que tiene la música dentro del recreo, esparcimiento y saneamiento del alma.

Al echar ojo más a fondo y comparando muchos de éstos escritos entre sí, llego a la conclusión que describen mi trabajo musical como un efecto “sanador”, músico-terapéutico, y de hecho lo tiene. Es un catálogo musical que he venido desarrollado a lo largo de los años, que habla de sentimientos y reflexiones, que toca fibras sensibles, que refleja sensaciones y percepciones. Finalmente es un trabajo musical que nos dice cosas al alma y desde el alma; su estilo es evocador, con una modernidad romántica, etérea y translúcida, y hace de escucharla, una experiencia introspectiva, vaporosa, poética, y “sanadora” (extractos de varios escritos del libro de visitas).

La musicoterapia es una técnica de apoyo en el tratamiento del psicoanálisis muy antigua y probada. Junto con otros estudios sobre el tema apuntan a reafirmar el poder curativo de la música. El uso de la música como vía terapéutica es tan antiguo como el hombre mismo. Ya en los papiros médicos egipcios del año 1500 A.C., hay evidencias de su valor para resolver asuntos relacionados con la fertilidad femenina. Pero fueron los griegos quienes consideraron la música con criterio científico, al utilizarla como agente terapéutico. De hecho Pitágoras, filósofo griego, recomendaba cantar y tocar algún instrumento musical a diario para extraer del organismo emociones nocivas como el miedo, las ansiedad y la rabia.

Hacia finales del siglo XIX, el músico y educador austríaco Émile Jaques-Dalcroze, desarrolló un método para el aprendizaje y experimentación de la música a través del movimiento. Sostenía que el organismo humano es susceptible de ser educado eficazmente conforme al impulso de la música; de ésta manera, se convirtió en el precursor de la musicoterapia como alternativa médica para el tratamiento de diversas enfermedades. Esta práctica consiste en la utilización de la música y/o sus elementos por un profesional calificado, con un individuo o grupo, en un proceso destinado a facilitar y promover comunicación, aprendizaje, movilización, expresión u otros objetivos relevantes, a fin de asistir a necesidades físicas, psíquicas y sociales. Lo que se busca, es restituir funciones del individuo para que alcance una mejor organización intra e interpersonal, y por tanto, mejorar su calidad de vida. La influencia positiva de la música es un asunto complejo, condicionado por la estructura y las funciones del sistema nervioso central y el sistema neurovegetativo, las glándulas de secreción interna y los órganos internos. Todo ello se conjuga en una complicada cimentación, con la obra musical, con su melodía, su armonía, su ritmo, el timbre y la disposición psíquica particular del escucha. La música, según las características señaladas, puede movilizar o bloquear la sensibilidad emocional de la persona, su memoria, su imaginación y sus representaciones mentales. El psicoanalista que utiliza la música como método, debe saber con exactitud, cuándo y cómo reforzar o debilitar, según sea necesario, esas cualidades inherentes al ser. Ciertas pautas sónicas pueden generar per se ondas cerebrales alfa. Cuando se escucha una melodía, el cuerpo tiende a seguir el ritmo. No hace falta una concentración profunda en lo que está ocurriendo, sino que debe dejarse que se produzca como una sintonía automática y sincrónica; de esa manera, el efecto de la música se irá convirtiendo en una especie de masaje sónico que ayuda a eliminar las tensiones provocadas, por una vida cotidiana cargada de estrés y ansiedad. La musicoterapia se sitúa dentro del campo de la medicina recuperativa y está indicada para el estrés, problemas de socialización, además de trastornos físicos, mentales y emocionales, y sirve como un regulador de los estados de ánimo.

He hecho comparaciones entre la musicoterapia y la generación de endorfinas en nuestros cuerpos, que son encefalinas, neurotransmisores opioides producidos en el sistema nervioso central como moduladores del dolor, reproducción, temperatura corporal, hambre y funciones reproductivas. El ejercicio es uno de los vehículos excelentes para la producción de endorfinas, así como la actividad sexual. La generación y estimulación de las endorfinas en el cuerpo ayuda a la recuperación de la depresión y a coadyuvar cuadros de dolor y/o nostalgia prolongada.

Después de estudiar a fondo la musicoterapia, entendiéndola y comparándola con la fenomenología de la generación de endorfinas como alternativas eficientes para abordar situaciones emocionales, llego a la conclusión que ambas tienen algo de impreciso, son aproximadas. La música, que conozco como funciona desde las bases mismas de la creación, cae como un bálsamo en cuerpo y alma de los escuchas, da paz y relajación que penetra voluntariosa hasta cada rincón del ser. De igual manera funcionan las endorfinas; hay casos de personas que se vuelven dependientes de gimnasios por ejemplo, porque encuentran a través de ellos, ese placer que permea sus estados de ánimo.

Estudiar las causas y los orígenes, descubrir las respuestas y armar las explicaciones, darán siempre el conocimiento preciso y la garantía de la geometría dimensional de cada uno de nosotros. El conocimiento amplio de los actos y acciones de nosotros mismos son el motor de la propia sanación. Sin embargo, paralelamente, como compositor y artista, como admirador del deporte y como un asiduo impulsor de los estados de/para una vida mejor, creo que la musicoterapia y/o el ejercicio físico y sexual (generador de endorfinas), acarician el alma, dan paz al dolor, y ayudan a blindar, cotidianamente, sensibilidades sedientas…

Darián Stavans.

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V o l v e r l a  a  V e r

 

En la vida uno se enfrenta a menudo con rupturas. Estas rupturas son multifacéticas. Pueden ser de carácter personal, también suelen ser de pareja, separaciones entre miembros de estructuras familiares, y en ocasiones también rupturas sociales y/o desquebrajamientos culturales. Aunque a veces aparenten ser absurdas, todas éstas rupturas satisfacen causas claras, a veces fáciles de identificar y en otras difíciles, ya que se presentan disfrazadas, camuflajeadas y/o sobreactuadas. De vez en cuando se manifiestan de manera tan “absurda”, que parecería que los seres que las circunscriben están representando situaciones realmente “absurdas”, sin pies ni cabeza; sin embargo, nunca es así.

Una vez instalado de nuevo el orden, dando por entendidas las causas y las explicaciones, y la logística regresando al nicho original, los individuos involucrados en éstas circunstancias, a lo largo de los años, por cansancio o por innercia afectiva, tienden a remendar sus rupturas, mas bien, tratan de depurar sus actos. Algunos de ellos migraron en sus conciencias durante el proceso de separación, otros no. Algunos de ellos siguen temerosos de repetir esquemas que los llevaron a esas rupturas dolorosas, y actúan con miedo al levantar el recuerdo vivido de las memorias y de las heridas, otros no. Algunos ni interesados están en los reencuentros cuando para otros es fundamental la presencia y el remiendo para seguir adelante. Los caminos nunca son paralelos, ni avanzan de manera sincrónica, pero los intentos se dan; es cuestión de paciencia.

Cuando las rupturas son de carácter individual, éste se manifiesta en crisis y desmembrado. En éstos casos el avance es más veloz y aparentemente más sencillo. Sin embargo, si las rupturas se entrelazan con su mundo exterior (lo cual es muy frecuente), el individuo se expondrá a imponderables involuntarios y entrará ésta atemporalidad de procesos compartidos.

Después de todos éstos años de ausencia las personas se vuelven a buscar. El mundo afectivo los obliga y/o el cansancio de cargar sus actos (como lo mencioné con anterioridad), pero… hay algo que he observado… ¿Qué es lo difícil de ver a una persona después de no verla tanto tiempo?; la respuesta es: volverla a ver…

¿Porqué?; es una pasión infinita y/o un enorme cúmulo de emociones lo que define éste primer encuentro; ésto distrae al evento, lo hace apasionado pero a la vez lo desorienta de sus verdaderas consecuencias; ¿Hacia donde van las personas que se reencuentran?; eso se define en volverse a ver. Se ponen a prueba las realidades, los caminos recorridos o detenidos, los círculos virtuosos o viciosos, etc...

Largos procesos de separación no necesariamente significan grandes pasos agigantados, ni de igual forma lo contrario. Los reencuentros se darán positivamente si tan solo uno de los integrantes del encuentro evolucionó en su condición y por consecuencia en su conducta; de lo contrario, se repetirán los mismos esquemas conductuales anteriores aunque las separaciones por años, auguren lo contrario.

No cabe duda; lo difícil de ver a una persona después de no verla… es volverla a ver… 

Darián Stavans.

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U n  S o l o  A m o r

 

Una de mis reflexiones a lo largo de la vida ha sido el amor. Este sentimiento tan extraño que produce mariposas en el estómago así como estragos en el alma. Un sentimiento que se vuelve permanentemente tema a tratar; libros, novelas, cine, teatro, drama!. El Dr. Erich Fromm en su libro “El Arte de Amar” nos postula que el amor es producto de un estado teórico, puesto que es un arte… así como es un arte el vivir, es un arte el amar. El escritor mexicano Octavio Paz (Premio Nobel de Literatura 1990) nos dice: “El Amor es la Búsqueda del Amor”. Estos son solamente dos ejemplos de tantos acerca de éste sentimiento tan controvertido, diáfano, humano, noble y bondadoso, pero también transferencial, destructivo y/o autodestructivo, dependiente y/o co-dependiente, así como demás conductas controversiales, cuando éstas se convierten en otra(s) cosa(s).

Desde mi punto de vista, hay “Un Solo Amor”. Es atrevido expresarlo de ésta manera porque no es lo mismo amar a un padre que a un hijo, porque no es lo mismo amar a un hermano que a un sobrino, a una novia pasajera casi edípica que a una mujer o a un compañero que ha estado a tu lado toda la vida o durante un largo período de tiempo. Sin embargo como dirían los americanos (deeply deeply) profundamente, uno puede (por lo general) ejercer “Un Solo Amor”, el que le dice más a uno, en el cual se ve uno más reflejado, con el cual se siente uno más identificado; los demás amores existen, pero son distintos, se sienten diferentes, los tiene uno ubicados dentro en otro estrado, y uno simula, por mantener la hegemonía familiar y/o social, que uno ama a todos los seres que le son importantes por igual. Pero en realidad, no es así.

