Sobre la Distancia

¿Me dejarías tocarlo?, preguntó Ximena tímida y prudente mientras Heli sentado en la mesa mecía la silla. ¡Por supuesto. Tómalo de la mano, de paso dejará de jugar con el salero!, le respondió Juliana sonriente y animada. Habían quedado de verse hacía unos días y cómo era de esperarse a Ximena le comían las ansias. Se le hicieron eternas las horas previas al encuentro, recorriendo con añoranza los momentos en que lo concibió. Heli de nueve años acentuaba los treintas de ambas quienes coincidían en edades. ¡Tiene tus ojos!, exaltada exclamó Juliana al observar a Ximena quien al tomar de la mano a Heli sudó de manera inusual urdiendo al contacto su pena nostálgica. Un nubarrón cegó su trazo al apretarle la mano. Los ojos de ambas se expresaban, los de Juliana con alegría, los de Ximena con tristeza. 

¿Quien eres?, preguntó Heli ingenuo mirando disperso a Ximena al destrabar la mano sudorosa de la chica que se le imponía. Ximena estudiaba diseño en los tiempos cuando procreó al niño donde de diversión en diversión resultan los desenlaces. La infranqueable sentencia del entorno la obligó a entregar al pequeño sin decidir. Impávida ante la precipitación quedó amarrada bajo un semblante gélido que la orilló a deambular por veredas vulnerables. ¡Los gestos son tuyos!, le dijo a Juliana al escuchar la voz de Heli. ¡Tiene de las dos!, respondió Juliana trasluciendo madurez en el tono. Ximena asombrada ante el temple de Juliana agradeció a Dios el haberle dado una madre a su hijo. Cuando sellaron el trato en aquellos tiempos los protocolos velaban incógnita a Juliana, más una intuición sentida brindó a Ximena en esos días de oscuridad fortaleza e ilusión de ver al niño algún día. 

Juliana se había quedado al frente de la custodia tres años atrás cuando su marido la dejó mas él le mandaba puntual la iguala mensual. Juliana no lo mal juzgó ya que ella promovió el encuentro con Ximena trayendo obvio caos a la convivencia. Quería conocer el origen. Ha educado tenaz a Heli sentando un criterio filoso, cuidando el nexo con él al definir distantes cercanías. ¡Aprende a moverte en tus virtudes y no dependerás de nadie!, le dijo a Heli de pronto dejando atónita a Ximena dada su elevada distinción. A Heli por ende se le veía bien armado, coraza que reflejaba la robusta postura de Juliana. El atardecer asoleado pintó un arcoíris en el cielo a través de las escasas gotas de lluvia. Juliana y Ximena transmutaron por minutos miradas silenciosas. 

Instantes después Ximena rompió en llanto. Cubrió su rostro dejando adelgazar poco a poco la gaza crítica que la envolvía. ¡Cuanto amor contuve todos estos años!, con pánico miró a Juliana quien con mirada profunda la observaba. ¡El amor es un arte Ximena. Requiere atención, disciplina, concentración y paciencia. El amor no es un sentimiento, es una práctica!, reafirmó Juliana evocando las teorías de Fromm que le cayeron como un balde de agua fría a Ximena mientras intentaba incorporarse. ¡No lo has amado, no estás comprometida!, acarició Juliana a Ximena orientándola. Cierta distancia las mantenía unidas mientras cada una definía sus avatares. Heli tomó el salero haciendo una pirámide de arena en la mesa. El silencio de nuevo permeó el encuentro. 

La visita terminó un rato después. Así como llegaron así se fueron. Cada una encarnó la ecuación algebraica que algún día pactaron. El vaivén de la silla de Heli marcaba la contundencia al fluir la hemodinamia a través del torrente venoso de los tres. Heli tomó la mano de Juliana que contraria a la de Ximena transmitía la sequedad rasposa que asentaba la resignación de la falta de gestación. Ximena se perdió en el horizonte mientras Heli percibía el semblante que cada una de ellas proyectaba. ¿Quien era esa señora mami?, le preguntó flagrante a Juliana. ¡Una amiga hijo!, Juliana introspectiva le respondió fraguando una tregua entre sus pensamientos. 

Darián Stavans

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