A partir de ésta teoría manifiesto la imperfección de los esquemas estructurales. Los padres buscan alianzas con su(s) hijo(s) que le(s) es/son (conciente y/o inconcientemente) preferido(s), y generan un desbalance con los demás. Estos buscarán su balance y su verdad amorosa en otro sitio de la estructura y/o tratando de destruir la anterior, complementar sus carencias en otras estructuras que a su vez, repetirán el mismo patrón de “Un Solo Amor”.

Así vamos transitando por la vida. Generalmente no cambia, lo que cambia son nuestras necesidades y nuestros compromisos, nuestras edades, pero el patrón del único amor (reitero generalmente), rige nuestra existencia. No cabe duda que es un tormento, ¿Porqué?, porque la arquitectura geográfica en nuestro interior que he llamado “Un Solo Amor” va cambiando, es decir, hay ocasiones (muy pocas) que el primer amor de la vida acaba siendo el único y el último, pero lo común es que éste amor vaya mutando. Como ejemplo: el padre puede ser el primer amor de uno, posteriormente una novia adolescente dotada de un romance edípico casi novelesco permea un lapso de nuestra vida; después, una madre apasionada que transfiere amores ocultos desencadenará en una esposa diáfana y fiel compañera con la cual uno tiene descendencia e inevitablemente se siente uno inclinado hacia uno de los crios, y los demás… empezarán de nuevo un nuevo ciclo…” Un Solo Amor”.

Para mí es una verdad incómoda que resulta por más imperfecta y dañina. Estoy conciente que todos sufrimos de lo mismo; o lo amaron de más o lo amaron de menos, o es capaz de amar de más o es capaz de amar de menos pero… que hacer con la teoría de “Un Solo Amor”?; la respuesta es compleja, pero ciertamente su transformación es posible. A base de voluntad y esfuerzo, echando mano y uso de nuestros recursos personales, creo que el pastel se puede subdividir. La tarea es difícil, más aún por la innercia y la precipitación de los acontecimientos cotidianos que nos van sucediendo y nos distraen, pero la búsqueda está ahí. El Dr. Fromm nos dice lo correcto: es un arte y una teoría en sí misma el desarrollarla. El maestro Octavio Paz tiene razón en el entendido que el amor se vuelve la búsqueda de si mismo dentro del trabajo cotidiano para subdividirlo equitativamente entre los seres que nos son importantes y lograr amarlos de manera balanceada y por igual.

Si ésto fuera así, mucha menos gente reclamaría a gritos sus diferencias. Pero eso no es importante; seríamos una especie superior, superior a lo que somos, superior a nosotros mismos, y así la democracia amorosa, rendiría mejor sus frutos…  

Darián Stavans.

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E g o í s m o  d e l  B u e n o

 

Cuando hablamos de la palabra “egoísmo”, existe un estigma, una tendencia a asustarnos, y de paso a asustar a los demás. Crecemos y nos desarrollamos dentro de una cultura (la occidental) en donde desde muy temprana edad nos inculcan la idea de que ser egoísta es malo, está equivocado, es incorrecto, es inhumano. Nos instruyen desde el kinder y primaria que hay que querer a nuestros compañeritos de salón por encima de todas las cosas, tratar siempre de vivir en armonía, sacrificarnos por los demás, formar un eje de partes, ser muy… humano y comprensible. El resultado no siempre es bueno, dista de serlo, diría yo, colinda con lo peligroso, puede formar potencialmente complejos y/o debilidades de carácter en ciertos individuos y confundir aspectos básicos de la sensibilidad a temprana edad, creando confusión. Por otro lado, bajo una buena óptica y una adecuada lectura de las cosas, el egoísmo del bueno, es bueno, no es malo, claro, si se instruye adecuadamente, ya que ante todo, primero debe de estar uno adelante.

En muchas ocasiones, en pláticas de sobremesas y/o platicas de parejas que salen a cenar un sábado por la noche por ejemplo, sale a la conversación la siguiente pregunta: ¿Haber, para ti que es primero, tú o tus hijos?. Con mucha frecuencia uno escucha la segunda parte de la pregunta como respuesta: ¡Por supuesto que mis hijos (casi a gritos), yo daría cualquier cosa por ellos! Primeramente creo que la respuesta es errónea ya que uno es el eje de todas sus cosas, y sin uno, todo lo demás alrededor de uno no existe, y segundo, si llegará a suceder algún evento difícil y/o drástico dentro de las familias en donde realmente un padre o una madre tuvieran (de verdad) que sacrificarse por su(s) hijo(s), en muy pocas ocasiones (digamos, en condiciones normales o lo más normales posibles), si no es que nunca, lo he visto. Francamente creo que es lo correcto, creo que así debiera ser.

Cuando los núcleos familiares comienzan su constitución y éstos están mal cimentados, van desarrollando gradualmente dinámicas patológicas. Estas dinámicas se van malformando sutilmente, casi de manera imperceptible, de la generación de arriba hacia la generación de abajo, es decir, de los padres hacia los hijos, y si alguno de éstos absorbió en su temprana edad el concepto equivoco del no egoísmo, es que indudablemente en su personalidad contiene elementos diáfanos de sensibilidad y apegos afectivos, por lo cual es fácil y casi automáticamente candidato a convertirse en la víctima de dicha estructura y/o núcleo familiar. Este elemento (que generalmente es el más bondadoso y como dicen por ahí, el más buena onda…) se irá convirtiendo y lo irán convirtiendo, en el ser que involuntariamente cargue con la patología familiar.

Hay grados en todo y además no siempre existen; pero cuando existen, no todas las patologías son iguales y no todos los individuos que conforman éstas dinámicas lo son tampoco. Sin embargo, es de gran dolor observar cómo estos núcleos familiares arman su esquema, para recargar (voluntaria e involuntariamente) sus problemáticas patológicas en éstas almas desprotegidas que siempre guiadas por el afecto y la buena fé, sacrifican sus personas por el bienestar de los demás, y reciben a cambio golpes tras golpes, que siguen nutriendo la estructura construída.

Mucho tiempo les toma a éstos seres valiosos reintegrarse y reescribir sus historias, si es que pueden hacerlo. Muchos de ellos se quedan a la mitad del camino y la mayoría ni siquiera lo intenta de lo adherido que está dicho aprendizaje en su universo emocional. Y mezclando miedos e inseguridades así como auto boicoteándose constantemente a sí mismos, irán endosando una y otra vez dicha estructura malformada desde muy temprana edad.

Es importante educar bien a los hijos, encausarlos a un bienestar interior desde pequeños, que convivan de forma armoniosa con el entorno que los rodea, que prevalezca el orden y el respeto mutuo. Pero que nunca olviden que primeramente están ellos, que sin ellos su mundo no existe, y que esto representa el mayor sentido de su personalización. Nunca deben sacrificarse por los demás, especialmente de pequeños, ya que después esto se convertirá (para algunos) en un espejismo que cargarán toda su vida. Hay que enseñar y demostrar que el egoísmo es la herramienta más segura, que es el mejor aliado, el mejor enfoque de la interiorización, ya que de no ser así, pueden ser víctimas susceptibles y además exponerse a ser las ovejitas negras de las manadas blancas, cuando en realidad son las manadas las negras y ellos los blancos, que jamás debieron de haber sido negros ni por un solo instante emocional ni sensible de sus vidas... Por supuesto todo me refiero constantemente, al egoísmo del bueno…

Darián Stavans.

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E l  B a l c ó n

 

Tenemos un par de canarios en casa; son dos pajarillos preciosos de cuatro que adquirimos hace algunos años. Nos quedan éstos dos y los atendemos muy bien, principalmente mi esposa quien tiene una peculiar inclinación por lo animales. Son dos canarios de colores intensos, uno es rojo y el otro amarillo. En primavera emiten un canto tan hermoso que podría asemejarse a un dueto musical claramente ensamblado.

Todos los días los asean, les dan de comer su alpiste preparado, les proporcionan el agua necesaria para beber, y les colocan una tinita dentro de su jaula para que puedan bañarse. Posteriormente los colocamos en un balcón ubicado en el hall de la planta alta de la casa y pasan todo el día ahí; cantan, comen, se bañan, son alegres... se ven felices.

Cuando los canarios proceden a tomar sus alimentos, lo cual es permanente (porque comen de a poquito pero todo el tiempo), es todo un evento, ya que poseen la habilidad de pelar el alpiste, desechar la cáscara, y tomar el producto. Pero en ese proceder, al mismo tiempo desperdician mucho alpiste, que se derrama por la jaula y queda en el suelo del balcón en donde se va acumulando.

A lo largo del día mientras ellos están en su jaula realizando sus labores cotidianas, pajarillos y tórtolas de la calle aprovechan la situación que el alpiste ha caído al suelo y vienen frecuentemente a comer de él; es interesante observarlos, ya que dentro de su idioma uno le comunica al otro que ha encontrado ese manjar, y se acumulan varios en el balcón disfrutando ese evento culinario de gala que los canarios han desechado.

¿Quienes son más felices?, digámoslo mejor, ¿Cual de los dos contextos es más privilegiado?; yo me atrevería a decir que ambos, cada uno con sus ventajas y sus desventajas. Los canarios de la jaula son como dicen por ahí “fresas”, todo lo tienen, siempre lo tienen, son bellos y hermosos, pero serían incapaces de sobrevivir siquiera un rato en los contextos de los otros. Por el otro lado, los pajarillos de la calle tienen la experiencia y la habilidad, el conocimiento y la maña, son capaces y muy vivos, no son bonitos en comparación a los otros (sin embargo su color es un camuflaje para engañar a los depredadores) y todo lo resisten, sobreviven en condiciones extremas y libran toda clase de adversidades, pero son de la calle.

Ambos tienen bonanzas y limitaciones; y si de libertad se trata, a mi juicio ambos la padecen por igual. Los canarios lo tienen todo, todo el tiempo, pero están enjaulados; tal vez miren de reojo a los de la calle que para su percepción parecerían ser libres, pero ellos perecerían de inmediato en un entorno así ya que no están entrenados ni educados para ello. Por el otro lado, los pajarillos de la calle aparentemente son libres, pero tienen carencias, estoy seguro que desearían estar de vez en cuando en cautiverio para tener lo que los otros tienen; su libertad está condicionada a su contexto; vuelan mucho dando la impresión de ser libres, pero tal vez estén buscando una realidad amorosa y referencial, que aunque les limite un poco su libertad y autonomía, les compense con protección. El que vengan todos los días a mi casa, y se queden buen rato por aquí, me lo confirma…

Darián Stavans.

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L i b e r t a d  y  S e g u r i d a d

 

Don Felipe González - Expresidente de España

Hace apenas unos días, mi amigo el reconocido periodista Sergio Sarmiento nos invitó a mi esposa y a mí, a la ceremonia de premiación del Quinto Concurso “Caminos de la Libertad” promovido por Fundación Azteca. En el marco de éste concurso, también se llevó al cabo, un reconocimiento especial y cena de gala al primer galardonado de muchos que habrá, personalidades importantes que han marcado el rumbo de la historia de la humanidad hacia el camino de la libertad; en ésta ocasión el premio fue otorgado al expresidente de España Don Felipe González.

Sergio Sarmiento tomó la palabra y presentó el evento. Posteriormente recibieron los premios y menciones honoríficas los trabajos más destacados del concurso, cerrando el Sr. Ricardo Salinas Pliego, presidente de Grupo Azteca y Fundación Azteca. Antes del cierre, Don Felipe González recibió su merecido galardón y tomó el micrófono. Hace muchos años, o tal vez nunca, había escuchado hablar a un político, un estadista de ésta magnitud, de ésta manera. Este hombre posee una sensibilidad extraordinaria, trabajada, enaltecida; se trasluce entre su mirar y sus palabras el camino labrado de su alma en su deambular político. Platicó como se fue formando como persona, sus orígenes humildes y trabajadores; como poco a poco desde la clandestinidad en un pequeño pueblo junto a la ciudad de Sevilla, figuró su proyecto político que lo fue llevando hasta la presidencia de España, elegido por voto popular, después de la larga y controvertida dictadura de Francisco Franco.

Lo interesante de la narrativa al oírlo hablar era su tono de voz; una de las voces más apolíticas que he escuchado; un idealista que consagró actos tangibles y concretos, modificaciones trascendentes, que son aportaciones únicas y vanguardistas de gran relieve para la historia reciente de España.

El fragmento más apasionado de su discurso fue al tomar el tema de la libertad. No porque el premio se tratara sobre eso, ni tampoco porque es claro que su proyecto se sustenta ahí, sino por las analogías cotidianas que nos suceden a todos en el camino de la libertad y que él tanto ejemplificó. Platicó sobre sus andanzas, dijo que nunca lo hace en público. Narraba los senderos, amigos, obstáculos, retos y desafíos que la vida le fue presentando y como su necesidad de liberar a un país en cautiverio lo forjó y lo educó, equilibrando sus tendencias y posturas políticas hasta encontrar la fórmula que llamó “La Izquierda Democrática PSOE”, partido con el cual venció a la dictadura, ganando por elección popular y convirtiéndose así en presidente de España.

A lo que menos se refirió fue a su etapa como presidente, citó dos o tres cosas. Parecía como si lo más importante hubiera sido el proceso de haber llegado ahí, que de hecho lo fué. Pero sin duda el segmento más privilegiado del discurso fue cuando dijo: “No puede existir libertad sin seguridad” / “El ejercicio y la búsqueda de la libertad deben estar acompañados por el ejercicio de la seguridad”.

Mi esposa tiene ascendencia española. Hemos compartido muchos años, conversado sobre miles de historias, debatido de un sin fin de temas, y lo que más me sorprende de ella es el reflejo solaz que sentí en cada palabra de Don Felipe González. Los españoles aparentemente son hoscos, rudos y necios; pero escondido debajo de éstas cualidades, conservan una gran ternura y una cultura milenaria que hacen de la libertad y de la seguridad, una combinación única y original.

Todos los días mi mujer en sus actos y en sus acciones me lo recuerda…

Darián Stavans.

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L a  P o l i f o n í a  d e l  P s i c o a n á l i s i s

 

Sin duda uno de mis compositores preferidos es J. S. Bach. De hecho creo que es mi favorito, de quien más he aprendido y a quien más admiro. Conozco y procuro escuchar su música, su inconfundible estilo musical de las cantatas, su música instrumental, sus trabajos musicales que imitan el estilo italiano al que siempre tuvo gran admiración como son “El Concierto Italiano” y/o “Los Conciertos de Brandenburgo”, sus misas y oratorios así como sus obras para pequeños ensambles como las “Sonatas para Flauta y Clavecín” o las “Suites para Violoncello Solo”. Escucho con frecuencia también sus trazos musicales en base a la Fuga y el Contrapunto como “El Clave Bien Temperado” y/o “La Ofrenda Musical”. En fin, no terminaría nunca de hablar de J. S. Bach. Lo llevo tan adentro, que cuentan que cuando tenía año y medio y empezaba a hablar, estaba tocando un disco de Bach en casa, y yo andando en mi triciclo me detuve y dije: !Esta música tiene números. Mucho tiene que ver la música de J. S. Bach en mi trabajo musical; en ambos hay fluidez, continuidad, ritmo constante, pasión, atmósfera, pero sobre todo hay polifonía. En él, se eleva al límite de lo barroco. En mí, se convierte en planos sonoros, atmosféricos, etéreos y translúcidos.

Pero ¿Qué es la polifonía y qué hizo J. S. Bach con ella?. Sin hondar en grandes detalles musicales, la polifonía es el resultado de un tejido sonoro horizontal, es decir, varios instrumentos o cantantes ejecutando melodías simultáneamente, dando un resultado acústico final. Para ser más explícito, a diferencia del estilo clásico y/o romántico que elaboran la melodía(s) por un lado y la(s) armonía(s) por otro, el barroco polifónico es el resultado de una búsqueda textural, como tejida a mano, hilo por hilo, hasta construir la arquitectura tímbrica deseada que hace de éste estilo algo único y original.

Mucho he aprendido de la polifonía en relación con el mundo psicoanalítico. ¿Por qué?, porque la vida es metafóricamente polifónica. Es como si fuera un caminar eterno, un paseo, un labrar cotidiano entretejiendo historias, que se atan y se desatan, que fluyen, que empalman afectos profundos  y/o casualidades cotidianas, en donde el alma canta, habla, platica historias, y las liga con las de los demás. ¿Pasión?, sobraría hablar de pasión en el quehacer humano, y en la polifonía de J. S. Bach?, con sólo escuchar la Misa en Si Menor tiene uno demás para nutrirse a sí mismo y a todos los seres de la tierra. Hablando ahora de vida y psicología, ¿Sirve el psicoanálisis? claro que sirve; ¿Por qué?, sirve para entenderse mejor a sí mismos y a los demás, sirve como decía el Dr. Sigmund Freud, para amar mejor, trabajar mejor y gozar más. Así pues, si el psicoanálisis es la disciplina científica que estudia, investiga y describe el psiquismo humano, cómo se forma, cómo se desarrolla, cómo está estructurado y cómo funciona, entonces conoce a fondo las leyes de la "polifonía" cotidiana y sus andanzas mundanas, sus placeres libidinosos y sus más terribles mounstros, fantasmas que habitan dentro de uno, nos piden de comer, son tramposos y multifacéticos, siendo ya muy conocidas sus habilidades para esconderse y escabullirse, como sardinas escurridizas. También conoce la "resonancia polifónica" manifestada en todo su esplendor; maravillosa y vital de fondo y forma, hedonista, seria, real, dramática y a la vez dotada de un delicioso y aromático sentido del humor.

A J. S. Bach se le llama “El Padre de la Música”, es una frase conocida ya de tiempo atrás; es cierto, más que cierto. Esculturas con su busto deberían adornar cada ciudad del mundo, porque aparte de ser el padre de la música y de llevar a la polifonía a su más elevada forma de expresión, análogamente me atrevería a decir (reitero, análogamente) que podría ser también, de manera metafórica y casi casual, “El Padre del Psicoanálisis”…

Darián Stavans.

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L o s  A d o r n o s

 

Conozco a un amigo. Charlamos juntos muy a menudo. Él tiende a iniciar las pláticas, y las cosas más frecuentes de las que habla son acerca de su proceso de diferenciación y definición personal, su anatomía emocional (un pintor talentoso) y la relación permanente con su entorno familiar. Recién se independizó físicamente de sus padres y contrajo matrimonio con una mujer (pianista) con quien vive actualmente.

Muchas cosas suceden dentro de su vida. Es un individuo capaz de entender las diferentes posiciones que la realidad le presenta, es decir, la observa de una forma, después de otra, posteriormente la mira desde otro ángulo y demás. Desde un punto de vista es bueno verlo de esa manera, y voltear las mil y un facetas de su historia personal, aunque cabe decir que peligra en quedarse atrapado dentro de la retórica personal; es necesario impulsar el conocimiento y cimentar las bases del cambio en el camino trazado.

Uno de los aspectos en el cual pone mayor énfasis es el resentimiento. Tiene mucho coraje acumulado por factores diversos que provocaron en él una fuerte crisis personal.

Hace unas semanas me platicó que tuvo un sueño. En el sueño, él acudía a casa de sus padres y ante la provocación inminente de ellos hacia él, él empezó a destruir la casa, obedeciendo impulsos internos. Tomaba adornos que decoraban la sala y los aventaba uno contra el otro, rompía cuadros, muebles, mesas y demás. Al final del sueño partía y se iba de casa de sus padres. Ahí se despertó.

En la plática más reciente que sostuve con él, me platicó que llevó al cabo en la vida real el sueño que tuvo. Sucedió prácticamente lo mismo; acudió junto con su esposa a casa de sus padres y prácticamente materializó el sueño. Lo platicaba gozosamente, aunque debo reconocer su alto grado de ansiedad y angustia que le provocó narrarlo, liberó energía y frustración pero a la vez se quedó atrapado en la culpa, en el resentimiento y en el alto grado de violencia de la escena.

Una vez que concluyó su narración, me le quedé viendo un buen rato los ojos, tansmutamos mucha información en silencio, uno de esos silencios que lo dicen todo. Posteriormente tomé la palabra y le dije: ¡Sabes…, la gente se mata por cosas así…; ante una situación como ésta, tú tendrás todos los motivos que quieras, pero el que se va a la cárcel eres tú!;

Siempre he pensado que todo se vale mientras que nadie mate a nadie. Lo que quiero decir con esto es que dentro de los juegos de poder y jerarquía de valores, todo es válido siempre y cuando nadie atente contra nadie físicamente. La violencia emocional en ocasiones puede ser mucho mayor que la física. Sin embargo existen leyes, que aunque permitan que las víctimas paguen los precios y pecados de los villanos, así se construye la controversia legal y nuestra convivencia como sociedad.

Hay que mantenerse lejos de la violencia, no trae nunca nada bueno. Es cierto que existen muchos tipos de violencia y solamente se castiga la visual, la percibida, la que se hace ostensible hacia los demás, y ésta por lo general, suele ser la física.

La vida emocional se debe tratar cautelosamente en privado para mantenernos como sociedad lejos de la violencia. Sanar los daños a través del entendimiento y del conocimiento, y así curar las heridas de la sensibilidad, una y otra vez, otra y otra vez, por más difícil que sea, hasta diferenciar; cargar el morral y enseñar a caminar por veredas auténticas e indelebles. No acercar ni provocar los estados de agresión, sino todo lo contrario. La violencia nunca trae nada bueno.

Después de éstos actos, si suceden, las cosas materiales se reponen, los adornos se colocan nuevamente en sus sitios, las mesas y los cuadros también, los relojes seguirán marcando puntualmente las horas; pero las heridas, lejos de haberse sanado, quedarán más dañadas que antes. Para ello, no habrá ningún adorno que las decore ni que las esconda. La memoria se encarga siempre de eso…

Darián Stavans.

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B i c e n t e n a r i o

 

Hace algunos días asistí al cine a ver una película de estas que han estrenado en torno al Bicentenario de la Independencia de México. En la película escuché una frase que comenta un personaje (de hecho es el protagonista principal) que ya experimentado en la trama, le dice a otro que pertenece a la siguiente generación: “Es muy difícil ser lo que uno quiere cuando se tienen ideas distintas, pero es aún más difícil lograr que los demás lo entiendan”. El personaje lucha a través de la película por mantener vivos sus ideales y evolucionar con ellos, siendo él, el elemento propositivo a partir del cual consagrarán posteriormente la independencia de México.

Este tipo de circunstancias suelen ocurrir comunmente dentro de núcleos sociales. Los individuos de cambio (generalmente) son incomprendidos en el corto plazo ya que amenazan a las tradiciones y costumbres que traen consigo sus mitos y arquetipos. Sin embargo hoy, a través de las distintas técnicas y a la evolución de algunas sociedades, se permite a éstos individuos no ser etiquetados de erráticos, sino mas bien, comprendidos como líderes de cambios sociales a los que paulatinamente seguiremos sus pasos.

Cuando se da un fenómeno de ésta naturaleza dentro de un sistema estructural, es casi inevitable que en algún momento se de un estado de crisis. En muchas ocasiones es éste mismo individuo el que la expresa ya que se siente rechazado por el resto del sistema, percibe que no lo comprenden, lo etiquetan y le asignan una supuesta rebeldía, que para su óptica, obedece solamente a sus impulsos creativos, los cuales lo conducen a estados de cambio. En otras ocasiones, es algún elemento alrededor de su circunstancia el que acude a pedir ayuda, ya que la voluntad intrínseca es la no desarticulación del núcleo social, que se pone en duda ante sí mismos y ante los demás bajo la imposibilidad de detener las ideas que surgen de éstos citados personajes.

Es importante ayudar a éste elemento de cambio para que funcione y que todas las partes que lo circunscriben se ajusten; la estrategia consiste en apoyar el proceso de diferenciación creativa de éste, y ya sea de manera directa o indirecta al resto de la sociedad que lo rodea. Sin embargo en muchas ocasiones es prácticamente imposible. Hay procesos que se eternizan cargando años y años el estandarte que ésto es posible, cuando al final del camino se hace evidente que no lo es; el individuo emigra, encuentra nuevos elementos que comprenden de fondo sus ideales, y emprenden juntos la búsqueda de nuevos horizontes, dejando atrás, lo que fue y lo que pudo haber sido. Hay otras prácticas que de entrada visualizan que todo el esfuerzo por conservar el entorno social inicial va a ser en vano y optan por la diferenciación inmediata, entendiendo de fondo únicamente al individuo de cambio, comprendiendo sus pasiones, ideas y fuerza que lo rodea; jamás intentan integrarlo porque bajo ninguna óptica se le trata como a un rebelde, simplemente ambas partes se identifican en no perder el tiempo con algo que ellos de antemano saben y marcan como un imposible.

Ambas tendencias traen consecuencias y dejan regado por ahí afectos fracturados que vienen adheridos al personaje y a su circunstancia, vínculos que son los que en ocasiones promueven la primera tendencia citada, pero que también, desde el otro punto de vista, son la fuerza que promueve el cambio radical.

Hay que comprender de forma cautelosa cada caso, ya que cada situación es distinta. Se debe ser prudente en no dejar huesos rotos ni almas quebrantadas donde no se necesita. Pero también hay que tener el valor, la virtud, el conocimiento y la sabiduría, que cuando es imposible, es imposible, y no dudar en luchas sin causa, cuando las causas son claras y fructíferas donde deben estar...

Darián Stavans.

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C r é d i t o  o  D é b i t o

 

Hace buen tiempo atrás que están de moda las tarjetas de crédito. Las primeras que aparecieron hace unos cuarenta años fueron las departamentales, y de ahí surgió la fórmula bancaria que ha permeado gran parte de nuestra actividad cotidiana a través de éstos plásticos.

No tan recientemente pero relativamente hace poco (en comparación con las tarjetas de crédito) aparecieron las tarjetas de débito, que en éstos últimos años se han puesto de moda. Se puede hacer con ellas prácticamente lo mismo que con las de crédito, con la diferencia que el dinero que uno gasta, se descuenta directamente de lo que uno tiene en la cuenta de forma automáica y sin pagar intereses.

Hace tiempo de esto, conversando con mi abuela, un día me dijo: ¡Me llaman y me llaman de las tiendas departamentales para ofrecerme su tarjeta de crédito e irles a comprar; es una trampa, exclamaba..., si tienes dinero compras, si no tienes no compras, así de sencillo, ellos lo que quieren es obligarte a comprar, hacerte creer que eres parte o miembro de su negocio (maquillado por supuesto mercantilmente) y además darte la facilidad de pagarles poco a poco y cobrarte intereses; es un robo!... Nunca lo aceptó.

Pensando sobre el tema me pregunto cual es el trasfondo de todo esto, es interesante observarlo desde el punto de vista emocional. A través de las tarjetas de crédito, las instituciones financieras y/o tiendas departamentales nos quieren hacer sentir que somos parte de su mundo, desean hacernos creer que al cargar su bandera uno vale más; su objetivo es crear en nosotros un sentido de pertenencia a un mundo ajeno al nuestro e imponernos su perfil a través de dicho plástico; desean extraer nuestra identidad para sobreponer la suya. Por supuesto están haciendo un jugoso negocio que es lo que realmente les interesa, usándonos como instrumentos de su imperio comercial.

Con las tarjetas de débito sucede todo lo contrario; uno apertura un contrato bancario a la vista, y al depositar nuestro dinero y usarlo a nuestro gusto, somos dueños de nuestra identidad, y dicho plástico no significa más que un instrumento bancario de compra/venta a través del cual adquirimos los bienes y/o servicios que queremos y/o necesitamos, con la protección de no cargar efectivo y "por supuesto" estar a la moda en la manera de operar las transacciones económicas como se hacen hoy en día a nivel internacional.

Cuando las economías del mundo entran en crisis, las tarjetas de crédito saltan a la luz. Claro está que muchos dejan de pagarlas y desequilibran al sistema financiero, pero creo que en el fondo, la gente que las utiliza, aprovecha la oportunidad para recuperar la identidad perdida, suavizar el peso de haber cargado una bandera ajena, y reflexionar que no hay nada mejor que el dinero propio y aprender a trabajar con él, con nuestros recursos, que son el reflejo de nuestro trabajo y creatividad.

No cabe duda que el Dr. Erich Fromm plantea las bases teórico-prácticas de éstos jugosos juegos de mercado. También no cabe duda que gente tan sencilla, diáfana y experimentada como mi abuela, tienen razón…

Darián Stavans.

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L a s  A u t o p i s t a s  d e  A l e m a n i a

 

Tengo un buen amigo de origen alemán, que ahora vive en la ciudad de Houston Texas, pero que vivió en la Ciudad de México hace varios años donde lo conocí. Es un hombre inteligente y carismático, con buen sentido del humor (lo cual es muy importante), aventurero y conocedor del mundo. No de éstos turistas de cámara en pecho, sino poseedor de esa sensibilidad de captar las esencias de los lugares que visita, los rituales, las formas de vida, y el entendimiento de porqué pasan las cosas como pasan dentro de las culturas que ha visitado.

Un domingo recuerdo de abril, nos invitó a mi esposa y a mí, a desayunar a su casa. Su esposa de origen canadiense oriunda de Quebec, preparó éste delicioso platillo de la región de Montreal llamado “Muesli”, que es una especie de granola con la miel natural que extraen los canadienses de los árboles del Maple. Así como ella nos platicaba de lo rico del platillo que nos estaba ofreciendo, al mismo tiempo nos planteaba su dificultad para degustar la comida mexicana: ¡El mole me enferma! exclamaba, nada más con verlo...; no entiendo como lo pueden comer, entiendo que la comida mexicana es maravillosa, decía, pero por más que le busco, no la puedo comer.

La plática se tornó hacia el caos que significa vivir en la Ciudad de México; lo difícil, estresante, agotadora y caótica que puede ser. Mi amigo, éste hombre alemán observador y de carácter suspicaz, comentó: ¡No hay de que quejarse, la Ciudad de México es un caos, lo es, pero funciona, científicamente es casi imposible de explicarlo, pero funciona (it works)!.

Riéndonos los dos, comentábamos y comparábamos los contrastes de la Ciudad de México con las ciudades de Alemania; decía: ¡Si alguien se atravesara la calle en Alemania como lo hacen aquí, estaría muerto en segundos… jeje!; las autopistas no tienen límite de velocidad, ahora imagínate ésta forma de vida mexicana puesta en acción en Alemania, ¡they would be dead in seconds!... jeje.

Me dejó mucho que pensar; también los hábitos alimenticios de su esposa y los nuestros me hicieron reflexionar. Nuestra capacidad de adaptabilidad a nuestros entornos es tan grande que una ciudad tan caótica como la Ciudad de México, que crece y crece sin parar, y que todos los días se reinventa a sí misma, encuentra sus formas de sobrevivencia. De la misma manera, países tan organizados como son los países del primer mundo y en éste caso Alemania, les sucede lo mismo; son dogmáticos y sus sistemas casi perfectos, se descubren inmaculados ante el nuestro, poseen su propia logístíca, y aunque padecen de situaciones emocionales crónico depresivas (producto de sus sistemas casi estóicos), encuentran también las salidas permanentes a su existencia.

El reto está en el corto plazo, adaptarnos a los contrastes ajenos es difícil. Estoy seguro que a mediano y largo plazo lo podemos lograr, claro, si no es que antes un tren o un camión nos apachurre… jeje; ya sea aquí o allá, en cualquiera de las formas que para nosotros, no nos sean comunes...

Darián Stavans.

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S e t  i t  F r e e

 

En ciertas ocasiones en libros o pósters expuestos en cafeterías o lugares de tránsito, están escritas frases que consideramos banales y/o con un contenido cursi. Pero valdría la pena releerlas ya que contienen sabiduría expresada a través de una semántica cotidiana, accesible y popular.

Me viene a la mente una frase que estaba de moda hace años y que la leí por ahí en un póster en inglés; decía: “If you love something, set it free, if it comes back, it´s yours, if it doesn´t, it never was…” / “Si amas algo, déjalo libre, si regresa a tí, es tuyo, si no regresa, nunca lo fué…”.

Posteriormente sosteniendo una conversación con un amigo comentábamos: “La realidad siempre se impone”; en los momentos de crisis o de cambio es cuando lo distingues; se descuelgan los disfraces, caen las apariencias, y se impone la realidad en toda la gama de su estructura. He aquí la analogía con aquella frase casual que leí; ambas hablan de lo mismo.

Tengo por ahí una amiga. De carácter fuerte y tenaz, platica como siempre tuvo el deseo desde la infancia de irse de su casa. Hija de un padre alcohólico, su madre y hermana complementan su entorno familiar. Me dice muy a menudo: ¡Sí, yo sé que mi padre es alcohólico pero…! ¿Quién está más enfermo, él, o quien vive con él?, por supuesto se refiere a su madre quien según ella tuvo muchas oportunidades de dejarlo y decidió seguir al lado de él.

En estos casos, cuando las familias son tan rígidos, aparecen en el entorno éstos individuos como ésta mujer cuya naturaleza es cambiar; ¿Cómo?, a través de un proceso de diferenciación que a veces es por revolución (como lo fué en su caso), o algunas otras por evolución, pero finalmente la respuesta está en ir diferenciándose, hasta encontrar el estado autónomo suficiente para crear un nuevo entorno, con las garantías suficientes para vivir en él.

Hace años que ésta mujer vive bien con su esposo, formó su propio entorno. Su padre murió. Sin embargo los fantasmas que dialogan con ella por las noches, en su intimidad, en su mente y en su corazón, hacen recordar que tanto una como la otra, ambas realidades, la creada por ella y la que dejó atrás, se imponen; y quienes las viven, las definen y las sustentan, y las defenderán por encima de todas las cosas...

Darián Stavans.

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P a s i ó n  y  C o n f o r t

 

El hombre (varón) por naturaleza en el transcurso de su vida transita por varios estados. En la década de sus "veintes" es fuertemente apasionado, en todos los ámbitos, profesionales, sexuales, inter e intrapersonales. En su interacción con el mundo exterior dejó atrás el impulso adolescente y juvenil para convertirse en un apasionado de su proyecto. Cuando éste hombre avanza hacia la década de sus "cuarentas", cambia la pasión por el confort; la visión a largo plazo se acorta, cambian las metas apasionadas por realidades contundentes, mezcladas con algo de cansancio, y es ahí cuando instala el confort; la ley del menor esfuerzo atrae y permea gran parte de su vida combinada ya, con veinte años de experiencia y construcción.

La mujer por naturaleza en contraste, parte de otra logística; no tiende al orden tan aislado y racional como el hombre (por lo general), sino que vive y habita en los diferentes aspectos de la vida simultáneamente. Su formación es activa multifacéticamente hablando, y tiende a discursar, a debatir, a dialogar intensamente de pasión, de confort y de muchos aspectos más de la vida, en sus "veintes", "treintas", "cuarentas", etc.

En los últimos años, me refiero en años recientes, he observado un fenómeno novedoso. Lo llamo novedoso no porque creo que esté bien sino porque es relativamente nuevo (valgan sus excepciones). Mujeres que siempre inquietas desde muy temprana edad formaban sus parejas, sus matrimonios y su reproducción casi inmediata como reflejo y resultado del deseo de cumplir y saciar su maternidad y así conformar su núcleo familiar, actualmente (muchas de ellas), se rehúsan a hacerlo. Es común ver a mujeres en sus "treintas" que viven solas, independientes, o con parejas (sin compromiso); otras siguen dependiendo de sus padres y/o están lejos de desear su maternidad, su reproducción. Parecería que no tienen prisa, que su edad biológica no les asusta, no les apremia, y uno al escucharlas, al observarlas, aprecia como "otro" estado que no es precisamente el más natural en la mujer.

De donde surge éste fenómeno?; creo que de varias latitudes que incluyen varias facetas. Primeramente, muchas de éstas mujeres son herederas de grandes, medianas o pequeñas fortunas de padres trabajadores, una o dos generaciones atrás. El siglo XX, con sus fenómenos migratorios, de luchas sociales y/o guerras insaciables, gestó una generación altamente productiva, capaz, en donde no existía ni el tiempo ni el permiso para reflexionar. La prisa por la sobrevivencia hacía de tal la única prioridad, y como tal, nada más podía cuestionarse. Esta generación económicamente exitosa y mundanamente sufrida, por lógica común, le dio demás a sus crios, tratándoles de evitar el sufrimiento que ellos pasaron en holocaustos y/o migraciones que dejaron hondas huellas y heridas en sus personas. Por otro lado y simultáneamente a lo anterior, el fenómeno feminista del Siglo XX, la emancipación de la mujer y su inclusión en la vida laboral, inevitablemente le labró un nuevo perfil, nuevo, en función de las viejas ideas y tradiciones de: "la mujer a su casa y para sus hijos".

Estas nuevas mujeres interactúan con el mundo exterior bajo una logística (casi) masculina, por lo menos así se percive. Han dividido sus aspectos emocionales y/o vivenciales por separado; las pasiones por un lado, el confort por otro, y la paciencia biológica más allá. Es extraño observarlo, porque la mujer es un ser por naturaleza integrador, multifacético, vive simultáneamente sus mundos creativos, genera ambiente, un ambiente extensivo, propositivo, tangible y necesario.

El aspecto preocupante creo de todo esto, es lo que está sucediendo con el confort de ciertos hombres en sus "cuarentas" y/o extendiéndose a sus "cincuentas" y/o "sesentas" que se emparentan con éste fenómeno. Da la impresión que al relacionarse con éstas mujeres han ido más allá, han cambiado su confort por una apatía, floja y sin compromiso, como si hubieran cargado sobre sus hombros, por generaciones, un peso insoportable, y que al hallazgo de éstos tesoros femeninos han cambiado el confort por un "extra confort".

Es importante revisar ambos lados de la moneda. No defiendo ni ataco ninguna postura, ni de herencia ni de evolución histórica, mucho menos sexual. A lo que me refiero es no perder de vista la naturaleza de nuestros géneros, ya que cada uno cumple una función preponderante, trascendental e ideológica. Somos lo que somos y debemos evolucionar históricamente hacia la igualdad de géneros, pero no debemos olvidar la naturaleza intrínseca de nuestras funciones, ya que de no ser así, se percive un ambiente exclusivo de sobrevivencia, una sombra sobreviviente, y esto ataca, atenta, en contra de los valores más íntimos de la creatividad humana...

Darián Stavans.

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J o h n  C a g e

 

John Cage, compositor norteamericano del Siglo XX, quien además de ser compositor era filósofo, teórico musical, poeta y pintor, alumno de Arnold Schoenberg, Henry Cowell y Adolf Weiss, solía decir frases muy interesantes; un día comentó: “No sé porque la gente le tiene miedo a las nuevas ideas, le debería de tener miedo a las viejas ideas”; ¡Grandioso el comentario…! pero complejo.

Las viejas ideas traen consigo hábitos y costumbres las cuales uno conoce y reconoce. Aunque paralicen, es más fácil repetir que proponer, así lo aprendimos desde chicos por imitación. Al repetir, solamente actúan esquemas directos no renovables. Por el contrario al proponer, se es responsable de las ideas, se transforma a través de ideologías novedosas que traen consigo cambios y propuestas renovables; para tal efecto, se necesita temple, liderazgo, voluntad de cambio y ejercicio de la inteligencia.

El comentario de Cage, que surge a través de la ruptura de fórmulas establecidas dentro del lenguaje musical, a su vez toca fibras de la filosofía moderna y también del mundo psicoanalítico, ya que posee la fuerza intrínseca para atreverse a realizar cualquier cambio sintomático y sistémico dentro de nuestra conducta emocional.

Al recordar nuevamente ésta frase de John Cage, me viene a la mente un texto del conocido escritor alemán Hermann Hesse que dice: “Para Nacer hay que Destruir un Mundo”. Hay similitud entre ambas frases; la de Hesse, más poética y la de Cage más científica, pero hablan de lo mismo; de la fuerza, voluntad y necesidad que se requiere para transformar, para formular nuevas ideas y tendencias, y a través de ellas, transformarse a sí mismo.

Las nuevas ideas traen consigo la fortaleza que son nuevas, novedosas. Lo valioso de esto es no añejarlas, refrescarlas, que no pasen de moda; ¿Cómo?, proponiendo siempre otras ideas producto y/o resultado de las mismas, u otras que rompan con éstas, pero que marquen el perenne ciclo vital de la creatividad, de la búsqueda de respuestas, que nos obliga a mantener la curiosidad de evolucionar constantemente dentro de nuestra propia existencia...

Darián Stavans.

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R o p a  C a s e r a

 

Uno de esos días mientras estudiaba la maestría en Psicología, asistí a una ponencia. Este evento pertenecía a un seminario que trataba las secuelas psíquicas y emocionales que permanecen en los niños de la calle aún cuando instituciones de alto prestigio se hacen cargo de ellos y logran definirles un perfil digno para poder enfrentar un futuro seguro, autónomo e independiente.

Es muy común en éste tipo de eventos académicos, que los ponentes y/o moderadores se presenten. En ocasiones alguien redacta y expone los curriculums de cada uno de ellos, y en otras ocasiones como en ésta, cada uno se presenta a sí mismo. Suele suceder en algunos de éstos eventos, que las introducciones personales llegan a ser tan largas, que duran más que el evento; pero éste no era el caso.

En la mesa de la ponencia había unos ocho o nueve integrantes. Cada uno de ellos describía a la perfección de donde venía, cuantos grados y/o títulos académicos tenía, a cuántos cursos y/o seminarios de actualización había asistido, etc. El último de ellos, que por cierto no venía trajeado como los demás sino vestido con ropa casera, con un tono desafiante y descalificador dijo: ¡Pues yo vengo de mi casa…!, y concluyó; provocó un silencio feroz en el auditorio y de inmediato se sintió el descontento de los demás por la forma a la que se había presentado en la ponencia.

De entrada confieso me cayó bien el individuo; me parecía original que rompiera con el protocolo y la parafernalia creada por los demás ponentes.

La ponencia siguió su curso. Francamente no puse atención al contenido de la misma ya que me quedé meditando acerca de la introducción peculiar que había sucedido. Algo no me gustaba, algo sentía incómodo.

Después de varios días ya en mi rutina cotidiana, llegué a la conclusión que éste hombre pretendió ser humilde en contraste a los demás, pero resultó siendo más ególatra que ellos, porque el tono y la intención con que dijo las palabras, mas bien parecían algo hechizo, como que ya venía preparado para el numerito.

“Hay que tener cuidado con los extremos, nos pueden llevar al mismo lugar”, y en cuestión de egolatría más. “Nuestros conocimientos definen nuestros actos y son nuestros actos en sí, los que nos definen”. El resto dicho de la manera que sea, resulta ser siempre un circo o un disfraz...

Darián Stavans.

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L a  L e y e n d a  d e  l a s  S i e t e  E s f e r a s

 

CD El Lugar de los Sueños - Darián Stavans

“Los sueños son nuestras radiografías; revelan lo profundo de nuestro inconciente y de nuestro conciente también”; a través de ellos se pueden identificar los miedos, las carencias, los traumas, las figuras representativas y el peso de cada una de ellas en la vida de cada uno de nosotros, entre muchas cosas más; conforman nuestro perímetro, nuestro contorno. El Dr. Carl Gustav Jung nos dice en su estudio - Recuerdos, sueños, pensamientos -: "El psicoanálisis es tan distinto como los mismos individuos. Yo trato a cada persona lo más individualmente posible, pues la solución al problema es siempre personal".

Semánicamente creo, utilizamos mal la palabra “Sueños”; solemos usarla para describir anhelos y/o deseos, actos de fé y/o de esperanza, así como  para azares que ojalá sucedieran. Pero psicoanalíticamente hablando, estamos uilizando una de las palabras más delicadas del vocabulario, ya que a través de los sueños el individuo se despliega en toda su extensión, entregándose de forma abierta, valientemente, y así depurar sus áreas más sensilbles, que a través de ésta herramienta maravillosa (los sueños) pero dolorosa y angustiante, podemos lograr.

Hace varios años escribí la música para una producción discográfica titulada “El Lugar de los Sueños”; habla de esferas, castillos, romances y milagros. Siempre me he sentido incómodo con el nombre; acepto ¡Me equivoqué!; nunca debí llamarlo de esa manera, cometí un error, debió de haber sido “El Lugar de los Anhelos… o de los Deseos o Fantasías”, tal vez “El lugar de la Imaginación o de la Inventiva”, pero no “El Lugar de los Sueños”. El contenido musical es descriptivo, romántico y melodioso, pleno de un espíritu aventurero donde suceden historias míticas y casuales; es un paseo por todo ésto… que dista mucho de ser, lo que los sueños nos proporcionan.

En sí reitero, desde mi punto de vista, los sueños son una de las herramientas más sagradas. Creo que valdría la pena revisar nuestra semántica...

Darián Stavans.

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D o n  J u a n a d a s

 

Fueron varios los años que cursé las Licenciaturas en Piano y en Composición Musical en la Escuela Nacional de Música de la UNAM; de esto ya hace tiempo atrás. Fueron épocas apasionadas en mi desarrollo artístico ya que descubría día a día mis habilidades, y aprendí las diferentes técnicas que ahora aplico con comodidad al escribir mis obras musicales.

Recuerdo especialmente a mi profesor de Análisis Musical, que también daba clases de Historia del Arte, Historia de la Música, Armonía y Contrapunto. Era un personaje peculiar, y asistir a sus clases era toda una experiencia ya que tenía un carácter histriónico, todo lo narraba como un cuento. Tenía la capacidad de llevarnos de la mano e imbuír el ambiente en una escena artística, histórica, melodramática. Era un hombre apasionado, gritaba mucho narrando los sucesos que contaba, los acontecimientos que platicaba. Tenía su encanto, no cabe duda.

Tenía su lado obscuro también. Se involucraba demás con los alumnos generando alianzas o metiéndose demasiado en la vida privada de cada uno de nosotros. Algunos le hacían caso más que otros; sabía atrapar a sus víctimas para saciar su soledad. Otros, solamente disfrutábamos su forma de ser, que tenía algo de locura, y a su vez algo de genial.

Un día de tantos recuerdo, estaba yo en el estacionamiento de la escuela. Regresaba de una tienda de abarrotes que se ubicaba en la otra acera de la calle y me encontré camino hacia mis clases con un amigo. Este amigo, compañero de generación, tenía muchos dones como músico; era pianista y compositor también, y le gustaba mucho platicar. Tenía don de gentes y además era muy apuesto.

Estábamos en plena conversación cuando de pronto por detrás se nos acerca éste profesor del cual vengo platicando, y de inmediato, a gritos, apasionadamente como de costumbre, le dice a mi amigo: ¿¡Cómo van tus Don Juanadas!?.... Mi amigo y yo nos quedamos perplejos, callados, porque éste hombre no tenía pelos en la lengua. Sí, de hecho era evidente que mi amigo era muy apuesto y le gustaba andar con las chiquillas de la escuela pero con la expresión del profesor, todo el estacionamiento y media escuela escuchó.

Mi amigo se intimidó y se hizo como dicen de la vista gorda, y distrajo de inmediato la ocasión. Rápidamente el profesor retomó la plática y dijo: ¡Ya verás… Yo lo sé… Tu nunca te vas a casar… Eres todo un Don Juan, y el gusto por las mujeres siempre te va a estorbar para consagrar y resolver la vida con una sola…!

Pasaron los años. Yo me titulé de mis licenciaturas, fui a Estados Unidos a realizar mi maestría y regresé a México para emprender mi vida independiente. Y precisamente hace algunos meses recientemente, me encontré a éste amigo un día en la calle y le pregunté acerca de su vida; me platicó que se tituló no mucho tiempo después que yo, se casó y tiene dos hijas; formó una linda familia. En la platica me dejó ver, entre frase y frase, que es muy feliz con su esposa, que mas allá aún, ésta mujer le dió gran sentido a su vida, que gracias a ella logró cosas inimaginables, y que le es fiel en todos los sentidos.

Me vienen a la mente los gritos desesperados, claras transferencias, del profesor aquel que lo destinaba al abandono y a la soledad a través de dictarle su sentencia: ¡Ya verás, lo Don Juan te mantendrá en la peor de las soledades!.

Hay que tener cuidado con las malas intenciones ajenas que parecen buenas. Las personas siniestras saben manejar ésto a la perfección. Entre más lejos esté uno de éstos diálogos y de éstas sentencias míticas y arquetípicas, mucho mejor, ya que es claro y evidente, que son miedos ajenos, manipulados. Es gente que no se tienta el corazón. Saben escoger muy bien a sus víctimas, enredan a gente sensible (muy a menudo sin experiencia) a través de dones y hechizos siniestros, confusos, creando situaciones vulnerables en la sensibilidad y en el desarrollo personal de quienes atrapan. Para salir de ahí, primeramente, hay que limpiar el daño creado el cual requiere de mucho esfuerzo, y segundo, deshacerse de esos personajes es algo complejo si el ritual con ellos perdura por algún tiempo adicional, ya que su arma es la consigna y la desobediencia la marcan con castigo. A muchos los agarran jovencitos(as) y les destrozan la vida, o gran parte de ella, por lo menos por un “buen” rato.

Además, y paralelamente a todo ésto; si hay algo de cierto en la vida de todos en el paso de nuestras almas, nuestros cuerpos y nuestros corazones por ésta tierra, es que nadie sabe nunca, cual es y cual será, nuestro destino…

Darián Stavans.

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E s t u d i a n d o  E l  P i a n o

 

De los años cuando estudié las Licenciaturas en Composición Musical y en Piano en la Escuela Nacional de Música de la UNAM tengo muchos recuerdos, en especial con respecto al piano. Admiraba a mi maestro que finalmente fué quien me educó en el instrumento. Adquirí su técnica, su visión interpretativa y además compartíamos el mismo sentido artístico como también la sensibilidad pianística y musical.

En una de las clases a las que asistí, estábamos trabajando una obra algo compleja de J. S. Bach: ¡Corres mucho! me decía, ¡controla el tempo!; claro, me faltaba técnica para dominar la obra o por lo menos era lo que yo pensaba.

Estudiaba muchas horas al día y cada vez dominaba más la pieza musical. Sin embargo seguía perdiendo el tempo, seguía corriendo al realizar la ejecución: ¡Sigues corriendo mucho!, me seguía diciendo, ¡controla el tempo!.

En muchas obras musicales para piano, los temas y/o melodías principales se ejecutan con la mano derecha mientras que la mano izquierda va marcando el bajo y la secuencia armónica. No siempre es así, pero cuando las obras tienen éstas características, hay más notas que tocar en la mano derecha y menos en la izquierda. Yo me obsesionaba en controlar las notas de la mano derecha porque al acelerar el tempo éstas se encimaban unas con las otras, provocando éste efecto de aceleración.

Un día manejando hacia la escuela, como dicen por ahí, !me cayó el veinte!. El problema no estaba en la mano derecha; aunque aparentemente se reflejaba ahí, el problema estaba en la mano izquierda; primeramente porque era la que en la combinación del bajo y la secuencia armónica marcaba el tempo de la pieza musical, y segundo porque al tener menos notas que la mano derecha, tenía más margen de maniobra (de forma inconciente), de acelerar el tempo.

Cuando llegué al piano y lo comprobé, me cambió por completo el universo. En ese momento por supuesto con respecto a la ejecución pianística, aplicable en general a todas las demás obras que estaba estudiando. Pero posteriormente observé éste tejido, ésta conducta, y me pude explicar  muchas cosas que suceden en la vida, de la misma manera. “Las respuestas no siempre están en donde están las preguntas”; “Los problemas los hacen evidentes algunos pero los generan otros”.

No hay que irse con las apariencias, generalmente traen mucho camuflaje. Siempre hay que buscar las causas ocultas y paralelas, porque en casi todos los casos, al desenmascararlas, traen consigo la verdad, y con ella la resolución al problema...

Darián Stavans.

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A d u a n a  y  M i g r a c i ó n

 

Tiendo a ser muy minimalista en todas las cosas que hago. Tengo poca ropa, de pocos colores, todos los días depuro mi cartera eliminando papeles de compras cotidianas. La decoración de mis cuartos de trabajo también son minimalistas, el escritorio de la computadora no tiene un ícono de más que no considere necesario. De la misma forma escribo mis composiciones musicales; me gusta crear atmósferas en base a pocas notas, que floten en el aire sugierendo al escucha estímulos sonoros y sensaciones auditivas. Siempre se distingue una preferencia minimalista.

Mi esposa es todo lo contrario. Todo lo guarda, revistas, papeles, anotaciones en notitas del supermercado, el escritorio de su computadora no podría tener más archivos regados porque ya no caben. Tiene mucha ropa, de muchos colores, gente que la rodea todo el tiempo, hace o le hacen llamadas telefónicas cada minuto. Su amor por los animales produce que tenga muchos, no sé, como cuatro o cinco mascotas, y si yo se lo permitiera, tendría más. Cada día su cartera se engorda de manera desproporcionada por todos los papeles que guarda de las compras y pagos cotidianos, y cuando finalmente los saca de ahí, los coloca en un cajón del buró de la recamara que se encuentra encima de la pila de revistas.

Hace algunos años hicimos un viaje en coche a Estados Unidos. Nuestro destino final era la ciudad de Houston Texas manejando desde la Ciudad de México. Por supuesto yo llevaba todos los papeles en orden para el paso de la aduana y migración, los pasaportes perfectos de ambos, las visas láser de los dos sin un solo rayón, todo guardado en una cartera de viaje especialmente diseñada para éste tipo de documentos, acorde a las instrucciones de la embajada y al estilo minimalista de mi gusto personal.

Al llegar a migración nos atendió un mujer hispano americana muy malhumorada a la cual le enseñé de inmediato los documentos: ¡Con éstos papeles no pueden pasar, no es suficiente!, exclamaba a gritos, ¡necesito un “Bill”!, que significa un pago de servicios de mi casa de México que compruebe que vivimos ahí, y que refleje (según ella) que no tenemos la intención de quedarnos en Estados Unidos: ¡Oiga, traigo todo en orden, tal cual lo pide la embajada y más limpio y transparente no puede estar!, yo le gritaba y gritaba: ¡Pues regrese a su hotel, llame a México y solicite que le manden por fax una copia del famoso “Bill” porque sin éste no los dejo pasar.

Mi furia era exacerbada. Los siguientes minutos se caracterizaron por discusiones entre ella y yo que iban y venían pero no llegabamos a ningún lado, y mientras tanto, discretamente, mi esposa sacó de su cartera el recibo telefónico cuyo pago había hecho el día anterior y que nunca sacó de su bolsa. ¿Le sirve esto?, le dijo mi esposa en tono amable, característico de su gran capacidad diplomática. La mujer de inmediato lo vio y no tardó ni dos minutos en dejarnos pasar: ¡Jamás me podrás volver a criticar!, me dijo mi esposa segundos después al estar ya en territorio americano;. Pues sí, me desarmó.

“El caos para uno es el orden para el otro”; los estilos cambian de persona en persona y se deben respetar. El mundo por si mismo tiene su auto apreciación; sin embargo cada uno de nosotros lo captamos de forma distinta y funcionamos dentro de él en base a nuestra propia logística. Fue una gran lección para mí, pero más puntual y aleccionadora lo fué (cabe la redundancia) cuando ya manejando en las autopistas norteamericanas, devolví el recibo telefónico a mi esposa y le dije... ¡Tu guárdalo...!

Darián Stavans.

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E l  M a n d a r i n o

 

El padre de una amiga mía estaba condenado a morir hace tres años. Este hombre de buen vestir, excelente educación y arquitecto de profesión, era francamente amable, trabajador, buen padre y buen esposo. Años antes de ser diagnosticado por la severa enfermedad que lo llevó a su muerte, adquirió un perro para regalárselo a su hija y éste los acompañaba a todos lados. Como buen perro y ellos como buenos amos, el perro se volvió un integrante más de la familia.

En los tiempos cuando éste hombre fue diagnosticado con su grave enfermedad, le daban poco tiempo de vida, unas semanas, unos meses quizá pero no más. Entonces el hombre en sus ratos de  soledad y de silencio, pasaba largas horas sentado en su jardín, y junto a él se tendía el perro quien siempre quieto, casi estoico, le acompañaba.

En ese rincón del jardín, existe un mandarino y da frutos preciosos y jugosos; unas mandarinas exquisitas que éste hombre comía y compartía con el perro. Para esos días ya no era el perro, sino era “su” perro.

Paralelamente a todo ésto, el hombre recibía sus tratamientos médicos, pero sus pronósticos de vida eran malos. Así que decidió estar con mayor frecuencia en aquel sagrado rincón del jardín, para comer y compartir con su perro mandarinas de aquel mandarino.

Así vivió tres años el hombre en contra de todos los pronósticos. ¿Cómo puede ser?, nunca hay una respuesta precisa para ello; pero cada mañana después de recibir sus medicamentos, compartía esa sabiduría oculta en su mirada que solamente su perro entendía, y después se refrescaban ambos con esos frutos sagrados.

Llegó un día en el que el hombre empeoró; le era ya imposible levantarse de la cama e ir al jardín. Al principio el perro no comprendía lo que ocurría, y corría de inmediato hacia el jardín para esperarlo en el citado rincón. Hasta que uno de esos días comprendió que la incapacidad física de su amo, le impediría salir mas al aire libre. El perro tomó entonces una mandarina que había dejado caer el árbol, y la llevó a la recamara de su dueño. Este hombre tan fino y elegante, aún a pesar de su debilidad, compartió cuan amable y generoso gesto de bondad y lealtad de su perro. A los pocos días el hombre murió.

El perro sufrió, de verdad sufió…; clínicamente fue tratado por un veterinario especializado en depresiones caninas y a base de tratamientos médicos el perro poco a poco está saliendo adelante.

"Los animales tienen alma, y muy grande… no cabe duda". Sus almas llegan a ser tan sensibles, instintivas y perceptivas que en algunos aspectos nos rebasan; crean vínculos afectivos entre sí y con nosotros. Son lazos tan fuertes e incondicionales, que todavía al día de hoy, el perro recoge mandarinas caídas del mandarino, y las lleva a la recamara...

Darián Stavans.

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$ 1 0 . 0 0  P e s o s

 

Dentro de mi iniciativa de crear mi propia empresa discográfica y lanzarme a la aventura de la distribución y comercialización directa, conocí a un amigo. Este hombre es dueño de una librería en el sur de la Ciudad de México, y desde hace años vende libros de todo tipo, discos, videos y también sirve café. Nos hicimos buenos amigos y solíamos platicar largo y tendido. Mucho le aprendí acerca del “marketing”, ya que es un experto en la materia, especialmente a lo que se refiere a la comercialización de productos de bajo precio o también llamados “productos de low budget” o “saldos”.

Un día me dijo: “Si ofreces en la librería cualquier producto, un libro, un disco o cualquier otro objeto a $10 pesos, lo vas a vender, la gente lo va a comprar y rápido”; yo le pregunté si importaba el autor del libro, o el compositor o intérprete del disco, etc…, a lo que él me contestó: “No importa, ni para uno como comerciante ni para el cliente, solamente ofrécelo a $10 pesos y verás la velocidad de la venta”.

Un día hice la prueba con unos cien libros que me dieron por ahí. Se los llevé, los colocó en una mesa especial con un anuncio que decía “Oferta Especial de Libros a $10 Pesos”. En tres días no había ninguno: “Ves, te lo dije”, me dijo; salí de ahí espantado, no esperanzado, espantado.

Con éste ejemplo confirmo la teoría de Erich Fromm en su obra “El Corazón del Hombre”, donde plantea como el hombre actual se caracteriza por su pasividad y se identifica con los valores de mercado, porque el hombre se ha transformado a sí mismo en un bien de consumo, y a su vez se ha convertido en un consumidor eterno, y el mundo para él no es más que un objeto para calmar su apetito.

Mi amigo como buen hombre de negocios conoce perfectamente ésta teoría; como comentario final me dijo: “Lo que importa es mandar a hacer unas bolsas de plástico bonitas con el nombre de la librería. Por $10 pesos el cliente siente que se lleva algo a su casa, no importa qué…, lo más seguro es que ni lo lea y/o ni lo escuche, sino solamente sentir la satisfacción de salir de la tienda con algo en las manos y por $10 pesos, le salió barato”…; Qué inteligente es Erich Fromm eso ya lo sabemos pero...; Qué inteligente es mi amigo pero…; Cuanta pena es todo ésto...

Darián Stavans.

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P a l a b r a s  d e  S i g m u n d  F r e u d

 

Hace algunos días, una amable mujer (joven supongo porque toda la comunicación fue vía internet), me escribió un poema por correo electrónico, inspirado en algunos temas musicales de mi colección discográfica. Después de recibir el correo electrónico, quedé sorprendido de su talento y sensibilidad para expresarse con palabras, una inventiva infinita, inspirada, y sobre todo (cabe la redundancia) poética.

Inmediatamente me dí a la tarea de contestarle en agradecimiento por tan fino detalle. Cuando regresé a la bandeja de correos electrónicos, me encontré con una respuesta de su parte, insistiendo que la agradecida era ella, porque a través de mis composiciones toqué fibras sensibles de su ser; me decía que su alma la sentía elevada, y que cada sonido y frase musical que escuchaba, eran caricias en cada una de sus manos, en sus brazos, que la hacían sentir bien, que elevaban su espíritu y su vida emocional.

Recordé entonces una frase del Dr. Sigmund Freud: “La ciencia no ha descubierto aún una medicina que sea capaz de curar como lo hacen unas palabras bondadosas”. He aquí el reflejo de éste pensamiento del Dr. Freud. Sin duda, uno de los médicos más influyentes de la historia moderna, además de ser el padre del psicoanálisis, fué un admirador del arte en todas sus formas de expresión. En éste caso las bondades del arte musical, alcanzaron paisajes vivenciales de ésta mujer, que posteriormente transformó en hermosas palabras y finas poesías.

Después de leer varias veces el poema y de conocer las palabras del Dr. Freud, llego a la conclusión que el arte y el psicoanálisis van caminando por la vida juntos y de la mano. Ambos son producto de un intenso mundo interior, creativo y sensible, donde aparentemente la técnica adquirida y el conocimiento aplicado podrían tener el papel protagónico, sin embargo y sin duda alguna, primero se encuentra la creatividad y la imaginación...

Darián Stavans.

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E l  C h a r c o  c o n  L o d o

 

Una mujer amiga mía, me platicó alguna vez acerca de una fuerte decepción amorosa que tuvo. Es una mujer sensible y a la vez intensa. Narraba el fuerte dolor que le causaba que su novio tuvo que dejar el país, porque vivía todavía con sus padres y ellos migraron. En ese entonces ella era joven también y dependía también de sus padres. Su edad no le permitía mucho de razones sino de impulsos, y lloraba tristemente porque amaba profundamente a su prometido, y sentía que nunca iba a encontrar la salida para tan fuerte dolor.

En aquel entonces, un día de tantos la llevé de paseo al campo. Estábamos sentados en un entorno de paz rodeados de árboles y flores...; entonces le dije: “Imagina un charco lleno con lodo en el cual dejas caer una llave; si lo mueves y mueves, remueves tanto el lodo que no se ve la llave; si lo dejas reposar, el lodo va a asentarse y solita la llave aparecerá...”.

Varios años después me sigue recordando dicha frase, y desde mi perspectiva, fue aquella frase el parte aguas entre sus impulsos y su razón. “Let it be... there will be an answer… Let it be”, dicen Los Beatles en su célebre canción, que es algo así como dejar reposar el charco con lodo para que aparezca la llave, y después al tomarla…, siempre habrá una salida, y una entrada a un estado de vida mejor...

Darián Stavans.

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L a  P a c i e n c i a  d e  E i n s t e i n

 

En ocasiones me remito a las frases célebres del profesor Albert Einstein ya que siento poseen un fuerte sentido de síntesis, además de su estupenda manufactura de inteligencia superior. Una de sus frases que me gusta es: “Las cosas solamente se logran con voluntad, paciencia y perseverancia”. Las tres condiciones de las que habla son imprescindibles para lograr el objetivo que plantea, y la fuerza de voluntad así como el trabajo o perseverancia a la que hace alusión, son igualmente importantes que la paciencia.

Sin embargo en ésta ocasión quiero hablar acerca de la paciencia. Parecería que de los tres elementos es el más sencillo de comprender; no es así. Desde muy temprana edad, estamos educados dentro de un condicionamiento casi a la “Pavlov”, a realizar tareas para recibir gratificaciones o regaños de manera inmediata. Después de practicar ésta dinámica durante toda la infancia, la adolescencia trae consigo los impulsos hormonales que involuntariamente nos piden prontas respuestas. La primera edad adulta trae la pasión y/de la creatividad, pero nos hace falta la técnica. La madurez posee la técnica y la experiencia, pero disminuye la inspiración; y así la impaciencia vuelve a mostrar su rostro más complejo.

La tecnología moderna en la que vivimos inmersos en el mundo occidental precipita aún más el concepto de "paciencia", ya que su tendencia es crear modelos que vayan cada vez más rápido; !Qué desesperación es no recibir un correo electrónico o una llamada a celular cada minuto, o por lo menos en el minuto en el que lo deseábamos!...

Tal vez en la vejez, mirando hacia atrás, habremos entendido si supimos tejer y coordinar la paciencia con la voluntad y la perseverancia. Valoraremos si pudimos transformar las cosas más deseadas.

De lo contrario nuestra vida habrá sido entonces, el resultado de su propia ecuación...

Darián Stavans.

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E l  É x i t o  y  l a  F a m a

 

 

Hace algunos días, vino a visitarme un amigo pintor. Especialmente venía angustiado, cargaba mucha ansiedad. Me platicaba su desdicha porque a alguien a quien consideraba un artista sin el menor talento para las artes plásticas, le habían otorgado por segunda vez una beca de apoyo que para él, era inmerecida: Claro!, me decía, es por su capacidad de hacer política por la cual se las han dado,  no por su talento, y yo que tanto trabajo y tengo talento, me la merezco y no me la dan; el mundo no sirve para nada!, decía enojado, y continuaba diciéndo, !Este hombre es muy mal pintor y es famoso, pero no es exitoso; exitoso sería yo si me dieran el apoyo económico que necesito, pero como no me lo dan, vivo en la desgracia!.

Discutió un rato más acerca de las diferencias tan marcadas entre ser famoso y exitoso, y entre más las explicaba, más enojado se ponía: !La fama la compra cualquiera, pero el éxito es de nosotros los talentosos…, aunque nadie sepa de mí!, dijo finalmente muy enfadado.

Lo observé un buen rato, y traté de hacerle entender que necesitaba replantear su enfoque, ya que aunque su planteamiento era diáfano y tenía cierta exactitud, lo hacía angustiarse más. “La fama es la evidencia del éxito, y los alcances del éxito se basan en las necesidades de cada uno de nosotros”. Existe una enorme gama de grises entre los extremos que él plantea, en donde se alojan las evidencias de nuestras necesidades, es decir, nuestros éxitos y la fama correspondiente a ellos. Hacia el final del encuentro le dije: ¿Porqué no abres el abanico de opciones y te asomas a esa inmensa gama de grises que tiene?, seguro te sentirías más cómodo si te ubicas por ahí; de hecho ahí están tus necesidades, no las de los demás, las tuyas, por lo menos las de hoy. Es probable que mañana sean otras, y ya buscarás entonces, otras tonalidades de grises...

Darián Stavans.

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